Los relatos de los pasajeros del Iryo se están convirtiendo en una pieza clave para entender qué ocurrió realmente en los segundos previos y posteriores al accidente ferroviario producido en Adamuz (Córdoba), en el que hay decenas de muertos y heridos de diversa consideración.
Sus descripciones, coincidentes entre sí, aportan una perspectiva directa desde el interior del convoy y ayudan a contextualizar por qué las cajas negras del tren descarrilado recogen que el maquinista habló con los técnicos de la estación de Atocha únicamente de “un enganchón” y no de una colisión con otro tren.
Lejos de la imagen de un impacto frontal del Alvia contra los últimos vagones del Iryo, los testigos insisten en que lo que sintieron fue un roce lateral, apenas perceptible desde los primeros vagones, pero suficiente para desequilibrar ambos trenes a gran velocidad.
Un “enganchón” y un tren bloqueado
Las grabaciones de la caja negra muestran que el maquinista del Iryo, identificado como 6189, informó en su primera llamada de un problema técnico.
El conductor se puso en contacto con el centro de mandos de la estación de Atocha diciendo que acababa de sufrir un enganchón a la altura de Adamuz. Tras una serie de preguntas de control indicó que los pantógrafos -brazo articulado que coge energía de la catenaria- ya estaban bajados y que el tren estaba apagado y bloqueado.
Después de responder al técnico de Atocha, el conductor pidió permiso para ir a reconocer el estado del convoy; pero todo esto sin ser consciente de la gravedad del accidente ni mencionar ningún otro tren.
En ese momento, el conductor no tenía elementos para interpretar que el incidente pudiera implicar a otro tren: el Alvia que circulaba en sentido contrario.
Descarrilamiento, invasión de vía e incendio
Instantes después, en una segunda llamada, el maquinista sí advierte de la gravedad:
- Informa de un descarrilamiento.
- Avisa de que el tren está invadiendo la vía contigua.
- Comunica un incendio en uno de los coches y la existencia de heridos.
- Pide detener el tráfico ferroviario y activar bomberos y sanitarios.
Aun así, en ningún momento menciona una colisión con otro tren. Las grabaciones no recogen referencia alguna al Alvia.
“No fue un choque, fue un roce”
Los testimonios de quienes viajaban en los vagones centrales del Iryo aportan una claridad que las comunicaciones técnicas no podían ofrecer.
Óscar G. V., pasajero que supuestamente iba en el vagón 5 -ha publicado en X el billete con el asiento en el que viajaba, el 11A- «a los pocos segundos de notar las sacudidas y ver cómo el vagón 6 se tambaleaba», vio pasar al Alvia a toda velocidad.
Asegura que «no fue un choque, sino un roce. A esa velocidad, los dos trenes terminaron por desequilibrarse.» Entiende, según lo vivido, que el maquinista supuestamente no sabía lo que había pasado, porque «había cinco vagones por delante hasta el conductor”.
Augusto Zunzunegui, otro pasajero que ha explicado que iba también en el Iryo, «algo detrás» de Óscar G.V., corrobora lo dicho por él. «Es imposible que el maquinista se diera cuenta, si ni nosotros fuimos conscientes. Sabíamos que estábamos descarrilando, se movía, se balanceaba y vimos pasar el otro tren. Pero cuando nos bajaron, no se veía el Alvia”.
Ambos coinciden en que el contacto se produjo en los vagones 6 o 7, lo que supone una distancia de más de 70 metros respecto a la cabina del conductor. Esa separación física explica por qué el maquinista solo percibió una vibración o un tirón, no un impacto con otro convoy.
La distancia y la dinámica del accidente, claves
Los testigos insisten en que el conductor no tenía forma de saber que el roce provenía del otro tren.
Desde los primeros vagones, tampoco los pasajeros lo supieron hasta que ya estaban fuera del convoy.
La combinación de factores -la distancia entre cabina y zona del roce, la velocidad, la falta de visibilidad y la propia inercia del descarrilamiento- explica que el maquinista describiera el incidente como un “enganchón”, y no como una colisión.
Una investigación que deberá integrar las voces de quienes estaban dentro
Las grabaciones de la caja negra son esenciales, pero los testimonios de los pasajeros aportan una dimensión imprescindible: la experiencia directa de quienes vivieron el accidente desde el interior del tren.
Sus relatos, coincidentes y detallados, subrayan que el suceso no se percibió como un choque sino como un roce lateral que desencadenó el descarrilamiento.