Hay ciudades que se cruzan sin ser vistas, que se recorren con prisa como decorados indiferentes. En ‘Humanopolis’ –de humano y ciudad (‘polis’)– José Ignacio … Hernández (Donostia, 1971) devuelve a la urbe su alma. Su propia voz. «Respira, vibra y se toca. La ciudad tiene vida propia. Y nosotros también», dice el fotógrafo acerca de su nueva exposición que estará abierta hasta el 21 de febrero en La Central Art Gallery de Gros.
La muestra reúne trece imágenes en las que ciudad y cuerpo humano se funden, se abrazan y se reconocen. Algunas escenas golpean la mirada. Un hombre desnudo, curvado, se funde sobre las escaleras del Museo San Telmo. El mismo modelo se posa frente al Kursaal como parte del espacio. El cuerpo se amolda a la forma de los escalones del anfiteatro de Miramon; o contempla el Cantábrico desde las rocas; o se alza sobre la farola que ilumina el Náutico. Todo con la intención de «humanizar el espacio. He querido mostrar cómo la ciudad está hecha para el ser humano y cómo debemos sentirla, usarla y apreciarla», explica el fotógrafo.
A lo largo del recorrido, los escenarios cambian, pero la figura humana es la misma. Se amolda, agazapa y se transforma en relieve urbano. «Utilizo un hombre, aunque podría ser una mujer, para eliminar toda condición sexual, política, racial, económica… Es el ser humano tal y como es, símbolo de naturalidad», explica el artista. Cada gesto –la rodilla sobre el suelo, la palma apoyada, el brazo extendido– dialoga con la arquitectura, fundiendo «piel humana con superficie urbana. Al final ambas fluyen en una misma», añade Hernández, «porque un cuerpo no tiene sentido sin un espacio y el espacio sin cuerpo tampoco. La ciudad es producto de la necesidad social del hombre, constituyendo su medio de expresión», reivindica el artista donostiarra.
Atención al entorno
La serie es minimalista, pero potente, casi musical en su cadencia visual. «No son fotografías pretenciosas, pero creo que la fuerza del elemento humano hace que el diálogo con la arquitectura sea claro y potente», explica el fotógrafo, curtido y formado en fotoperiodismo y fotografía de arquitectura. Su experiencia y labor en la publicidad, proyectos editoriales y colaboraciones en prensa le han dado ojo para la luz, los volúmenes y las texturas que aplica en cada localización. Escaleras, paredes, puentes, farolas, etc.: «Siempre estoy mirando la arquitectura, sus contrastes, los claros y las sombras. ‘Humanopolis’ es una exageración, quizá, de ese gusto por la arquitectura urbana, pero sirve para narrar y contar un mensaje».
Imágenes de la muestra que estará en La Central de Gros hasta el 21 de febrero.
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Aunque el trabajo se desarrolló principalmente aquí, Hernández asegura que el mensaje es universal, que podría aplicarse a cualquier ciudad. «Podría transcurrir en cualquier ciudad. Ha estado en Londres, Nueva York, Roma, Rotterdam… y la gente siempre cree reconocer su ciudad. Pero la intención no es geográfica, sino más bien humana», matiza, satisfecho de exhibir por primera vez la serie en su Donostia natal.
El proyecto busca también hacer reflexionar sobre nuestra desconexión cotidiana. Y es que «pasamos por alto nuestra riqueza arquitectónica por el ritmo de vida terrible que llevamos. Creo que no somos del todo conscientes del patrimonio, de lo que nos rodea. Sé que es pretencioso, pero deberíamos prestarle más atención al entorno», manifiesta el artista. La exposición es una oda a la pausa, a saber percibir la luz que cae sobre el muro, a saber mirar la curva de un banco o la forma de una escalera. Y de convertir gestos cotidianos en poesía.
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Título:
‘Humanopolis’. -
Autor:
Jose Ignacio Hernández, fotógrafo donostiarra, ha colaborado en editoriales y agencias de publicidad. Expone esta muestra por primera vez en su ciudad natal. -
Dónde:
En La Central Art Gallery de Gros (Kale Berria, 5, Donostia). -
Fecha:
Hasta el 21 de febrero.
Las trece fotografías, seleccionadas de un total de entre casi veinte, ocupan medidas cercanas al metro por ochenta y tres, y todas están a la venta en la galería donostiarra. Hernández sigue produciendo su obra, consciente de que el cuerpo humano y la ciudad constituyen un diálogo vivo: «Quiero que nos demos cuenta de que la ciudad está hecha para su uso y disfrute. Si podemos detenernos un momento y sentirla, ya habré logrado algo».
En ‘Humanopolis’, la ciudad deja de ser un fondo pasivo y se convierte en piel, abrazo y escenario activo. Caminar por la urbe deja de ser rutina y se vuelve experiencia, gusto y sensación tangible, donde cada piedra y cada gesto cuentan, y donde arquitectura y humanidad se reconocen como partes de un mismo organismo.