Si bien las vacunas contra el cáncer han mostrado una eficacia limitada como monoterapias, los avances en las tecnologías de secuenciación y una mejor comprensión del microambiente tumoral han permitido la focalización precisa de neoantígenos tumorales, acelerando el desarrollo de vacunas personalizadas contra el cáncer.El objetivo principal de estas vacunas es …
Si bien las vacunas contra el cáncer han mostrado una eficacia limitada como monoterapias, los avances en las tecnologías de secuenciación y una mejor comprensión del microambiente tumoral han permitido la focalización precisa de neoantígenos tumorales, acelerando el desarrollo de vacunas personalizadas contra el cáncer.
El objetivo principal de estas vacunas es iniciar una cascada de eventos de activación inmunitaria que conducen a la preparación de células T específicas del antígeno, que luego pueden montar un control tumoral eficaz y potencialmente generar memoria a largo plazo. A medida que se dispone de mayor evidencia se constata un mayor beneficio clínico al combinarse con otros tratamientos contra el cáncer, incluidos los inhibidores de puntos de control inmunitario.
En ello se ha centrado una reciente investigación por parte de un equipo de científicos de la Escuela de Medicina Icahn del Hospital Monte Sinaí de Nueva York (EEUU).
La revisión, publicada en ‘Cell Reports Medicine’, examina la evolución de las vacunas terapéuticas, especialmente, las basadas en neoantígenos, diseñadas utilizando mutaciones genéticas exclusivas del tumor de un paciente. De los resultados obtenidos cabe destacar que estas son capaces de generar respuestas inmunes sólidas en una variedad de cánceres, incluidos el melanoma, el cáncer de páncreas, el glioblastoma, el cáncer de pulmón y el cáncer de vejiga.
La revisión sintetiza décadas de investigación clínica e identifica las principales razones por las que las vacunas contra el cáncer anteriores no fueron eficaces, como la inmunosupresión tumoral y las limitaciones en la selección de antígenos.
Los antígenos tumorales se clasifican generalmente en antígenos asociados a tumores (AAT), antígenos específicos de tumores (AET), incluidos los neoantígenos, y antígenos virales que se sabe que inducen ciertos tumores (como el VPH en el cáncer de cabeza y cuello o de cuello uterino).
Entre sus hallazgos, se sugiere las vacunas contra el cáncer pueden ser más efectivas cuando se usan en combinación con inhibidores de puntos de control inmunitario y otras terapias estándar, lo que ayuda a superar la resistencia inmunitaria y mejorar los resultados de los pacientes. Al respecto, la revisión describe una hoja de ruta para integrar las vacunas contra el cáncer en el tratamiento estándar, en particular en la enfermedad en etapa temprana y en combinación con otras inmunoterapias.
Asimismo, se destacan estrategias emergentes, como vacunas neoantigénicas listas para usar y compartidas y plataformas mejoradas de distribución de vacunas, que podrían ampliar el acceso y acelerar el uso clínico.
También describe los desafíos persistentes, como el tiempo y el coste necesarios para fabricar vacunas personalizadas y la necesidad de mejores biomarcadores para predecir la respuesta. Además, consideran los ensayos clínicos aleatorios más grandes serán fundamentales para definir cómo estas terapias pueden mejorar mejor la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes.
Además, detectan una significativa necesidad de plataformas de vacunas que combinen la alta inmunogenicidad y especificidad tumoral de las vacunas de neoantígenos con una mayor accesibilidad y eficiencia de producción de las vacunas AAT disponibles comercialmente. Los neoantígenos públicos, compartidos entre pacientes con cáncer, brindan una oportunidad única para superar esta brecha.