«Iba para París y me ganó totalmente aquel paisaje y ahí me quedé. Hasta perdí el billete que tenía para seguir a París. Fuenterrabía … me enseñó a mirar mostrándome los característicos días de Vasconia. Esos días de sol entordado que tamizan la luz inundando el paisaje de tanta poesía».
Así explicó Daniel Vázquez Díaz (Nerva, 1882 – Madrid, 1969) su llegada a Hondarribia, en 1906. «Y no se quedó tres días, no, se quedó cinco meses». Esto en cambió lo apuntó Juan Carlos León, periodista y bibliógrafo onubense, que en el Parador ofreció una charla sobre Vázquez Díaz, considerado como uno de los grandes pintores españoles del siglo XX, entre el realismo y el cubismo. De la colección de León salió el material con el que se ha montado una exposición en Arma Plaza, visitable hasta el domingo 25 de enero, ese día y hoy de 10.00 a 14.00 y el resto, de 10.00 a 18.00.
León, autor del documental ‘Daniel Vázquez Díaz, trazos de un navegante de la modernidad’, desgranó parte de la trayectoria de Vázquez Díaz, haciendo hincapié en su relación con Hondarribia. «Se enamoró de esta preciosa villa y cuando yo he paseado por ella puedo entender el por qué. Llegó de un lugar que estaba a mil kilómetros y quiso conocer lo que le habían contado los hermanos Baroja, a los que había conocido en Madrid». Fue nombrado hijo predilecto de la ciudad en 1950 y la alameda lleva su nombre.
Fascinado por el mar
En mayo de 1906, Vázquez Díaz «se bajó del tren y se acercó a la desembocadura del Bidasoa. Ya en ese momento se quedó fascinado por un mar que, aunque él era de Huelva, no había conocido. Le llamó mucho la atención el azul del mar y el verde del paisaje».
El protagonista del último capítulo de ‘Conoce tu ciudad’ «vivía en una zona sin demasiados colores, aunque cerca tenía algunos verdes. Pero verdes distintos a los que conoció aquí».
El paisaje de su Nerva natal, antes llamada Aldea de Río Tinto, era «poco adecuado para un pintor. Él mismo decía: ‘En mi pueblo, seco y duro, no había ni una sola brizna de hierba, ni un charco de agua, casi, pero abundaba en minerales, piedras de todo color, ese color que algunos han dicho que es sordo’. Estos son los colores que él tuvo en su infancia y a 15 kilómetros en el pueblo de Campofrío sí que tenía verde, pero un verde muy diferente al que hay aquí».
El pintor andaluz fue nombrado hijo predilecto de Hondarribia en 1950 y la alameda lleva su nombre
Por eso, «el impacto visual que tuvo aquí fue brutal. Con el paisaje, las montañas, los caseríos, el río… Todo eso le entusiasmó. Y también la gente vasca, por sus formas y sus costumbres. Hay cuadros con la gente bailando, días de campo… Fue un pintor reconocido en el País Vasco, donde expuso de manera regular y lo trataron muy bien».
Su padre se negaba
De la interesante charla de Juan Carlos León rescatamos dos pasajes. Por un lado, que «su padre no quería que fuera pintor, se negaba. Su madre era muy sensible y fue la que animó al niño. Una vez que el padre, comerciante de tejidos, fue a Sevilla, Vázquez Díaz pintó un retrato de la madre. Al regresar el padre, vio el retrato, cambió de opinión y le prometió al niño que le regalaría una caja de colores».
Aún y todo, «le obligó a estudiar perito mercantil y él decía que los años de bachillerato y universidad en Sevilla fueron los más estériles de su vida».
Y ahí aparece el otro aspecto destacable. «Tenía mucho don de gentes. En Sevilla conoció a Ignacio Zuloaga, que le dijo que ‘usted empieza a pintar como los franceses’, y él no sabía ni dónde estaba Francia. Y conoció a Juan Ramón Jiménez, con quien tuvo una gran amistad. Les separaban sólo 22 días y fue un amigo que le duró toda la vida. Incluso lleva su ataúd cuando murió en 1956».
Picasso, Modigliani, Matisse…
El mencionado don de gentes le hizo conocer en París a artistas de la talla de Picasso, Modigliani, Juan Gris, Matisse, Rodin… «Incluso Renoir cuando era anciano. Y los dos meses de llegar murió Cézanne, el pintor que más le influenció».
Sevilla, hasta 1903, y Madrid, hasta 1906, fueron las estaciones en las que estuvo Vázquez Díaz, quien después emprendió el ya famoso viaje a París, con parada en Hondarribia. Se instaló en la capital francesa y estableció Hondarribia como la base de su sitio de veraneo. «Venía casi todos los años. Por una vez que iba a Nerva, venía veinte a Hondarribia. Decía que la llevaba siempre en su corazón y yo añado y en su cabeza la txapela». De hecho, «hay quien dice que se convirtió en un pintor vasco mucho más que andaluz. Y otros le llaman el Cézanne español».