El robo de la estatua de Seve Ballesteros en Pedreña ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad tan inquietante como llamativa: en … Cantabria no solo se roba lo fácil o lo transportable. Ni mucho menos. Se llevarán las manos a la cabeza. La desaparición de una escultura de bronce anclada al suelo, arrancada a la fuerza y a plena luz del día, se suma a una larga lista de sustracciones tan sorprendentes como difíciles de explicar. Desde tazas de váter hasta tramos de carretera, árboles de gran porte o incluso animales, la región ha sido escenario en los últimos años de robos que desafían la lógica y obligan a replantearse hasta dónde puede llegar el ingenio –y el descaro– de los ladrones.

  1. Obregón (Villaescusa)

    Dos tazas de váter, cisternas y radiadores

Así quedó la instalación sanitaria: a cero.

Así quedó la instalación sanitaria: a cero.

En el centro cívico de Obregón, la sorpresa fue mayúscula cuando las usuarias descubrieron que los aseos habían desaparecido por completo. No faltaba una pieza suelta ni había destrozos: alguien desmontó las dos tazas del váter con sus cisternas y se llevó también todo lo necesario para reinstalarlas en otro lugar. El nivel de detalle fue tal que el robo tuvo más de trabajo técnico que de vandalismo. Como complemento, los ladrones cargaron además con varios radiadores comprados por las propias usuarias del edificio para calentarse mientras realizaban las actividades.

  1. Liérganes

    La cruz de los caídos

La cruz apareció tirada.

La cruz apareció tirada.

La cruz de los caídos del barrio de La Costera llevaba décadas instalada allí, pero estaba pendiente de ser retirada tras un acuerdo municipal. Pero alguien decidió adelantarse. Solo una semana después de ser aprobado en el Pleno la retirada del monolito, apareció tirado en el suelo y, al día siguiente, ya había desaparecido. Solo quedó el pie de la estructura, con la inscripción intacta. Una desaparición exprés que sorprendió incluso a quienes sabían que su retirada era cuestión de tiempo.

  1. La Penilla de Villafufre

    Trece acacias de gran porte

Los ladrones se dejaron los montones de leña apilados en haces para llevárselos después de los troncos.

Los ladrones se dejaron los montones de leña apilados en haces para llevárselos después de los troncos.

En una finca de La Penilla, el paisaje cambió de un día para otro. Trece acacias habían sido taladas y sustraídas, algunas de gran porte, lo que implica el uso de maquinaria y tiempo. El robo tuvo que producirse a lo largo de varios días, ya que el propietario no acude a diario al terreno. Al regresar, se encontró los tocones en el suelo y claros indicios del uso de motosierra, además del ramaje cuidadosamente amontonado y preparado para su transporte. Un trabajo meticuloso y ruidoso que, sin embargo, pasó completamente inadvertido y solo dejó tras de sí el hueco de los árboles desaparecidos.

  1. Vega de Villafufre

    Un cajero arrancado con maquinaria pesada

Estado en que se encontró el cajero.

Estado en que se encontró el cajero.

El estruendo despertó a los vecinos de madrugada en marzo de 2024. Alguien embistió con maquinaria pesada el antiguo local de Correos para arrancar un cajero rural instalado apenas dos meses antes, dejando el edificio destrozado y la caja desguazada en un monte cercano. Se trataba de un dispensador incluido en las medidas de lucha contra la despoblación, que ofrecía un servicio esencial a la comunidad, y su sustracción dejó momentáneamente a los habitantes sin acceso a dinero en efectivo.

  1. Limpias

    Un muñeco de seguridad vial

Las cámaras registraron el momento del robo.

Las cámaras registraron el momento del robo.

Diego, el muñeco que ayudaba a calmar el tráfico frente al colegio San Vicente de Paúl, en Limpias, también desapareció. Con casco, mochila y altura de niño, la figura llevaba dos años cumpliendo su función cuando fue arrancada del lugar (en septiembre de 2024). Las imágenes de las cámaras permitieron reconstruir cómo cinco jóvenes se lo llevaron sin demasiada dificultad, dejando a los escolares sin uno de sus guardianes más visibles.

  1. Santander

    2.500 chorizos y langostinos en la Feria de Día

Hay que retroceder hasta 2011, en plena Feria de Día de las fiestas de Santiago, cuando alguien decidió abastecerse a lo grande. De una sola caseta desaparecieron 2.500 chorizos, siete cajas de vino, cinco de brochetas de langostinos e incluso una plancha industrial, un botín tan abundante como variado que convirtió el robo en uno de los más comentados del verano por su volumen y logística.

  1. Mogro (Miengo)

    Cincuenta metros de carretera

Si se pueden robar coches, cobre o mobiliario urbano, también se puede robar una carretera. En Mogro, en 2011, desaparecieron 50 metros de asfalto recién arreglado en la calle Mies del Mar, un pequeño vial de unos 150 metros cuadrados que servía de acceso a la Playuca y a varias fincas. No quedó rastro del pavimento, como si nunca hubiera existido. La sustracción, literal y sorprendente, dejó perplejos a vecinos y responsables municipales de una vía mantenida desde hacía mucho tiempo y transitada habitualmente por tractores y peatones.

  1. Ucieda (Ruente)

    Piedras de sillería de un puente histórico

A este puente le sustrajeron elemenos de sillería.

A este puente le sustrajeron elemenos de sillería.

Ni los puentes se libran. El puente Meca, el único que permaneció en pie en Ucieda tras la Guerra Civil, amaneció en 2018 con una docena de piedras menos en uno de sus pretiles. No era la primera vez: quince años antes ya habían desaparecido varias piezas de la parte superior de la infraestructura. En total, sumando ambos episodios, el alcalde calcula que se han sustraído unas treinta piedras, cerca del 10% del puente. La sillería, labrada con esmero y de gran calidad, desapareció sin dejar rastro, alterando un monumento histórico que forma parte del patrimonio común del valle y que constituye un símbolo de la memoria local.

  1. Zurita de Piélagos y Torres

    Un caballo, un poni y lo intentaron con otra yegua

Unos ladrones se llevaron a estos animales, pero fueron encontrados y devueltos a su dueño.

Unos ladrones se llevaron a estos animales, pero fueron encontrados y devueltos a su dueño.

Varios equinos fueron protagonistas de un robo poco común ocurrido en 2022. Primero, los implicados intentaron llevarse a la fuerza una yegua de monta en una finca de Zurita de Piélagos; aunque lograron sacar al animal, finalmente no consiguieron llevárselo y lo abandonaron en la carretera. Durante las mismas 24 horas, en Torres (Torrelavega) se llevaron otro caballo junto con sillas de montar y cabezadas, y en otra finca de la localidad sustrajeron además una yegua poni. Todo lo robado fue valorado en unos 18.600 euros, pero finalmente los animales fueron recuperados y devueltos a sus propietarios, cerrando un episodio que dejó perplejos a vecinos y propietarios.

Para la memoria

Más allá del valor material de lo robado, todos estos episodios comparten un mismo efecto: la sensación de desconcierto. Desde símbolos cargados de memoria colectiva hasta objetos cotidianos o infraestructuras impensables, los atracos dejan tras de sí escenarios difíciles de explicar y preguntas sin respuesta. Cada caso, ya sea una estatua de bronce, un tramo de carretera, un árbol centenario o incluso una taza de váter, muestra la imaginación de quienes deciden apropiarse de lo ajeno. Son historias que, por lo inusual de lo robado o por la manera de hacerlo, quedan grabadas en la memoria de los vecinos y forman parte de una faceta de Cantabria que, de vez en cuando, también se escribe.Porque en una región acostumbrada a hablar de robos cotidianos, en ocasiones, también surgen desapariciones que desafían el sentido común, dejando perplejos a quienes lo contemplan.