El coche eléctrico vive una paradoja incómoda en España: nunca se habla tanto de él y, sin embargo, nunca había estado tan quieto en los concesionarios. La promesa de nuevas ayudas públicas, anunciadas pero aún no concretadas, ha provocado un efecto inesperado pero ya conocido en el sector: la espera. Y cuando el cliente espera, el mercado se congela.

Los concesionarios han encendido la señal de alerta ante lo que describen como un parón generalizado de pedidos de vehículos eléctricos e híbridos enchufables. No es rechazo tecnológico ni desconfianza ambiental. Es, simplemente, incertidumbre económica. El comprador sabe que el Gobierno aprobará un nuevo programa de ayudas —el llamado Auto+—, retroactivo al 1 de enero, pero no sabe cuánto dinero recibirá ni cuándo. Y ante esa duda, decide no firmar.

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Las cifras, a primera vista, podrían inducir a error. Las matriculaciones de coches eléctricos crecen un 17% en lo que va de enero. Pero el sector matiza: ese crecimiento se sostiene sobre pedidos antiguos, arrastrados desde diciembre, no sobre ventas nuevas. La maquinaria comercial, advierten, se está quedando sin combustible.

“El problema es que no se está generando cartera de pedidos nueva y eso se va a notar en febrero. La actividad comercial se está resintiendo”, explican en Faconauto, patronal de concesionarios, al diario EL PAÍS.

La espera como enemigo del mercado

La experiencia demuestra que el peor escenario para la automoción no es la retirada de ayudas, sino su anuncio sin letra pequeña. El cliente medio no renuncia al eléctrico: aplaza la decisión. El resultado es el mismo para el concesionario: ventas que no se cierran, objetivos que no se cumplen y una red comercial que pierde pulso.

Desde Faconauto el diagnóstico es claro y compartido por todo el sector. La actividad comercial se resiente porque la incertidumbre lo invade todo. Incluso grandes grupos como Stellantis, líder del mercado español, reconocen una caída de pedidos en su red. El caso más ilustrativo es el de Leapmotor, la marca china del grupo, que ha optado por adelantar 4.000 euros a sus clientes para neutralizar el efecto espera. Una decisión excepcional que, por ahora, no se extenderá al resto de marcas del conglomerado.

Auto+ promete rapidez, pero aún no llega

El nuevo programa Auto+ nació con la intención explícita de corregir los errores del Plan Moves, criticado por su lentitud y por las listas de espera que llegaron a superar el año en muchas comunidades autónomas. Esta vez, el Gobierno quiere centralizar la gestión desde el Ministerio de Industria, con un presupuesto de 400 millones de euros y sin intermediación autonómica.

Las líneas maestras están sobre la mesa: prioridad al vehículo fabricado en Europa y una ayuda máxima que oscilará entre los 4.000 y los 4.500 euros. Pero los detalles siguen atrapados en la negociación entre varios ministerios. Y mientras se discute el diseño perfecto, el mercado real se enfría.

El fin del “efecto dana” y un enero engañoso

A esta incertidumbre se suma otro factor menos político y más estadístico: el final del llamado efecto dana. La catástrofe de Valencia en octubre de 2024 disparó las matriculaciones durante buena parte de 2025 gracias al programa Reinicia Auto+, un plan ágil y directo que permitió reemplazar miles de vehículos destruidos.

Ese impulso artificial elevó las ventas del año pasado y deja ahora un efecto espejo: enero de 2026 se compara con un enero excepcionalmente bueno. Hasta el día 22, el mercado cae casi un 18%. Sin Valencia, la bajada sería menor, pero el mensaje es el mismo: el viento de cola se ha terminado.

Las previsiones para el resto del año dibujan un sector dividido entre el optimismo prudente y la resignación. Faconauto confía en que 2026 sea un año de crecimiento sólido, capaz incluso de superar las cifras prepandemia. Otras patronales son más cautas y hablan de una recuperación lenta, condicionada a que las ayudas lleguen pronto y funcionen mejor. @mundiario