Se presenta en Madrid la quinta edición de uno de los documentales más celebrados del deporte, ‘El día menos pensado’, la vida del equipo Movistar en las entrañas del pelotón, sus andanzas y sus miserias, un ecosistema en el que toca perder casi todos los … días, salvo que el apellido sea Pogacar.
Lo que en su día observó el patrón de la escuadra Eusebio Unzué como un mal necesario, una intromisión en la intimidad de un estructura muy conservadora impuesta por el anterior CEO de Telefónica José María Álvarez-Pallete, se ha convertido con el paso de los años en una percha de chanza y diversión en el equipo. La serie ha enganchado, sobre todo, a los no aficionados del ciclismo que han descubierto la belleza de este deporte.
El Movistar lleva 46 años en el pelotón, desde que Echávarri y Unzué fundaron el equipo Reynolds, germen de los distintos patrocinadores que dieron nombre: Banesto, Baleares, Caisse d’Epargne y Movistar.
Y siempre existió la motivación por algún nombre, diamantes por pulir: Ángel Arroyo, Perico Delgado, Miguel Induráin, Abraham Olano, Chava Jiménez, Alejandro Valverde… Figuras que hicieron grande a un equipo venido a menos que con Enric Mas no ha sellado triunfos potentes en los últimos años.
El nuevo nombre que ilusiona al clan Movistar se llama Iván Romeo, 22 años. Ciclista de Valladolid criado en la escuela de Juan Carlos Domínguez, campeón del mundo contrarreloj sub 23, corredor de carácter, ambicioso y perfeccionista que en la quinta entrega de ‘El día menos pensado’ cobra protagonismo.
El documental empieza con una sentencia de Pablo Lastras, exciclista y uno de los directores del equipo. «Iván es un líder, totalmente». La serie narra las peripecias de Romeo en el Tour de los Emiratos Árabes 2025, cuando aspira al podio en una carrera que gana Tadej Pogacar. El castellano acaba desfondado y cuarto, separado del tercer puesto por Pello Bilbao. Da las gracias a todos, anima al grupo.
Y en Movistar están contentos. «El liderazgo de Iván consiste en tener enchufado al ‘staff’, a sus compañeros, al grupo -comenta Lastras-. Él lo muestra todo. Le da igual ganar que perder, se muestra y eso hace mucho bien al grupo».
Iván Romeo es el jefe de la banda de los pingüinos, como en Movistar se conoce a los jóvenes del equipo, Castrillo, Romo, Canal o Pelayo Sánchez, cuyo lema es «saludar y sonreír». Un grupo animoso que contrasta con la tristeza que una vez más destila Enric Mas y su carrusel de desgracias la pasada temporada.
«Nuestra prioridad es ayudarle a progresar. Tiene 22 años y un margen de progresión muy alto»
Eusebio Unzué
CEO del equipo Movistar
«Siempre he sido muy ambicioso, para lo bueno y para lo malo siempre tuve carácter, liderazgo y pueden contar con ello», cuenta Iván Romeo, tercera temporada en el equipo. «Es un chaval con carácter, valiente, con criterio«, lo describe Unzué.
«Mi punto diferencial es no pensar mucho las cosas», define Romeo. «En el ciclismo cuanto menos piensas las cosas, mejor. La gente tiene mucho miedo al fracaso, y yo intento apartarme de ahí».
Según relató Romeo en una entrevista con ABC, la afición de su familia por el ciclismo lo convirtió en un aspirante al pelotón profesional. «Mis vacaciones de verano eran ir con mis padres al Tourmalet», dijo.
El vallisoletano es contrarrelojista, un rara avis en España donde nunca abundaron los especialistas. «Físicamente la contrarreloj se me adapta muy bien, y siempre me ha gustado -comentó a ABC-. Siempre se me dieron bien cuando era pequeño, al final le coges el gusto y lo trabajas más que otras modalidades. Para mí es un valor seguro porque la contrarreloj depende de ti, de tu preparación y de lo que tú hayas hecho. Y no hay tantas variables como una carrera en ruta. Es una lucha contra ti mismo».
«Una etapa de 200 kilómetros no la puedes estudiar tan al detalle, pero una contrarreloj de 30 kilómetros la puedes estudiar al milímetro«, analiza en el documental.
«La contrarreloj se me da bien. Una etapa de 30 kilómetros la puedes analizar al milímetro»
Iván Romeo
Ciclista del Movistar
Romeo ilusiona en la casa Movistar. Tanto que Eusebio Unzué establece una comparación que no se le recuerda con ningún otro corredor. «Miguel (Induráin) era 5 o 6 centímetros más bajo, de peso son parecidos, pero encima de la bici y en la contrarreloj me recuerda a Miguel, porque los dos cuidan los mínimos detalles«.
«Nuestra prioridad es ayudarle a progresar -termina Unzué-. Apostamos por su principal fortaleza, su capacidad para moverse perfectamente en casi todos los terrenos. Sabemos que la alta montaña probablemente provoque que ciertos objetivos para él sean inalcanzables (las grandes vueltas), pero tiene 22 años y un margen de progresión muy alto«.