El Dr. Marco Romeo, médico cirujano plástico, docente y fundador de la Interactive Aesthetic Fellowship, pide precaución con las dietas extremas por los efectos negativos que pueden tener. Después de periodos de fiesta llenos de excesos, se busca perder peso de una manera acelerada, lo que puede resultar más perjudicial para la piel que el propio aumento de peso producido durante la época navideña.
Muchas personas buscan eliminar de manera inmediata los kilos ganados; el doctor Romeo explica que la piel del rostro necesita tiempo para adaptarse a los cambios de volumen. Cuando la pérdida de peso es significativa, la piel no consigue volver a su origen adecuadamente, mostrando así flacidez prematura, un efecto que a partir de los 40 años se acentúa incluso más. Los excesos navideños afectan más al cuerpo que a la cara, ya que el rostro tiene una capacidad limitada para guardar la grasa. Sin embargo, el problema real aparece con el descenso de peso brusco, ya que en estos casos la piel facial no se ajusta al nuevo volumen y el resultado puede ser un envejecimiento visible.
El impacto que tiene la velocidad con la que se produce la pérdida de peso es clave, ya que la notoriedad del adelgazamiento en el rostro no depende solo de cuántos kilos se pierdan, sino también de la rapidez con la que esto ocurre. El doctor Romeo aclara que no es comparable perder grandes cantidades de peso en poco tiempo con hacerlo de forma gradual a lo largo de varios meses. A partir de los 40, la piel pierde una parte de su capacidad para recuperarse; esto se debe a la pérdida natural de colágeno y elastina. Las bajadas de peso repentinas y repetidas pueden provocar que la piel no responda de la misma manera, aumentando el riesgo de flacidez.
Una pérdida de peso gradual, controlada y acompañada de cuidados específicos que permitan a la piel adaptarse de forma natural a los cambios.
No existe una cifra exacta de kilos que, si pierdes, dejarán huella en tu cuerpo, pero el cirujano plástico señala que, desde un punto de vista clínico, las pérdidas superiores al 10–15 % del peso corporal suelen asociarse con cambios visibles en el rostro, sobre todo si ocurren en un período corto. Las dietas muy restrictivas que te hacen adelgazar rápido, algunos fármacos o la cirugía bariátrica no permiten que la piel ni los compartimentos grasos profundos se adapten. Esto ayuda al descolgamiento cutáneo, la pérdida de volumen en zonas como los pómulos y las sienes, y la marcación de surcos como el nasogeniano y la línea de marioneta. Las dietas extremas no son buenas en ningún caso, tal y como explica el doctor, y recomienda optar por un descenso de peso progresivo e incluso lento, ya que resulta más saludable tanto para el cuerpo como para el rostro.
Para aquellos que se encuentran en el proceso de adelgazar, el doctor sugiere acompañar la dieta con tratamientos estéticos que actúen de manera preventiva, como los inductores de colágeno, ácido hialurónico poco reticulado y dispositivos de alta energía destinados a mejorar la retracción cutánea. Una vez estabilizado el peso, se pueden utilizar estrategias para recuperar el volumen perdido, como con rellenos con ácido hialurónico reticulado y neuromoduladores, entre ellos la toxina botulínica. Durante la fase activa de pérdida de peso, el Dr. Romeo aconseja evitar rellenos innecesarios y planificar cualquier intervención estética en función de los objetivos de adelgazamiento.
El cirujano establece una diferencia clara entre los casos que pueden abordarse con procedimientos menos invasivos y aquellos que requieren cirugía. La medicina estética suele ser suficiente cuando la flacidez es leve y en pacientes más jóvenes. En cambio, una flacidez moderada o severa, sumada a una edad más avanzada, puede hacer necesario recurrir a un lifting facial. Es esencial realizar una evaluación que contemple la piel, los músculos, las fascias, los ligamentos, la pérdida de volumen y la calidad de la piel.
Además de los tratamientos médicos, el doctor destaca la importancia de la hidratación y la nutrición, que considera incluso más relevantes que el ejercicio facial. Recomienda seguir un protocolo que se componga de una evaluación facial inicial, un plan nutricional supervisado con un aporte adecuado de proteínas y micronutrientes, bioestimulación temprana según la edad y el tipo de piel, y controles periódicos cada tres a seis meses.
La clave no está en las dietas extremas posteriores a las fiestas, sino en una pérdida de peso gradual, controlada y acompañada de cuidados específicos que permitan a la piel adaptarse de forma natural a los cambios.
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