¿El aleteo de una mariposa en un lugar del mundo puede generar un huracán en el otro extremo del globo? El efecto mariposa quizá no sirva para explicar del todo bien fenómenos físicos o meteorológicos, pero aplicado a un mundo globalizado… no va tan desencaminada. Pongamos un ejemplo: la cultura japonesa se ha expandido tanto por que uno puede comer el mejor sushi en pleno centro de Palma. Tal es este crecimiento que Japón ya no es capaz de aportar toda la materia prima, y otras regiones que poco tienen que ver con el país del sol naciente acaban entrando en el dominó. Es el caso de la República Dominicana con la pesca furtiva de la anguila. Justo lo que ha retratado durante años el mallorquín Yago Soria. Y sin saberlo.
El fotógrafo mallorquín Yago Soria, en Palma. FOTO: MIQUEL À. CAÑELLAS
Y es que el fotógrafo, que ha vivido durante ocho años en el país caribeño, ha armado un buen archivo de su estancia, creada desde la complicidad de ser uno más en El Valle, la pequeña comunidad en la que ha vivido. De hecho, tal y como explica él mismo, «allí me conocían y sabían que lo mío era aparecer siempre con la cámara». De esta forma, Yago se dedicó a trabajar y ser uno más y, al mismo tiempo, retratar la vida de sus vecinos: la obsesión por las motos que tienen los dominicanos, las citas al lado del río, los paseos con machete por la jungla, etcétera. Al final, son sus propios amigos y compañeros los que le decían: «¡Mira, Yago, ven a tirarle una foto a esta vaina!».
Por ello, no es de extrañar que cuando vio a todos sus vecinos bajando a la playa en plena noche ataviados con focos enormes y pescando algo diminuto se dijera: «Voy a hacer fotos». Lo que ocurría, que lo supo después, es que se estaba pescando un tipo concreto de anguila, muy codiciado, y que solo se atrapa en momentos muy específicos del año y cuando la luna ejerce su influencia sobre las mareas. «Es como una nueva fiebre del oro», describe Yago que recopila algunas de las mejores fotografías que ha hecho en su proyecto Fukú no unagi, en el que retrata visualmente cómo la globalización y el interés mercantil por este pequeñísimo manjar debido al auge de la gastronomía japonesa, revolucionan una comunidad del noreste de República Dominicana donde no hay ni un solo restaurante nipón.
Detalle de un vecino de El Valle pescando en la noche anguilas. FOTO: YAGO SORIA
El porqué se halla, según explica el fotógrafo, en cuando un japonés llamado Tanaka llegó a El Valle años atrás y les enseñó a algunos de los curiosos vecinos a cómo pescar este animalito y su valor en el extranjero. Durante mucho tiempo solo fueron un par de familias las que se dedicaron a ello, pero las especies de anguila colapsaron en Asia y la demanda explotó. Ya lo dijo Adam Smith: la clásica ley de la oferta y la demanda. «Cambió los esquemas: familias enteras bajaban y en una noche podían ganar lo que antes costaba meses».
El choque entre lo localísimo y lo global es lo que retrata Yago de manera indirecta, y a lo que incluso alude en el nombre del proyecto, ya que Fukú es una palabra dominicana que hace referencia a una maldición que se arrastra, y, por otro lado, unagi es anguila en japonés. Dos conceptos que probablemente solo podrían haber sido unidos y vinculados en esta, nuestra época.
Detalle de una de las anguilas que pescan en Dominicana y que forma parte del proyecto de Yago Soria, que firma la foto.
Yago, que ha sido seleccionado en Descubrimientos 2026 de PhotoEspaña, donde mostrará su portfolio, está trabajando en publicar este proyecto como un fotolibro, y se halla en fase de financiación. Destaca que su mirada no es de denuncia, sino la de registrar algo que vive, algo que presencia, algo que, simplemente, le llama la atención. Es decir, «documentar», que es su forma de entender la fotografía. «No soy de ir a buscar la foto, soy más de fotografiar lo que me rodea». Es decir, a sus amigos, vecinos, conocidos, que pueden ser de aquí o, en este caso, de la República Dominicana. Y si de paso capta el aleteo de una mariposa en forma de huracán, pues bienvenido sea.