La vacuna contra el herpes zóster no solo protege de forma eficaz contra esta dolorosa infección, podría retrasar también el envejecimiento. Es la sorpresiva conclusión … a la que ha llegado un grupo de científicos de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la Universidad del Sur de California (EE UU) tras estudiar a casi 4.000 mayores de 70 años que habían participado en un estudio nacional sobre salud y jubilación en 2016.
El hallazgo es significativo porque el aumento de la esperanza de vida ha traído consigo una suerte de fiebre por encontrar fórmulas que ralenticen el envejecimiento, que la gente no solo viva más años, sino que lo haga de manera funcional. Pero se trata, en todo caso, de un estudio inicial, han advertido desde la Sociedad Española de Inmunología (SEI). «Las conclusiones son interesantes, pero no es un ensayo clínico. No se establece una relación de causa-consecuencia ni significa que la vacuna proteja automáticamente contra los signos de la vejez. Lo que sí hace este estudio es dar pistas, señala asociaciones entre la vacuna y la mejora de algunos indicadores relacionados con el envejecimiento. Y eso abre una puerta para seguir investigando», aclara Natalia Egri, presidenta del comité experto en vacunas de la SEI.
La investigación evaluó siete indicadores claves en el proceso natural del envejecimiento: la inflamación (respuesta de defensa protectora del sistema inmunitario frente a una lesión o infección), la inmunidad innata y adaptativa (capacidad del organismo para reconocer virus y bacterias creando una memoria inmunológica que permita respuestas más rápidas), la hemodinámica cardiovascular (flujo sanguíneo en el corazón y vasos), la neurodegeneración, el envejecimiento epigenético y transcriptómico y el envejecimiento biológico (deterioro progresivo de las funciones corporales a nivel celular y molecular).
Sin respuestas negativas
Tras hacer análisis y exploraciones físicas a los 3.884 participantes, los científicos hallaron «perfiles más favorables» en algunos de los principales indicadores. «Las personas vacunadas mostraron una respuesta más favorable en lo relativo a la inflamación y a todo lo que tiene que ver con los ‘relojes biológicos’, de lo que se puede inferir un envejecimiento molecular más lento», explica la doctora Egri. En otros parámetros no se hallaron asociaciones tan claras, «pero tampoco se encontraron respuestas negativas». El estudio detalla que «los beneficios de algunos marcadores fueron más pronunciados dentro de los tres años posteriores a la vacunación, aunque la mejoría persistió más allá de este período».
Unas conclusiones que los propios autores del trabajo han calificado de «inesperadas». Una suerte de principio prometedor que «necesitaría de estudios longitudinales (más años de observación) para confirmar estos patrones y explorar sus implicaciones para la salud a largo plazo». En esta misma línea, la experta de la SEI añade que «habría que hacer ensayos clínicos, estudiar a la población antes y después de haber recibido la vacuna, no solo después, como se ha hecho en este caso». Este antes y después es clave «porque en el envejecimiento influyen también factores externos como la dieta o el ejercicio y podría suceder que las personas vacunadas que participaron en el estudio fueran personas con mejor alimentación y más activas, de modo que es imposible saber si los beneficios son atribuibles a la vacuna o a los hábitos saludables».
A falta de una evidencia científica más robusta, «este estudio se suma a la evidencia emergente de que las vacunas podrían desempeñar un papel en las estrategias para promover un envejecimiento saludable al modular los sistemas biológicos más allá de la prevención de infecciones», indican los científicos estadounidenses. Y confirman desde la Sociedad Española de Inmunología. «No existe una vacuna contra el envejecimiento, pero se puede incidir en algunos parámetros para modularlo».
Vacuna «muy segura»
A falta de desarrollar más esta línea de investigación, el trabajo de los científicos estadounidenses, publicado, en la revista ‘Journals of Gerontology’, añade una razón extra para vacunarse. En España el herpes zóster se introdujo en el calendario de vacunación en 2023 para la población de 65 años. «Hasta entonces solo se vacunaba a las personas que habían sufrido herpes de repetición», aclara la doctora. Hace tres años, coincidiendo con la aprobación de una nueva vacuna más eficaz que la que se administraba hasta entonces, España la incluyó en el calendario de la Seguridad Social. «No es obligatoria pero sí muy recomendable porque, con la edad, las defensas frente al zóster disminuyen». Además de «muy segura», tiene una alta eficacia, ya que «genera respuesta inmunitaria en más del 90%».
El herpes zóster es una enfermedad producida por el mismo virus que causa la varicela en la infancia. Este se queda alojado en las raíces nerviosas y puede reactivarse meses o años más tarde. Lo hace en forma de erupción cutánea muy dolorosa. Empieza con manchas rojas que más tarde se convierten en ampollas y que se distribuyen como una cinta (culebrilla) en un lado del tronco, aunque también puede aparecer en la cabeza. Una vez curada la erupción podría dejar secuelas en forma de dolor del nervio en la zona afectada (neuralgia posherpética) durante meses o años. La enfermedad puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente a partir de los 50 años. Normalmente solo se sufre una vez, aunque hay casos de herpes de repetición.
¿Quiénes se vacunan en España contra el zóster?
Desde 2023 en España se vacuna contra el herpes zóster a las personas de 65 años y, progresivamente, se pretende cubrir todo el colectivo de entre 66 y 80 años. Además, se administra a mayores de 18 años inmunodeprimidos. Las personas que ya han tenido un zóster deben vacunarse también, ya que haber pasado la enfermedad no protege frente a un nuevo episodio en el futuro. «Se trata de una vacuna con un buen perfil de seguridad, bien tolerada y sin efectos adversos graves y cuya eficacia supera el 73% a los diez años tras la vacunación en mayores de 50 años», explica la web de Ministerio de Sanidad. La pauta de vacunación consiste en dos dosis con un intervalo entre 2 y 6 meses entre dosis, que se administran por vía intramuscular.