Pablo B. (27 años) era ingeniero y había ingresado en el cuerpo de maquinistas de Renfe. Pertenecía a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque … anteriormente había estado destinado en el servicio regional de cercanías (Rodalies) de Cataluña. La noche del 18 de enero, iba al frente del Alvia que se estrelló sin remedio contra los vagones de un Iryo que descarrilaron a su paso por Adamuz (Córdoba). Salió despedido y murió en el acto.

Pese a su juventud, Pablo tenía «muy buena reputación» como maquinista, según cuentan varios de sus compañeros, que están profundamente afectados por la pérdida. Y también por las circunstancias. Porque a Pablo apenas le quedaban «10 minutos mal contados» para bajarse de ese tren Alvia. Los que se tardan en cubrir el trayecto entre Adamuz y la estación de Córdoba, que es donde tendría que haberse apeado.

La línea entre la capital y Huelva sólo la cubren maquinistas destinados en las residencias de Madrid y Córdoba, como era el caso de Pablo. El término residencia, en Renfe, es una especie de adscripción a una zona concreta, como las demarcaciones en Policía o Guardia Civil, pero no implican vivir allí necesariamente.

En el caso concreto de esta línea, los maquinistas cogen el tren en Madrid y hacen el recorrido hasta Córdoba, donde son relevados por un compañero que lo conduce hasta Huelva. Allí pasa la noche y al día siguiente lo sube directamente hasta Madrid. Por eso a Pablo le quedaban 10 minutos «mal contados» para bajarse. Esa noche, su viaje tendría que haber terminado en Córdoba.

Sobre su familia, se da la cruel circunstancia de que su madre, Romi, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando se produjo el accidente. Profesora jubilada, dio clases hasta este pasado julio en un colegio público de Alcorcón, donde también estudió su hijo, según El Correo.

Ambos eran muy conocidos en el barrio de Ondarreta donde residían y el Ayuntamiento madrileño ha trasladado su pésame a la familia del maquinista, al mismo tiempo que declaraba dos días de luto oficial por su muerte. «Las banderas ondearán a media asta y suspendemos la agenda pública», informó la alcaldesa del PSOE, Candelaria Testa.

Además de los trenes, la otra gran pasión de Pablo era la fotografía, una afición que practicaba desde la infancia. De hecho, compartía en las redes sociales sus instantáneas captadas con su inseparable cámara compacta.