Durante más de medio siglo hubo en la localidad burgalesa de Sopeñano de Mena una gran empresa llamada Sociedad Española de Productos Fotográficos (Valca) cuyo … auge y caída coincidió con el advenimiento del franquismo y la llegada de la democracia, respectivamente. Ahora, el Photomuseum de Zarautz recoge la historia de esta firma que llegó a tener 500 empleados trabajando en los 40.000 metros cuadrados de sus instalaciones y que en los sesenta suministraba película radiográfica para rayos X a los hospitales en Estados Unidos.

Comisariada por el profesor e historiador de arte Javier González Durana, que mañana realizará una visita guiada por la muestra, ‘Valca. Una historia de la fotografía analógica’ se aparta un tanto de la línea expositiva del Photomuseum, más centrada en autores y temas a través de fotografías, para contar la historia de una empresa a través de más de doscientos objetos, documentos e imágenes de la fábrica, tanto de archivo como actuales. Las abandonadas y vandalizadas instalaciones se han convertido en un monumento al género denominado ‘ruinas industriales’.

Todo comenzó hace unos años, cuando González Durana buscaba una ubicación para celebrar un festival que mezclara música y arte. «La fábrica permanecía abandonada desde hacía casi veinticinco y había sido expoliada y vandalizada durante todo ese tiempo. Habían desaparecido las máquinas, los cables de cobre y otros metales, pero los materiales de menos valor para la reventa –como documentación, papeles, planos, fotografías, libros y contabilidad–, seguían allí».

«Un laberinto oscuro»

Abandonado el primer propósito de celebrar el citado festival, a González Durana le salió «el historiador que llevo dentro» y recogió el material en la fábrica y, tras conseguir el permiso de los propietarios, lo puso en manos del Gobierno Vasco. Las instalaciones presentan una serie de particularidades: por un lado, están contaminadas por los productos químicos utilizados en los procesos fotográficos analógicos. Por otro, «la fábrica es como un laberinto oscuro porque buena parte de sus espacios carecen de ventanas y por lo tanto de iluminación natural por ser esta última incompatible con el material sensible a la luz».

Imagen principal - La empresa Valca en el Valle de Mena, una historia olvidada de la fotografía analógica

Imagen secundaria 1 - La empresa Valca en el Valle de Mena, una historia olvidada de la fotografía analógica

Imagen secundaria 2 - La empresa Valca en el Valle de Mena, una historia olvidada de la fotografía analógica

La colecta de contabilidades, libros, cartelería, fotos y documentación técnica para la fabricación de película fotográfica, permitió reconstruir la historia de una empresa creada por cinco empresarios bilbaínos relacionados con los sectores de la ingeniería, de la energía hidroeléctrica y de la fabricación de vidrio –José Luis Oriol, José Mª Basterra, Isidoro Delclaux, Leandro José Torrontegui y Emilio Usaola–, cuando la Guerra Civil había concluido en el País Vasco. La empresa se constituyó con sede en Bilbao en 1940 y, según apunta el comisario de la muestra, los contactos de Oriol con el régimen franquista, del que llegó a ser procurador de las Cortes, propició una rápida expansión del negocio. El declive llegó a mediados de los ochenta y entre el material recogido hay incluso alguna pancarta que da fe del conflicto laboral que supuso el cierre de la fábrica.

De las décadas entre una fecha a la otra, queda testimonio documental del uso de «material fotográfico sensible negativo con sus fabricaciones de placas pancromáticas en soporte de vidrio, único entonces en el país, para uso de profesionales y en las artes gráficas»;de su expansión a los mercados europeos, latinoamericanos y asiáticos; de su irrupción en EE UU tras presentar sus productos en el Congreso Radiológico celebrado en Chicago en 1965; y de su declive final a partir de 1986 hasta su cierre en 1992.

La exposición, que incluye una decena de fotografías actuales de IGA y Erika Ede comparadas con otras de época tomadas en el mismo sitio, permite apreciar la evolución de las películas fotográficas analógicas, desde los años cuarenta hasta esos finales del siglo XX. «Es una muestra muy diversificada, que no deja de ser un pálido reflejo de una empresa puntera en todo el mundo. Es una historia olvidada que había que contar con estos materiales que son los restos de una batalla: primero, fue una fábrica; después, una ruina industrial;más tarde, una desidia y también un expolio. Ylo que ha quedado es lo que se exhibe», concluye el comisario de la exposición.