Se acaban de cumplir diez años de la muerte de un genio de la música: el rockero pop David Bowie, que se pasó media vida creando nuevos caminos de la música y había revolucionado con ella a la juventud. Nadie puede negarle la originalidad de sus canciones. Con motivo de ese luctuoso aniversario, el 1 de enero apareció en el Reino Unido el libro «Lazarus: The Second Coming of David Bowie», de Alexander Larmen, que se ocupa de los últimos meses de vida del ídolo británico. Asimismo se ha estrenado el documental «David Bowie: The Final Act».

David Bowie luchó contra el cáncer desde que se lo diagnosticaron, hasta que murió el 10 de enero de 2016, dos días después de cumplir 69 años y de que apareciera en el mercado musical el que era su vigésimo quinto álbum de estudio, «Blackstar».

David venía sometiéndose a duras sesiones de quimioterapia y a cuidados paliativos. En el mencionado disco se encontraba un tema, «Look up here, I’m in heaven», donde daba a entender su dramático final. Traducido, podía escucharse esto: «Mira aquí arriba / estoy en el cielo». También en esos meses, cuando le quedaba poco para irse de este mundo, tuvo tiempo, a la desesperada desde luego, de dar fin al musical «Lazarus».

David Bowie se enteró por los médicos que lo trataban de que su muerte pendía de un hilo: su enfermedad no tenía ya tratamiento.

Luchó hasta su testamento musical

El cáncer de hígado que padecía David Bowie le fue diagnosticado en el verano de 2014. Pensaría, quizás, que podía superarlo. Pero hasta noviembre de 2015 no se percató de que su salud era precaria. Tanto como que el tumor era inoperable.

En ese ya mencionado álbum, también deslizó en la letra de una de las canciones, esto que sigue, tal vez dedicado a su mujer: «No pienses ni por un segundo que te olvido». David Bowie rodeaba de misterio muchos pasos que daba en todos sus proyectos musicales. Estaba obsesionado con dar a luz el álbum que preparaba y paralelamente un musical. Había días que le era imposible ir a grabar. Pero se resistía a comunicar a sus músicos lo que le pasaba. David Bowie era muy reservado. Sólo al director de un videoclip que estaban preparando con la canción estrella de «Blackstar» le confesó que estaba muy enfermo y que probablemente iba a morir pronto. Todavía tuvo tiempo de acabar el álbum, también el vídeo y el musical «Lazarus».

Un superdotado

Ahondar en la idiosincrasia de David Bowie significa encontrarse con un muro que él mismo se había encargado de situar ante quienes querían desentrañar sus actos, sus creaciones sobre todo. Nacido en Londres el 8 de enero de 1947, hijo de un directivo publicitario y una acomodadora de un cine, desarrolló a edad temprana un carácter vivaz, rebelde incluso que en su colegio llamó la atención de sus profesores, distinguiéndolo como un chico superdotado.

Allí, en esa época escolar, tuvo un incidente con un condiscípulo llamado George Underwood, en el año 1962, quien le propinó un puñetazo en el ojo izquierdo, que le produjo una considerable herida producida por un anillo metálico que el agresor llevaba en una de sus manos. David, a consecuencia de aquel golpe, comenzó a padecer lo que en medicina se conoce como anisocoría: asimetría en el tamaño de las pupilas. La pupila de su ojo izquierdo estaba permanentemente dilatada. Toda su vida hubo de luchar con esa molesta circunstancia. Se portó noblemente con aquel compañero culpable de su padecimiento, al que perdonó.

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David Bowie estudió arte, música, diseño, prestando atención a un hermanastro, Terry Burns, que era esquizofrénico, quien lo instruyó en el jazz. Toda vez que fue penetrando en ese género, David se mostró dispuesto a llevar sus composiciones por ese lado. No sería el único, desde luego. Le preocupaba que en su familia hubiera algunos miembros con problemas mentales, llegando a obsesionarse por si él padecía alteraciones de esas características. Tanto es así que en una de sus letras, siempre complicadas, se decía: «Mi hermano yace sobre las rocas / podría estar muerto, podría no estarlo / podrías ser tú».

Llegó a atravesar un tiempo de depresiones durante el rodaje de una de sus películas, El hombre que cayó a la tierra, de 1976, época en la que se convirtió en adicto a la cocaína.

Diversidad de géneros

Se han escrito infinidad de artículos, ensayos, biografías de David Bowie, al punto de que es imposible en un espacio insuficiente abarcar su vida y su ingente obra musical.

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Su nombre verdadero era el de David Robert Jones, que vivió en el seno de una familia pequeñoburguesa en el barrio obrero londinense de Brixton. Es curioso que fuera su propio padre, por lo visto, quien le impuso aprender a tocar el saxo, al darse cuenta de la afición musical de su hijo. Dejó la escuela donde estudiaba y se puso a ganarse la vida como dibujante publicitario. Después de unas temporadas sus intenciones eran las de enrolarse en bandas donde experimentar con repertorio del rhythm and blues, mediados los años 60 del pasado siglo. En Londres estaba entonces en auge el movimiento mod.

En un momento dado David se dio cuenta de que existía otro cantante llamado Davy Jones, que era vocalista de los Monkees. Optó por cambiarse de nombre adoptando el apellido falso de Bowie, que significa cuchillo de caza, apellido que ya había utilizado otro Jim Bowie. Y así quedaría para siempre, aunque en alguna parte leí que ese sobrenombre provenía del término cabello rubio. Me quedo con la primera acepción. Añadimos que también en su biografía figura con el apelativo de ‘el Duque Blanco’.

David Bowie pasó por diversos movimientos musicales. Y en Londres eso sucedía a finales de los años 60 continuamente, en plena euforia, por ejemplo, de los hippies, por los que también se interesó. Siempre activo, tomó parte en la compañía de Lindsay Kemp, donde aprendió durante año y medio la técnica teatral, el arte de los mimos sobre todo. «Let’s Dance» fue siempre inamovible en su repertorio.

Atento a cualquier moda colaboró con el norteamericano Iggy Pop en algunas producciones discográficas, cantando, tocando los teclados. Relacionándose asimismo con Lou Reed y la estrella del pop, Lulú. Intercambiaba ideas con muchos de sus colegas. En 1975 firmó al alimón con John Lennon el tema «Fame». Otra etapa que le cautivó fue la del glam rock. Y así iba transcurriendo la carrera musical de este ídolo incansable en su búsqueda de nuevos sonidos y mensajes, al punto de que fuera considerado un camaleón, por los frecuentes cambios en su repertorio. Y estaba muy al tanto de cuanto se iba produciendo en el mundo artístico, las vanguardias. Homenajeaba en una canción a Bob Dylan, a Andy Warhol… No se le escapaba aquello que estaba en la onda mundial.

Ello nos lleva a considerarlo un creador de difícil clasificación, que abrió muchas puertas de la música para que otros se inspiraran. Pero él iba por delante, practicando cuantos ritmos y sonidos le llegaban a su mente febril: rock-pop experimental, música popular, folk psicodélico, soul, funky, new wave, música electrónica, hard rock, heavy metal, tecno-pop… Bowie era como una enciclopedia.

Dominaba varios instrumentos: guitarra eléctrica y acústica, las de doce cuerdas, saxofón alto, tenor, percusión, e instrumentos de cuerda como la viola y el violonchelo. Las letras de sus canciones llevaban pensamientos filosóficos, otros de raíces religiosas, en cualquier caso, nada banales por lo general.

No olvidemos en la carrera de David Bowie la puesta en escena de sus actuaciones. Sus montajes eran muy celebrados, así como el vestuario que él lucía voluptuosamente, maquillado según las últimas tendencias estéticas.

El misterio de su ambiguedad sexual

Hubo una etapa de David Bowie nada habitual en ninguno de sus colegas, llevada siempre por su fantasía y originalidad. Fue cuando se inventó otra identidad, adoptando el alter ego de Ziggy Stardust. Las portadas de sus discos, entonces, llevaban su aspecto andrógino, lo que dio lugar a que se extendiera la idea de que era homosexual. Pero él ya había tenido aventuras con bastantes mujeres. Eso supuso que él mismo declarara ser bisexual. Más tarde se arrepentiría de haberlo dicho. Lo cierto es que en torno al cantante nació el misterio de una supuesta ambigüedad sexual. Él la explotó apareciendo en cierta ocasión en uno de sus espectáculos casi totalmente en pelotas. Entre los integrantes del movimiento LGBTQ+ no existió duda para declararlo uno de sus iconos. Y así David Bowie fue para muchos de sus millones de seguidores un referente como defensor de la libertad sexual.

Pasó en su existencia por momentos difíciles, atrapado por las drogas y el alcohol. A partir de 1993 dejó de beber. De lo otro, puede que también, aunque no lo aseguremos.

Resumiendo su vida artística, se asegura que vendió más de cien millones de discos. Rodó varias películas, pero como actor no estuvo nunca a la altura de su capacidad como cantante y compositor. De ellas, «Just a Gigoló» fue la más conocida, y algo menos, «Christiane F» y «Merry Christmas Mr. Lawrence». A propósito: grabó ese villancico universal, «Merry Christmas», a dúo con Bing Crosby, con unos modernos arreglos. En televisión apareció en algunas series, caso de «Bob Esponja».

Sus mujeres

El caso, como ya apuntamos, es que David Bowie tuvo una corte de mujeres desde que empezó a destacar en la música. Era guapo, no cabe duda. Y su fama atraía a féminas de todo tipo y condición. Se casó dos veces: la primera con Mary Ángeles Barnett en 1970. Duraron diez años de unión. La segunda fue la top model somalí Imán, con quien matrimonió en 1992. Fue su musa, hasta el final. La manera en que se conocieron fue de película: una cita a ciegas en 1990, para casarse, como decimos, un par de años después. En la década de los 70 tuvo varias parejas también. Padre de dos hijos: Duncan, con su primera esposa, y Alexandra, con la segunda.

Cuando se abrió su testamento, se supo que su fortuna de doscientos millones de dólares se repartió así: la mitad para Imán, su viuda; una cuarta parte para su hijo Duncan. Otro tanto, a manos de su hija Alexandra.

Tras el fallecimiento de David Bowie en Nueva York tras año y medio de sufrimientos, fue incinerado. Esas cenizas, por expreso deseo suyo, fueron esparcidas según los rituales budistas en Bali, Indonesia. El artista recordaba unas vacaciones allí en las que disfrutó tanto que en una canción expresó cómo había sido ese viaje: «Tumble and Twirl». Y de allí le vino la idea de que su final acabara con ese último viaje de sus restos.