Sesenta años después del accidente nuclear de Palomares, ocurrido el 17 de enero de 1966, la situación radiológica en esta pedanía de Cuevas del Almanzora (Almería) continúa sin resolverse. La colisión en el aire de dos aviones de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos … provocó la caída de cuatro bombas termonucleares y la dispersión de material radiactivo sobre el terreno. Se trata del mayor accidente nuclear de la Guerra Fría que puso a España en la diana mundial de la contaminación radioactiva.
Desde Ecologistas en Acción, su coordinador en Almería, José Ignacio Domínguez, sostiene que «la situación radioactiva de Palomares es insostenible». Con motivo de este aniversario organizarán una jornada para explicar la situación actual. El colectivo alerta de que el problema no solo persiste, sino que evoluciona con el paso de los años debido a la transformación del plutonio en americio. «El plutonio emite radiaciones alfa que no penetran en el cuerpo, pero el americio sí», explica Domínguez, quien añade que «la máxima transformación se va a alcanzar a partir del año 2030».
Según esta organización, la falta de una limpieza integral puede tener consecuencias directas para la población. «Si no se limpia esta radioactividad, Palomares será inhabitable, porque cualquier persona que pase cerca de la zona vallada que está en el centro del pueblo va a recibir radiación de rayos gamma», afirma el coordinador de Ecologistas en Acción en Almería.
Límites legales
Actualmente, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y el Ministerio para la Transición Ecológica consideran Palomares como una «situación perdurable» y no como un accidente nuclear. Domínguez cuestiona esta calificación y señala que «no se ha resuelto el accidente, no se ha limpiado la radioactividad, por lo que se trata de un accidente inacabado».
El reglamento de protección sanitaria contra radiaciones ionizantes permite una exposición de hasta 20 milisievert al año para la población que vive o visita la zona. Ecologistas en Acción considera que este umbral es excesivo. «Una radiografía de tórax supone 0,1 milisievert. Con ese límite, los habitantes de Palomares pueden recibir el equivalente a 200 radiografías de tórax al año», explica Domínguez. A su juicio, «cuando se dice que no se superan los límites y que no hay problema, lo que ocurre es que los límites son intolerables».
Los informes oficiales del Plan de Vigilancia Radiológica Ambiental y de la población (PVRA) reflejan que en 2021 se realizaron cerca de 400 análisis a muestras de aire, alimentos, flora, fauna, agua y sedimentos. En 112 de ellas se detectaron concentraciones de americio y plutonio, aunque siempre por debajo de los niveles de referencia establecidos. El Ciemat concluye que la evolución de la contaminación entre 2010 y 2021 se ha mantenido estable. En 2022 se tomaron 258 muestras adicionales, la mayoría de aire, con resultados similares.
Vía judicial y propuestas
Ecologistas en Acción mantiene abierta la vía judicial para exigir la descontaminación. La organización presentó una demanda ante la Audiencia Nacional para que el Ministerio para la Transición Ecológica ordene la limpieza y retirada de unos 6.000 metros cúbicos de tierra contaminada. En 2025, el colectivo recurrió la inadmisión de varias pruebas que considera clave, entre ellas la aportación íntegra del Plan de Rehabilitación de Palomares aprobado por el CSN en 2010 y su desarrollo posterior.
La Abogacía del Estado se ha opuesto a la demanda y sostiene que «no existe riesgo radiológico significativo ni para las personas ni para el medio ambiente». También rechaza que pueda hablarse de accidente nuclear, al no haberse producido en una instalación nuclear, y defiende que la actuación del Ministerio se ajusta a la normativa vigente.
Desde Ecologistas en Acción se discrepa de esta postura. Domínguez recuerda que tras el accidente «las autoridades españolas de la época se pusieron de acuerdo con el Departamento de Energía de Estados Unidos para no limpiar la radioactividad», y que solo se retiró una pequeña parte de los cerca de nueve kilos de plutonio liberados. Según el colectivo, desde entonces se ha mantenido una estrategia para posponer la solución definitiva.
Se cumplen ya once años del protocolo de intenciones firmado en 2015 por el entonces ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, y el exsecretario de Estado de EEUU, John Kerry para acometer la limpieza. El asunto también fue abordado en 2023 tras un encuentro en la Casa Blanca entre el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, y su homólogo norteamericano, Joe Biden.
«Que se olviden de EEUU, ahora con Trump es completamente imposible que se lleven los residuos»
José Ignacio Domínguez
Ecologistas en Acción Almería
En cuanto al destino de los residuos, el colectivo ecologista descarta su traslado a Estados Unidos. «Esa es la disculpa que ponen para no limpiar, que se olviden, y ahora con Trump es completamente imposible que se los lleven», afirma Domínguez. Como alternativas, plantea la creación de un almacén temporal individualizado en Palomares o el envío de los residuos al centro de El Cabril, en Hornachuelos (Córdoba), mediante una modificación normativa que permita su almacenamiento.
Mientras tanto, el núcleo de Palomares sigue a la espera. La pedanía, marcada durante décadas por el estigma del accidente nuclear, ha tratado de normalizar su situación con una actividad agrícola certificada que exporta a distintos países europeos. Desde la dictadura de Franco hasta los sucesivos gobiernos democráticos, ninguno ha logrado cerrar definitivamente la limpieza de los terrenos contaminados.