Descubrí quién era El Xokas como casi todas las cosas que no necesitaba conocer: scrolleando (el verbo suena a lo que es) en X. El otro día, en las mismas, vi que había ido al ‘Hormiguero’, y esto estaba fatal, porque una persona con … más fama que formación se ponía a opinar con alegría sobre el sistema político español y la carga impositiva de los autónomos sin citar el Boletín Oficial del Estado o a Montesquieu. El Xokas dijo en ‘prime time’ que no creía en la partitocracia y que el Estado estaba penalizando el emprendimiento. Unos días antes, una tertuliana aseguró en Televisión Española que las ruedas de los trenes eran cuadradas. No fue Sarah Santaolalla. Ella solo llamó idiotas a los votantes de Vox y el PP. El Xokas hizo lo mismo con los votantes del PSOE, pero en su canal, no en el de todos.
En ‘El Hormiguero‘, El Xokas opinó sobre Venezuela y Groenlandia con la soltura y ligereza de esos comentaristas que llenan las tertulias de frases hechas y supuestos consensos: a veces olvidamos que los ‘streamers’ son hijos de una televisión en la que ya no hacía falta saber de nada para hablar de todo. Ellos hacen lo mismo desde su casa porque hoy la producción se ha abaratado hasta llegar a lo doméstico, que es donde ha famoseado esta gente, en su habitación, y ahora lo que sucede es que están saliendo de ahí y montando platós ‘low cost’ o yendo al ‘prime time’ a promocionar lo suyo, que es la cháchara, el contenido. Y ha sucedido también al revés: ahora en Youtube nos encontramos al tertuliano de siempre, que ha descubierto que lo que pagan por visita no está tan mal.
Lo que ofrece Youtube, o Twitch, es televisión barata, igual que los pódcast son radio barata, y como son medios más baratos se pueden especializar más (o no: también lo generalista ha llegado ahí). La última revolución de internet no ha cambiado tanto el contenido o las formas como el ‘statu quo’, esto es, quién tiene voz y audiencia, quién vive del blablablá. Es algo similar a lo que sucedió con la nueva política.
Un último apunte: los ‘youtubers’ no solo vienen de la televisión tradicional, muchos viven de ella, de comentar los extractos que han visto en redes.
De qué va a hablar si no quien ha salido tan poco de casa. Y de su pantalla.
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