La Unión Europea ya no solo mira a Donald Trump con recelo, ahora también le mira con enfado. Su órdago estratégico sobre Groenlandia ha provocado, sin ir más lejos, que este jueves se convocara en Bruselas una cumbre urgente de los líderes de los 27 para, literalmente, darle una vuelta a la relación transatlántica. Un titubeo incómodo de la primera ministra danesa, Mete Frederiksen, al llegar al encuentro y ser preguntada sobre si «todavía confía en EEUU» dio buena cuenta de qué va la cosa ahora mismo en la Unión. La conclusión, aunque no con estas palabras, fue que al matón no se le aplaca desde el apaciguamiento.
La más rotunda fue quien tuvo que serlo, la propia Frederiksen -que se verá con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, este viernes-. «Hemos dicho desde el principio que una discusión sobre nuestro estatus como Estado soberano no se puede discutir, no se puede cambiar. Estamos dispuestos a trabajar junto con Estados Unidos sobre seguridad, pero tenemos nuestras líneas rojas, que también son nuestras reglas democráticas», comentó; no tiene problema, dijo, en renegociar con Trump el acuerdo de 1951 que permite a EEUU aumentar su presencia en Groenlandia, pero le avisó: Copenhgue tiene límites para esas conversaciones.
Además, ha reclamado a la OTAN más presencia en el Ártico, incluida Groenlandia. Consideró Frederiksen que la UE, por su parte, «ha aprendido algo» de los últimos acontecimientos con Estados Unidos y recordó que el bloque tiene que estar «unido» ante estos órdagos. Es más, dejó la mano tendida a Washington: quiere trabajar «de cerca con ellos», como hecho Dinamarca históricamente, pero ha pedido hacerlo «sin amenazas». Al mismo tiempo tuvo una advertencia también para la Alianza Atlántica: no quiere Frederiksen que Rutte negocie en nombre de los daneses.
El tono de Emmanuel Macron fue algo más distendido. «Después de empezar la semana con amenazas de invasión y arancelarias, hemos vuelto a una situación que me parece mucho más aceptable, aunque seguiremos vigilantes», sostuvo el presidente francés, ataviado de nuevo con las gafas de sol que causaron furor en Davos. Cree el líder galo que la UE ha sacado, con todo, una lección para el futuro. «Cuando Europa reacciona de manera unida, usando los instrumentos de que dispone, se hace respetar», recordó, y reclamó «previsibilidad y un orden internacional tranquilo», pero no cerró la puerta a una reacción potente si el órdago de Trump vuelve a estar sobre la mesa.
En esa dinámica de más tranquilidad el primer ministro polaco Donald Tusk prefirió mantener los puentes tendidos con EEUU. «Europa debería estar absolutamente unida para proteger las relaciones con nuestros socios al otro lado del Atlántico, incluso si hoy es mucho más difícil que nunca», sostuvo. El canciller alemán, Friedrich Merz, por su lado, considera que el paso atrás de Trump es consecuencia de la «determinación» en la respuesta de los europeos a la amenaza arancelaria. Ese giro, dijo Merz, «es el resultado de los esfuerzos conjuntos entre Europa y Estados Unidos por encontrar una manera de seguir adelante juntos en los tiempos tan difíciles que estamos indudablemente experimentando».
Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene claro que Europa tiene que marcar terreno frente a los Estados Unidos de Donald Trump y así lo expresó en rueda de prensa tras el encuentro con sus homólogos. «El contexto internacional es extraordinariamente complejo», asumió el jefe del Ejecutivo. «Tenemos que afrontar la realidad y la realidad es que el Gobierno de EEUU no está respetando el derecho internacional y está tensionando como nunca se había hecho la relación transatlántica».
Como respuesta, sostuvo Sánchez, Europa tiene que apostar por la unidad y por la ambición política. «Tenemos que invertir mejor y unidos» en defensa para «mostrar esa fortaleza». Así, el presidente del Gobierno cree que Europa tiene que moverse «como una sola»; si no se logra esa unidad, la integración debe darse, dijo, «a distintas velocidades». Para Sánchez «ya va siendo hora» de que la UE dé esos pasos. «Estamos preparados», se limitó a decir sobre una posible respuesta contundente si las amenazas de Trump vuelven al tono que hubo durante estas semanas, por ejemplo con aranceles.
«Europa se mantuvo firme y unida en plena solidaridad con Groenlandia y el Reino de Dinamarca. Continúan los trabajos sobre la seguridad en el Ártico, e las inversiones en equipos preparados» para la isla en sí misma y para toda la región, sostuvo tras el encuentro la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que ve a la UE «preparada» si hiciera falta responder a Trump de manera más dura. «Creemos que las relaciones entre socios y aliados deben gestionarse de forma cordial y respetuosa», sostuvo por su lado el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, que dijo que Europa «comparte con EEUU» el interés por la seguridad ártica.
Costa celebró la ‘marcha atrás’ de Trump sobre los aranceles. «El objetivo sigue siendo la estabilización efectiva de las relaciones comerciales entre la UE y EEUU», expuso en rueda de prensa, pero lanzó una advertencia: «Al mismo tiempo, la UE seguirá defendiendo sus intereses y se defenderá a sí misma, a sus Estados miembros, a sus ciudadanos y a sus empresas contra cualquier forma de coerción. Tiene el poder y las herramientas para hacerlo, y lo hará siempre que sea necesario«.
La Alta Representante, Kaja Kallas, no quiso poner paños calientes a lo que ha pasado en los últimos días. «Nuestra relación ha sufrido un duro golpe, y esto beneficia a Rusia y China, sobre todo si tenemos desacuerdos entre nosotros», alertó, con el foco puesto más en Moscú y en Pekín que en lo que pasa entre la UE y Washington. Pero a partir de ahí quiso dejar claros los planes del bloque comunitario, que son, esgrimió, «demostrarle a Estados Unidos que, si les preocupa Rusia y las amenazas a la seguridad que provienen de ese país, debemos centrarnos en la energía y en ayudar realmente a Ucrania, para que estén dispuestos a hacer frente a Rusia».
Pero al mismo tiempo asumió que la Unión tiene que adaptarse y ‘jugar’ con las piezas que usa Trump. «Con lo que hemos visto este año estamos preparados para mucha imprevisibilidad. Así que tenemos que seguir discutiendo nuestros planes para diferentes escenarios porque, como sabéis, un día puede ser de una manera y al día siguiente todo puede cambiar. La palabra para este año ha sido imprevisibilidad y eso es lo que estamos viviendo», resumió la dirigente estonia.
Por su parte, Roberta Metsola aseguró que la maquinaria ‘dura’ con Trump también está activa en el Parlamento Europeo, sobre todo en lo que se refiere a la aprobación o no del acuerdo comercial UE-EEUU alcanzado el pasado verano, que todavía tiene que pasar el filtro de la Eurocámara -la cual ha pospuesto su voto-. «Podemos trabajar juntos, dialogar, encontrar soluciones y tender puentes. En materia de comercio, se observa una gran convergencia. Necesitamos una asociación justa con los Estados Unidos, que redunde en interés de todos», asumió la dirigente maltesa, que cree que esta semana la UE ha aprendido que debe ser «fuerte».
Los europeos, desmarcados de la Junta de Paz para Gaza
Tampoco han encontrado en Washington el beneplácito de los países de la UE para formar parte de su Junta de Paz para Gaza, y todo ello pese a que la Casa Blanca ha invitado a formar parte de la misma a líderes como Emmanuel Macron, Frederich Merz o Ursula von der Leyen. De hecho, EEUU ha asumido que Bélgica formaría parte de ese ‘consejo’ (por el que hay que pagar por formar parte) y Bruselas tuvo que salir rápidamente a desmentirlo. Sí están en ese grupo de 35 países otros gobiernos como el argentino, el bielorruso, el azerí o el armenio. España, tal como confirmó Sánchez, también ha rechazado formar parte.
No está claro si se pueden sumar desde la Unión en un futuro, pero ahora mismo no es una opción. De hecho, la propia Kallas puso condiciones. «En la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se preveía la creación de una Junta de Paz, pero era por un tiempo limitado, hasta 2027, y con una hoja de ruta clara sobre cómo los palestinos asumirían el control», explicó en la cumbre. Así, o nada para la UE. «Queremos que esta Junta de Paz se limite a lo previsto en la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Así que, si se reduce a Gaza, podemos trabajar con ella», concluyó.
Europa dice que ha entendido el nuevo contexto: mano tendida a Trump, pero con recelos. Las «líneas rojas» de Dinamarca son las mismas líneas rojas que maneja el bloque en su conjunto; eso sí, un acuerdo en el marco de la OTAN parece una vía que se puede explorar desde Europa, la misma Europa que dice haberse demostrado a sí misma que con «firmeza» frente al gigante se le puede aplacar.