La nueva oleada de protestas en Irán ha sido un desafío sin precedentes para la República Islámica. Es el momento de mayor violencia interna desde la cuasi-guerra civil de 1981-1982. Entonces, la represión del Gobierno en respuesta a los atentados de los muyahidines dejó más de 3.500 muertos en dos años. Ahora, en apenas un mes, ya se ha cobrado la vida de más de 4.000 personas. Pero no es un caso aislado, sino el último episodio de una creciente cadena de revueltas que el régimen de Teherán siempre ha sabido aplacar.
La República Islámica ha resistido todo tipo de infartos desde su proclamación en 1979. Los primeros fueron una crisis de 444 días con Estados Unidos tras el asalto a su embajada ese mismo año, un golpe de Estado fallido en abril de 1980 y una invasión iraquí en noviembre que desembocó en una brutal guerra que duraría ocho años. A ello le siguió el conflicto con los Muyahidines del Pueblo (MEK, por sus siglas en inglés), incluido el asesinato en 1981 del presidente y el primer ministro, una operación militar aeronaval estadounidense y una invasión del MEK en 1988, y las revueltas estudiantiles de 1999.
En cinco claves:
La República Islámica de Irán lleva medio siglo enfrentando amenazas y descontento popular
Ha podido resistir al concebirse como un régimen bajo asedio y reprimiendo a la población
A ello se suma un Estado clientelar, blindado por la Guardia Revolucionaria y sin oposición fuerte
Además, ha sabido abrir y cerrar el espacio de libertades según su necesidad y conveniencia
Pero el ideario revolucionario ha quedado obsoleto y no evitará una creciente espiral de protestas
El régimen iraní tampoco se ha visto doblegado en lo que va de siglo. Ha sofocado las revueltas por el fraude electoral de 2009, dos oleadas de protestas una década después por el descontento con las políticas del Gobierno y la situación económica, y en 2022 tras el asesinato de Mahsa Amini. Mientras tanto, ha sorteado una campaña de atentados y asesinatos de Israel para …