La investigación técnica que arrojará luz sobre las causas del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) avanza, y rápido, a la espera de que entren en laboratorio piezas clave para someterlas al microscopio. Entre ellas, la soldadura entre dos carriles, uno de 1989 en uso y otro nuevo de 2023, que falló y aparentemente motivó el descarrilamiento del tren Iryo el domingo 18. Rodeado de varias hipótesis a estas alturas de las pesquisas, el presidente de la Comisión Técnica de Investigación de Accidentes (CIAF), Iñaki Barrón, atiende a El PAÍS por teléfono y aventura que hay pocas dudas sobre el papel protagonista y trágico de esa junta metálica. Y se pregunta, sorprendido, por qué la reforma de la que fue la primera línea de alta velocidad en operación en España, la Madrid-Sevilla, no fue de mayor calado; por qué no incluyó el carril.

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