Ryan Murphy es un mago de lo incómodo. Desde su gran éxito, American Horror Story, hasta su reciente y popularísima antología Monstruo, ha demostrado que tiene mucho talento para generar una cierta angustia en su público, ya sea mostrando cosas horribles o dejando que sea el espectador quien se las viva en su mente.
Por eso, y probablemente influenciado por el éxito estratosférico de La sustancia de Coralie Fargeat, no ha dejado pasar la oportunidad de adaptar, junto a Matthew Hodgson, el cómic The Beauty, publicado en 2015 y creado por Jeremy Haun y Jason A. Hurley. Y es que, corriendo un tupido velo sobre su drama judicial Todo vale, Murphy parece volver a estar en su salsa. Disney + acaba de estrenar los tres primeros episodios de este relato que mezcla body horror con el thriller policíaco. El resto, hasta llegar a un total de once, se estrenarán cada jueves en la plataforma.
La premisa es como sigue: un virus de transmisión sexual convierte a sus portadores en su versión más atractiva de ellos mismos. Sin embargo, tras dos años desde que se contrae el virus, los sujetos explotan por los aires en una masa caliente de vísceras. Las misteriosas muertes que comienzan a sucederse son investigadas por dos agentes del FBI, quienes mantienen una especie de relación afectivo-sexual abierta, intermitente e indolora.
El reparto es de esos que invitan a curiosear porque tiene algunas sorpresas, empezando por la supermodelo Bella Hadid, a quien nunca esperarías ver de semejante guisa. Evan Peters, por su parte, es uno de los colaboradores habituales de Ryan y, aunque siempre hace un enorme trabajo, verle interpretando a una persona normal en lugar de a un perturbado, diluye bastante su protagonismo. Junto a él, una fantástica Rebecca Hall, un Jeremy Pope en un papel muy prometedor y en dupla con Anthony Ramos, y las apariciones estelares de Ashton Kutcher y la auténtica belleza, Isabella Rossellini.
Explosiones, ‘body horror’ y la moral que no nos esperábamos
La serie tiene un inicio absolutamente frenético con una Bella Hadid enloquecida en busca de agua, mientras patea policías y recorre en moto las calles de París a toda leche. Hay que reconocer que siempre resulta un poco raro ver a una personalidad tan encasillada fuera de su rol habitual, incluso aunque, irónicamente, su papel en la serie sea de modelo. Sin embargo, el resultado no está nada mal y quién mejor que ella para hacernos entender que estamos hablando de un asunto serio, con gente guapa de verdad.
Ya desde el principio el componente grotesco está muy presente. Huesos rotos, tripas y crisálidas venosas son solo algunos de los detalles que componen este collage desagradable que es The Beauty. Evidentemente, las comparaciones con La sustancia vienen también motivadas por este enfoque, y es que, es inevitable. No obstante, el trabajo de Ryan tiene suficiente personalidad -y la excusa de ser la adaptación de un cómic muy anterior al film de Coralie- para desmarcarse de las acusaciones más malintencionadas.
Además, la trama policíaca le aporta otra dimensión, en principio entretenida, aunque solo sea para conectar con la de los personajes de Ashton Kutcher, Anthony Ramos y Jeremy Pope, donde hay dinámicas más interesantes. De hecho, aquí radicaría probablemente su mayor signo de identidad frente a La sustancia y es que, The Beauty pasa muy de puntillas por encima de todo lo que la película de Demi Moore satirizaba. Además de unas cuantas -muchas- conversaciones repletas de vanidad sobre la importancia de la belleza, apenas parece que haya una crítica real y profunda sobre el culto al cuerpo.
Sin embargo, sí hay una evidente condena a la falta de escrúpulos de quienes hacen dinero a costa de las inseguridades y la infelicidad de otros. El millonario Byron Forst (Kutcher), creador del virus, manda a su matón (Ramos) a acabar con la vida de todos los infectados que no solo no han pasado por caja para obtener la belleza, sino que encima andan por ahí transmitiéndola a diestro y siniestro. Ha dado con el virus de la felicidad, pero la gente lo ha pirateado, y lo peor es que la versión gratuita expira muy pronto, y de una forma muy fea.
Y, si la serie sigue al pie de la letra el cómic que adapta, también veremos cómo la sociedad reacciona negativamente a la belleza con el auge de grupos religiosos y organizaciones terroristas contrarios a su expansión. Sin duda, una idea bastante interesante y que, de nuevo, serviría para darle más personalidad como obra singular frente a las comparaciones evidentes.
Por lo demás, Ryan utiliza sus artes para dotar a la serie de una estética llamativa, con especial atención a los cuerpos, a los detalles agradables y a los desagradables. Nos muestra a personas que sufren por no ser bellas y luego sufren por lo contrario -aunque por la fiebre, no por lo vacío de su existencia-, todo humectado con una fuerte presencia del deseo sexual.
Los personajes, arquetípicos, se prestan a situaciones de lo más extravagante: el detective obsesionado con su trabajo, la amante que quiere algo más que sexo, el millonario vanidoso, el sicario cómico y con algo parecido a un corazón o el joven y acomplejado «incel». Habrá que seguir muy de cerca lo nuevo de Murphy, cada jueves en Disney +, para saber con certeza si ha vuelto a hacer algo grande o si ha tenido otro resbalón en su carrera. Por el momento, la cosa no pinta mal.