Dos carreras. Ni más ni, por supuesto menos. Eso es todo lo que abarca el calendario de la categoría élite-sub23 en Cantabria previsto para … 2026, un panorama desolador para una fase decisiva en la trayectoria de un ciclista. La región ha pasado de organizar alrededor de diez o doce carreras anuales, además de dos vueltas por etapas, a tener dos pruebas únicamente.
Perviven en este escenario el Gran Premio San José-Memorial Pedro Echevarría, que se celebrará el próximo 21 de marzo y que cumplirá su edición número sesenta, todo un hito tras lo visto. Junto a la prueba astillerense, el 8 de junio seguirá fiel a su cita el Gran Premio Expósito y con ello se pone punto final a la posibilidad de que los ciclistas de la región puedan competir en su casa. Las dificultades organizativas, la cantidad de permisos que requiere la aprobación de una prueba ciclista y la falta de subvenciones han llevado a los organizadores a plantearse los esfuerzos por sacar adelante eventos en esta categoría y paulatinamente han ido reduciendo el número hasta llegar a una cifra insólita en este año que comienza.
Precisamente esa falta de ayudas de las instituciones autonómicas, más encaminadas a financiar los eventos de categorías inferiores ha empujado a los promotores a organizar eventos para ciclistas júnior o cadetes poniendo freno al último escalón deportivo que existe antes de dar el salto al profesionalismo. Actualmente en Cantabria se celebran, en la categoría júnior, además del Circuito Cántabro en Camargo, otras dos pruebas por etapas, la Vuelta al Besaya y desde hace dos años la Vuelta a Cantabria, ambas con la etiqueta UCI, o lo que es lo mismo incluidas en el estatus más alto. Esta última antes se celebraba en la categoría élite-sub23 y ahora ha pasado a estar destinada a corredores en edad de formación.
De esta manera, los jóvenes talentos que emergen en el ciclismo de base en la región se ven obligados a emigrar irremediablemente al exterior, bien al País Vasco o, en ocasiones, más lejos de su casa, para poder continuar su carrera. La situación dramática que vive el ciclismo de Cantabria en la categoría élite-sub23 responde a una concatenación de hechos, dado que al no haber calendario donde correr, tampoco existen patrocinadores de la región que puedan animarse a invertir en este deporte dado que no van a poder rentabilizar su financiación en el escenario donde más intereses tienen.
Dos equipos
Actualmente tan solo existen únicamente dos equipos con sede en la ‘tierruca’, Gomur-Cantabria Deporte, que se mantiene incombustible sacando partido como nadie a los limitados recursos que tiene durante -con su actual denominación- casi década y media con unos resultados realmente brillantes, y el modesto Multihogar Cantabria, que se presentará la semana que viene. Estas son las pocas esperanzas que tienen los cántabros de mantenerse activos en una escuadra de aquí antes de abandonar la práctica del ciclismo o de salir fuera en busca de oportunidades.
Así las cosas, lo ocurrido en Cantabria no solo es exclusivo de la región, sino que más bien es un mal endémico que está azotando a todo el ciclismo en esa franja denominada la antesala del profesionalismo, que por los costes y exigencias y la falta de mecenas está dejando de ser atractiva. En Asturias también sufren este poco animado panorama e incluso en el País Vasco, cuna de este deporte en el norte de España, también han visto reducida la organización de eventos de manera más que alarmante, pese a conservar un calendario aceptable y que permite que las promesas puedan ser vistas.
La reducción del calendario para estas categorías no solo afecta a Cantabria. También se da en otras comunidades
El Gomur, sin ir más lejos, ha ganado el Trofeo Euskaldun en los dos últimos años, un circuito que engloba una serie de pruebas sobre territorio vasco, al que acuden las diferentes escuadras nacionales en busca de competición. El equipo camargués se convirtió con ambos triunfos en el único con sede fuera del País Vasco en lograr subir a lo más lato del podio.
Contra este preocupante precedente, los organizadores y las propias federaciones han habilitado la posibilidad de que los corredores con licencia élite-sub23 puedan participar en las pruebas destinadas a las categorías máster, que gozan de cierta autonomía económica y no han sufrido tanto esta crisis organizativa. Con esta maniobra, los ciclistas pueden mantener su nivel competitivo a la espera de poder acudir a otras citas en el calendario nacional. Ahora bien, desvirtúan un tanto la esencia de la categoría máster, que si bien es cierto que en las últimas temporadas ha experimentado un aumento de nivel enorme no deja de ser un nicho de ciclismo destinado a aficionados. Al menos ese fue el espíritu con el que nació.
De esta manera, y por la escasez que existe, los organizadores y la Federación Cántabra cuidan con esmero las carreras de Astillero y Renedo, dos citas de referencia que también se convierten en un punto de encuentro para los equipos castellanos, vascos, asturianos, navarros y gallegos, fundamentalmente, pero también para madrileños y valencianos que aunque su calendario está mucho más poblado siguen acudiendo. En el caso de Astillero, este año mantendrá el mismo recorrido con diferentes vueltas rompepiernas donde el Alto de la Morcilla será el único paso puntuable. Un trazado rápido y abierto que ha deparado triunfos de ciclistas que posteriormente han dejado su impronta en el campo profesional. Lo mismo ocurre con la cita de Renedo, donde La Montaña y el Churi suelen ser los protagonistas de otro recorrido sin puertos grandes pero con gran exigencia.