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La artrosis y la artritis son dos de las patologías articulares más frecuentes y limitantes, especialmente a partir de la mediana edad. El psiconeuroinmunólogo Rafael Guzmán ha puesto el foco en el papel de la alimentación y ha lanzado una recomendación clara para quienes conviven con estas dolencias: “Si padeces de artrosis o artritis, no dudes en consumir con frecuencia cúrcuma”.
La advertencia del especialista se apoya en el impacto que la inflamación crónica tiene sobre las articulaciones. Según detalla el manual médico MSD, la artrosis es el trastorno articular más común y se caracteriza por dolor, rigidez y limitación funcional, especialmente tras periodos de inactividad. En el caso de la artritis reumatoide, se trata de una enfermedad autoinmunitaria en la que el sistema inmunitario daña el tejido articular, provocando inflamación persistente y, en ocasiones, afectación de otros órganos.
Ambas patologías comparten un denominador común: la inflamación sostenida y el deterioro progresivo del cartílago y las estructuras que rodean la articulación, lo que explica el interés creciente por estrategias complementarias que ayuden a modular estos procesos.
Los beneficios de la cúrcuma
Rafael Guzmán subrayó que la cúrcuma “es mucho más que una especia” y destacó el papel de su principal compuesto activo, la curcumina. Según explicó, este componente actúa a distintos niveles del organismo y participa en la regulación de procesos relacionados con la inflamación, la protección celular y el equilibrio antioxidante.
Uno de los aspectos más relevantes es la capacidad de la curcumina para influir en la expresión genética. Según afirmó, este compuesto “puede regular entre setecientos y ochocientos genes”, muchos de ellos implicados directamente en la inflamación, la proliferación celular, la apoptosis y la respuesta antioxidante. El especialista recomienda su consumo regular a personas con molestias articulares, «ya que puede contribuir a reducir la inflamación y mejorar la calidad de vida».
Más allá de su posible utilidad en el ámbito articular, Rafael Guzmán destaca que la cúrcuma presenta un abanico de efectos que van mucho más allá de las articulaciones. La curcumina actúa de forma transversal en distintos sistemas del organismo, lo que explica su interés creciente en el ámbito de la salud integrativa. Uno de los campos donde más atención está despertando es el neurológico. Según explicó Guzmán, la curcumina desempeña un papel protector a nivel cerebral, ya que apoya la memoria y la función neuronal. Este efecto se relaciona con su capacidad para modular procesos inflamatorios y oxidativos que, cuando se mantienen en el tiempo, se asocian al deterioro cognitivo.
El psiconeuroinmunólogo también señaló beneficios que se reflejan de forma externa. Según explicó, la curcumina favorece la producción de colágeno, una proteína clave para la estructura y firmeza de la piel. Este efecto contribuye a mantenerla más resistente y protegida frente al envejecimiento prematuro.