No es ninguna novedad que una dieta rica en fruta, verdura, aceite de oliva y pescado y baja en azúcares y alimentos procesados sea la … recomendada por cualquier médico. Eso sí, los científicos encuentran cada vez más razones para respaldarla. Una de ellas, y quizás la que recientemente «está más de moda», es el cuidado de la microbiota. Lo asegura el microbiólogo Ignacio López-Goñi, que explica que «nuestras bacterias intestinales no sólo se dedican a la digestión y se relacionan con el cerebro de muchas formas distintas». El experto hablará esta tarde sobre ‘La microbiota y la salud mental, ¿es el intestino nuestro segundo cerebro?’ en Zarautz (19.00 horas, Modelo Aretoa Zarautz) dentro del marco de conferencias de la asociación ZarautzOn.
– ¿Qué es la microbiota?
– Ese conjunto de microorganismos como bacterias, virus, hongos… que viven en nuestro cuerpo y que no son patógenos infecciosos. Tenemos una microbiota en la piel, en el intestino o en la boca. También hay microbiota vaginal. Y ese conjunto de microorganismos cumple una función, que es salvaguardar nuestra salud. Por mucho que estemos acostumbrados a relacionar los microbios con gérmenes, enfermedades y pandemias, estos microorganismos son buenos.
– ¿Qué labor desempeñan estos microorganismos?
– Hasta ahora pensábamos que lo único que hacían era ayudar a la digestión, pero cada vez los conocemos más, tenemos más datos y vemos que se relacionan con la salud a todos los niveles.
– ¿Por ejemplo?
– Para explicarlo de forma simple: creo que todos hemos sentido que se nos revuelve el estómago en momentos de nerviosismo o estrés. O que cuando estamos mal de las tripas solemos estar de mal humor. Estas son evidencias de una relación con el cerebro, que conocemos como el eje intestino-cerebro. Un experimento que se llevó a cabo en 2016 también evidencia esta conexión: a unos ratones se les retira sus microbios intestinales y se les introduce la microbiota intestinal de una persona con depresión. Al poco tiempo, los ratones se deprimen.
EL SEGUNDO CEREBRO
«Las bacterias intestinales son grandes productoras de neurotransmisores y cuidarlas es cuidar nuestra salud mental»
– ¿Entonces, es tan fácil como decir que nuestra alimentación afecta a nuestra salud mental?
– Hay muchos factores en juego. Hablamos de enfermedades mentales complejas, como depresión, estrés, ansiedad, Alzhéimer, Párkinson, autismo… Ni siquiera conocemos si realmente tienen una causa, sino que hay causas genéticas, familiares, ambientales, e influye el trabajo, la alimentación… Pero lo que estamos viendo cada vez más es que hay una correlación entre la microbiota intestinal y este tipo de enfermedades. Cada vez hay más datos y se ve cómo una alteración en la microbiota se relaciona con la depresión o con el estrés y al revés. Que el estrés y la ansiedad causan un cambio en la microbiota. Pero correlación no significa causalidad; no es que sea la causa, sino que se correlacionan.
– ¿Y cómo se relacionan?
– Por un lado, nuestro intestino se comunica con el cerebro a través del nervio vago, que los conecta directamente en una vía bidireccional, de manera que el intestino se entera de lo que pasa en el cerebro y viceversa. Además, las bacterias intestinales son grandes productoras de neurotransmisores. El 90% de la serotonina se produce en el intestino a partir del triptófano, y de ella se sintetiza la melatonina. Otras bacterias sintetizan dopamina, acetilcolina… Y a ello se le suma que estas bacterias intestinales controlan lo que se denomina como la inflamación. Una activación descontrolada del sistema inmune puede provocar neuroinflamación, lo que se puede traducir en estas enfermedades mentales. Hay muchas vías y nuestras bacterias intestinales no sólo se dedican a la digestión. Por eso cuando comparas la microbiota de personas con Alzheimer, Parkinson o con depresión, es distinta a la de personas que no están enfermas.
EN UN FUTURO
«Puede que un probiótico le funcione a una persona y a otra no; el objetivo es personalizar tratamientos en base a su microbiota»
– En el título de su ponencia se pregunta si el intestino es nuestro segundo cerebro… ¿Y bien?
– Quizás sea exagerado, pero sí que hay esa relación intestino-microbiota-cerebro. Es ahí donde entra la cuestión de si podemos influir o cambiar la salud de nuestra microbiota y cómo. La conclusión es que queda demostrado que todo está conectado y que cuidar de nuestras bacterias intestinales tiene un efecto en la salud mental.
– ¿Cómo es una microbiota sana?
– Numerosa y diversa, con muchas bacterias, hongos y levaduras muy distintas.
– ¿Y cómo se consigue?
– A la microbiota le gusta la fibra, los polifenoles –aquello que le da color a las frutas, a las verduras o al cacao– y los probióticos naturales. Una dieta rica en fruta, verdura, frutos secos, aceite de oliva, kéfir, yogures y proteínas como pescado, carnes blancas… Lo que conocemos como la dieta mediterránea, a la que hay que sumarle dos cuestiones muy importantes: la manera de cocinar los alimentos, es decir, cocinar de manera más tradicional, y la cultura de comer en grupo, en familia o con amigos. Estas cuestiones también influyen. Y lo que no le gusta y lo que va a disminuir la diversidad bacteriana, haciendo que proliferen esas bacterias inflamatorias, son los ultraprocesados, el exceso de azúcar , el alcohol y el tabaco.
– Suele decir que todavía estamos en la edad de piedra de la microbiología… ¿Qué avances se esperan?
– Exacto, todavía nos falta mucho conocimiento. Puede que en el futuro, quizás en 5 o 10 años, tengamos probióticos personalizados. Cada persona tiene una microbiota diferente; algunos probióticos funcionan para unas personas y para otras no. Por eso sería interesante que, dependiendo de nuestra microbiota, se nos recete un tratamiento personalizado, un cóctel de determinadas bacterias concretas para cada caso concreto. El futuro de esta ciencia es apasionante.