Dolly Rebecca Parton nació el 19 de enero de 1946 en una cabaña sin agua corriente y de una sola habitación en las montañas Great Smoky, en los Apalaches. Es la cuarta de doce hermanos, hija de un aparcero, Robert, y su esposa, Avie Lee, que trabajaba cuidando de la familia. Eran tan pobres que pagaron al médico que asistió su parto con un saco de harina de maíz.

La pequeña Dolly era una parlanchina soñadora y rebosante de imaginación que se comunicaba con amigos imaginarios a los que se refería como sus “ángeles” y escuchaba música en todas partes: en el sonido rítmico que hacía su madre mientras chascaba judías verdes, o el graznido de los gansos salvajes sobrevolando. A los seis, compuso su primera canción: “Espiguilla”, sobre su pequeña muñeca, que sus queridos padres habían fabricado a partir de una mazorca de maíz desechada.

Aunque en algunos momentos sus recuerdos hacen que parezca una época idílica, Parton no rehúye de la misoginia, hipocresía religiosa y la pobreza aplastante de su infancia. En una escena particularmente dolorosa, recuerda cómo varios hombres de la zona la inmovilizaron para que su madre pudiese tratarle un corte en el pie con queroseno y harina de maíz, justo antes de cosérselo con una aguja de acolchar.

Pero en lugar de abordar este incidente como un trauma sin resolver, Parton expresa gratitud hacia el hecho de que su madre y sus ancestros de las montañas sabían qué hacer para curarle el pie. Avie también supo cómo hacer sentir especial a su hija más necesitada de atención, como por ejemplo, cosiéndole con todo su cariño un colorido abrigo hecho con retales de tela.

Cuando la pequeña apareció en clase entusiasmada con su nuevo abrigo, sus compañeros le rompieron el corazón riéndose de ella. Pero se negó a quitárselo. Sabía que Dios sabía lo especiales que eran ella y su abrigo.

Según Parton, Abrigo de muchos colores sigue siendo su canción favorita de entre todas las que ha compuesto. Y además sirvió de fuente de inspiración para dos telefilmes. “También fue un gran éxito, y aquello me ayudó mucho a olvidar aquel dolor tan temprano. Es increíble lo curativo que puede resultar el dinero”, señala.

Barbie Rústica

En 1956, Parton ya solía ser una presencia habitual en el programa de la televisión regional del excéntrico empresario Cas Walker, donde cantaba. También estaba puliendo su característico look basándose en la fulana del barrio. “Me parecía hermosa. Todo el mundo la llamaba chusma, pero yo me reía y respondía ‘bueno, si ella es chusma, ¡eso es lo que yo quiero ser de mayor!», recuerda en My Life in Rhinestones.

Pero quienes juzgaron su aspecto llamativo pecaron de subestimar a esta autoproclamada “rubia tonta”.

En una ocasión, mientras esperaba en la parada del autobús a que abriese el teatro Walker, Parton agarró su guitarra y se puso a cantar. Los transeúntes empezaron a echarle monedas en la funda abierta de la guitarra. Aunque sabía que su orgulloso padre no querría verla pidiendo limosna, ella quería una hamburguesa de Jiffy Burger y no tardó en ganarse unos dinerillos extra trabajando como música ambulante antes de los espectáculos. «Llevaba una camisa vieja y andrajosa dentro de la funda de la guitarra que me ponía para causar impresión. He de admitir que podía dar tela de pena», cuenta en My Life and Other Unfinished Business.