El escultor Salvador Ceballos, autor de la estatua de Severiano Ballesteros robada en Pedreña, confiesa su extrañeza por la forma en la que fue sustraída la obra … . A partir de las imágenes y descripciones del lugar, el artista explica que levantarla «a peso» habría sido muy complicado si el anclaje hubiera estado correctamente ejecutado, aunque admite que no fue él quien la colocó y desconoce cómo se resolvió finalmente esa fijación al suelo.

Según detalla, las esculturas de bronce que realiza suelen llevar un sistema de anclaje interno con tornillos roscados que parten desde la planta de los pies y ascienden por el interior hueco de la figura, en ocasiones hasta media pierna. Esos pernos, de gran grosor y longitud, se introducen después en el hormigón mediante resinas específicas —los conocidos tacos químicos— que hacen prácticamente imposible extraer la pieza sin ayuda mecánica. «Para sacarla habría que engancharla a un vehículo y tirar con fuerza, hasta romper los enganches», explica, convencido de que no es una operación sencilla ni silenciosa.


¿Quién se ha llevado la estatua de Seve?

En el caso de la estatua de Seve, los tres huecos visibles en la base coinciden con el sistema habitual de anclaje —dos en un pie y uno en el otro—, lo que refuerza la idea de que fue arrancada y arrastrada. El rastro dejado en el suelo encaja con un traslado a ras de tierra hasta un vehículo que estuviera estacionado en uno de los extremos del parque, en una zona más oscura y próxima a la carretera. «Entre tres o cuatro personas se puede cargar, pesa, pero se puede», señala. Además, cabe destacar que según las huellas que ocasionó el arrastre, la estatua no se levantó entera hasta el último momento, cuando debió ser introducida en el vehículo.

El escultor también se muestra sorprendido por el horario en el que pudo producirse el robo. A la luz del testimonio que sitúa la estatua en su lugar a la una y media del mediodía, considera llamativo que la maniobra se realizase con luz diurna y en un entorno con viviendas cercanas y un restaurante enfrente. «Es una cosa muy rara», resume, sin aventurar conclusiones.

Ceballos descarta que la obra pudiera desmontarse con facilidad. La estatua fue realizada en dos piezas: «Se suele hacer en dos piezas, de cintura para arriba y cintura para abajo por si tienes algún fallo en el proceso de fundición que sea más sencillo de rectificar, pero después va soldado con un hilo de bronce y es una sola pieza». Para su reutilización, explica, solo cabe la fundición completa del bronce en instalaciones especializadas.

En cuanto al valor económico, el escultor estima que una estatua de esas características supera los 20.000 euros como obra artística. Sin embargo, una vez desmontada y fundida, el beneficio obtenido por los autores del robo podría situarse entre los 4.000 y los 8.000 euros por el metal. «Es dinero fácil y rápido», lamenta, en referencia al precio actual del bronce y al destino habitual de este tipo de piezas robadas.

Más allá de lo material, Ceballos recuerda el origen de la obra y su carga simbólica. La estatua se realizó a partir de una maqueta que el propio Severiano Ballesteros había diseñado y patentado, una figura que reproducía la icónica celebración del hoyo 18. En el Open británico de 1984, en St. Andrews (Escocia). Esa referencia marcó tanto la postura como el rostro, correspondiente a un Seve muy joven, lo que explica que algunos no lo reconocieran a primera vista. Antes de fundirla, el escultor mostró el modelo en barro a familiares y personas cercanas al golfista, que dieron su visto bueno definitivo.