Canadá registra una de las tasas más altas de esclerosis múltiple (EM) del mundo, con más de 4.300 nuevos diagnósticos cada año. Este elevado impacto ha impulsado a investigadores de la Universidad de Toronto a profundizar en los mecanismos que provocan el daño cerebral asociado a esta enfermedad neurológica, especialmente …
Canadá registra una de las tasas más altas de esclerosis múltiple (EM) del mundo, con más de 4.300 nuevos diagnósticos cada año. Este elevado impacto ha impulsado a investigadores de la Universidad de Toronto a profundizar en los mecanismos que provocan el daño cerebral asociado a esta enfermedad neurológica, especialmente en sus formas más agresivas.
El estudio resultante, publicado en ‘Nature Immunology’, se centra en unas estructuras inmunológicas conocidas como tejidos linfoides terciarios (TLT), formadas principalmente por células B y localizadas en las leptomeninges, una fina membrana que recubre el cerebro y la médula espinal. La presencia de estos TLT se asocia con lesiones en la sustancia gris cortical, una región clave para funciones como la memoria, el pensamiento o el control motor.
Para investigar cómo se forman estas estructuras y cómo contribuyen al daño cerebral, los científicos utilizaron un modelo experimental de encefalomielitis autoinmune inducida por células Th17 en ratones. A través de este modelo, identificaron un circuito molecular que favorece la inflamación leptomeníngea y la lesión cortical, un proceso con claras implicaciones para la EM humana.
Uno de los hallazgos más llamativos fue el fuerte desequilibrio entre dos señales inmunes: un aumento de hasta 800 veces de la molécula CXCL13 y una reducción significativa del factor activador de células B, conocido como BAFF. Este desajuste parece desempeñar un papel clave en la formación de los TLT y en el daño de la materia gris.
Cuando los investigadores trataron a los ratones con inhibidores de la tirosina quinasa de Bruton (BTK) —fármacos que actualmente se están probando en ensayos clínicos para la EM progresiva—, observaron que se prevenía la formación de TLT y se reducía la patología cortical. Además, estos tratamientos lograron restablecer los niveles de CXCL13 y BAFF a valores similares a los observados en individuos sanos.
A partir de estos resultados, el equipo planteó que la proporción entre CXCL13 y BAFF podría servir como un marcador indirecto de la inflamación leptomeníngea. Para comprobarlo, analizaron tejido cerebral post mortem de personas con EM y muestras de líquido cefalorraquídeo de pacientes vivos. En ambos casos, una proporción elevada de CXCL13 respecto a BAFF se asoció con una mayor inflamación compartimentalizada en el cerebro.
Aunque los inhibidores de BTK han mostrado resultados desiguales hasta ahora en los ensayos clínicos, los autores del estudio creen que este nuevo marcador podría cambiar el enfoque terapéutico. Identificar qué pacientes presentan inflamación leptomeníngea activa permitiría seleccionar mejor a quienes podrían beneficiarse de estos tratamientos.
Los investigadores consideran que utilizar esta proporción como indicador para decidir qué pacientes deben recibir un fármaco dirigido contra la inflamación leptomeníngea, podría dar un giro tanto los ensayos clínicos como la forma en que tratamos la esclerosis múltiple
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