No estaban para jugar. Al menos, no según el parte médico. Harald Frey arrastraba una lesión que invitaba a la prudencia y Darrun Hilliard había … pasado la mañana con fiebre, más cerca del termómetro que del calentamiento. Pero el baloncesto –y este Surne Bilbao– no entiende de permisos cuando el equipo lo necesita. Así que se escaparon de la enfermería y aparecieron donde más podían ayudar a sus compañeros: en el parquet de Lisboa, para sostener un partido que pedía cabeza, oficio y compromiso para no tener sustos inesperados y encarrilar de forma definitiva la clasificación a los cuartos de final de la competición europea.

El contexto era extremo. Bajas por doquier, roles alterados y una realidad incómoda: había que competir con lo justo. En ese escenario, Frey y Hilliard no fueron un simple parche; fueron una pieza más del puzzle que permitió que el plan existiera. Jugaron lo que el cuerpo les dejó. Y cuando el guion ya estaba escrito, se sentaron. Vini, vidi, vici… y al banquillo.

Frey fue el primero en saltar al alambre. Forzó ya el sábado en ACB y volvió a hacerlo en Europa, con el partido aún tenso, cuando cada posesión pesaba. En 15:52 minutos, firmó una hoja de servicios quirúrgica: 9 puntos, todos ellos en el primer cuarto (3 de 3 en tiros de dos y 3 de 3 desde el tiro libre), 2 rebotes y 4 asistencias. No hubo exceso ni riesgo innecesario. Estuvo cuando hacía falta –cuando el marcador aún no se había abierto– y desapareció cuando ya no era necesario forzar más. Ponsarnau lo usó como se usan las piezas valiosas: poco, bien y en el momento exacto. En el último cuarto, con todo vendido, no volvió. El mensaje fue claro; gracias, ya está.

9

puntos anotó Harlad Frey en el partido, todos ellos en el primer y segundo cuarto

El caso de Hilliard fue aún más simbólico. Viajó el mismo día del partido, en una jornada de viento que canceló vuelos en Bilbao y amenazó con dejarlo en tierra. Hubo suerte. Llegó. Y jugó. 17:03 minutos, 3 puntos –todos desde el tiro libre–, 3 rebotes y 5 asistencias. Falló sus tiros de campo, sí, pero su función no fue anotar, sino ordenar. Sin Pantzar, el equipo necesitaba alguien que pensara el partido. Y Hilliard lo pensó con fiebre. Asistió como si no doliera, manejó como si no pesara el cuerpo y se retiró cuando ya había cumplido. Tampoco jugó el último cuarto. No hacía falta. Ahora, a curarse y a pensar en Granada.

17:03

minutos jugó Darrun Hilliard en total ayer, a pesar de haber estado todo el día con fiebre

Pudo haber sido distinto. En otro vestuario, en otro contexto, ambos habrían optado por quedarse en la enfermería, recuperarse y volver más fuertes el fin de semana. Pero estos no. Este Surne no deja tirados a los suyos. Y eso explica muchas cosas. Por qué el equipo compite cuando no debería, por qué suma cuando el margen es mínimo y por qué Lisboa fue una victoria sin épica, más cómoda que otra cosa, pero con mucho significado.

Tres vascos en pista

La noche dejó además una imagen que va más allá del marcador. Urko Madariaga, Bingen Errasti y Kepa de Castro jugaron… y en el último cuarto lo hicieron casi todo. Es la primera vez que tres vascos coinciden en pista con el Surne Bilbao. Para una ciudad que pide arraigo y un proyecto que, por exigencias del mercado, suele mirar fuera, el gesto importa. Errasti aportó 2 puntos y 3 rebotes, con energía y defensa. Pero el gran nombre propio fue Urko Madariaga, que debutó como hombre de negro con 4 puntos y 5 rebotes. Con el nuevo proyecto del U22, escenas así podrían dejar de ser excepcionales.

Pero el recuerdo del partido pertenecerá a los que no podían estar. A Frey y Hilliard, que jugaron para que el equipo pudiera ser equipo más que para lucirse. En Lisboa no ganó el más sano. Ganó el que entendió mejor lo que pedía la noche. Y cuando ya no hizo falta, volvió al banquillo. Sin ruido. Como debe ser.