El conflicto entre la dirección del Rayo Vallecano y la Comunidad de Madrid por el estadio de Vallecas, hasta ahora soterrado, ha salido a la luz. La pasada semana, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, confirmó en los micrófonos de Onda Madrid lo que este periódico viene contando desde hace casi un año: que la intención del Ejecutivo regional es reformar el estadio y mantenerlo en su actual ubicación. «El estadio se reforma y se queda donde está, en principio», dijo la presidenta.

Tres días después, aprovechando los micrófonos del partido contra Osasuna, el presidente del club, Martín Presa, volvió a insistir en la necesidad de tener un nuevo estadio: «Si el Rayo no tiene un nuevo estadio, se muere. Es un milagro que estemos en Primera División. En España hay 140 clubes con mejor estadio e instalaciones que el Rayo Vallecano», dijo a DAZN.

Estos cruces de declaraciones no son nuevos en Vallecas, pero sí es la primera vez en la que los principales responsables de la situación muestran versiones públicas completamente opuestas. Ambas partes tienen razones de peso para defender su postura, si bien el apoyo popular está del lado de la Comunidad de Madrid.

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Presa ha lamentado en varias ocasiones ser el club con menor apoyo institucional de España. «Cada partido que se juega aquí es un milagro y esto no puede ser. Yo lo digo en alto: aquí en Madrid parece que no quieren que el Rayo esté en Primera división. No hay ninguna región que trate peor a un equipo en toda España como es tratado el Rayo. Conozco a todos los dirigentes de todas las regiones de España y puedo asegurar, aseguro y asevero, que no hay un equipo peor tratado que el Rayo Vallecano a nivel institucional. No hay ningún equipo que reciba menos ayudas, menos subvenciones, menos apoyo económico que el Rayo Vallecano. Y encima la gente, parece que en vez de venir ayudar…», dijo el año pasado.

En este aspecto el presidente del Rayo está cargado de argumentos. Diputaciones y comunidades autónomas apoyan sin ambages a los clubes locales, lo que les otorga una ventaja competitiva con respecto a aquellos que no tienen un patrocinio público detrás, como es el caso del Rayo. Además, las instituciones han ayudado a los grandes de la capital en momentos críticos: al Real Madrid con la compra de los terrenos de la Ciudad Deportiva, un caso que dio varios tumbos legales, y al Atlético de Madrid permitiéndole edificar su estadio Metropolitano sobre La Peineta, de titularidad pública. Al respecto, lo que pide Presa es que la Comunidad le ceda unos terrenos públicos para construir un nuevo estadio con las instalaciones necesarias para aumentar los ingresos del club. La idea del presidente es construir un estadio con capacidad para 40.000 espectadores fuera del distrito de Puente de Vallecas, donde no hay espacio suficiente para la construcción.

Con el estadio que planea Presa, el 78% estaría vacío en caso de bajar a Segunda División

No obstante, hay varios elementos que juegan contra su criterio. En primera instancia, Presa toma como referencia las últimas temporadas, con la clasificación para Europa, como muestra de que el estadio se ha quedado pequeño, temporadas que son a todas luces extraordinarias en la historia del club. Al mirarse con perspectiva, en sus 101 años de historia, el Rayo ha jugado 23 años en Primera División, 38 en Segunda y solo dos en Europa. El historial de afluencia al estadio indica que, cuando el Rayo milita en la segunda categoría del fútbol profesional, que históricamente es lo habitual, no se superan los 9.000 espectadores de media. Esto dejaría, en un estadio como el que planea Presa, un 78% de los asientos vacíos. Todo esto, sin tener en cuenta que la afluencia del Rayo este año ha caído un 8% con respecto al año pasado y que es imposible saber cuál será la movilización de los aficionados vallecanos si tienen que desplazarse a otro barrio o distrito.

Una estrategia suicida

Con todo, lo que más perjudica al presidente es su estrategia, que no es otra que dejar que se deterioren las instalaciones hasta que el estadio sea inviable para acoger eventos. Este periódico desveló en exclusiva que la inspección técnica del Ayuntamiento había resultado desfavorable y que eran necesarias una serie de reformas estructurales para garantizar la seguridad de los asistentes. El club hizo caso omiso del informe, pese a que es responsable del mantenimiento de las instalaciones, y fue la Comunidad de Madrid la que emprendió una serie de reformas que comenzaron el pasado verano, van a continuar con el cambio del marcador electrónico y se espera que en el próximo verano se acometan unas nuevas de forma más ambiciosa.

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El estadio se cae a pedazos, pero en su mayor parte es consecuencia de la falta de mantenimiento. Gradas sucias y deterioradas, goteras, estado catastrófico de los aseos, zonas comunes abandonadas y escaleras sin la protección necesaria para que por ellas circule un alto volumen de gente son sello de la casa desde hace varios años. La Comunidad ha apuntalado las zonas con deficiencias y se ha preocupado de que al menos el recinto sea seguro, pero el resto de desperfectos, responsabilidad del club, hacen que la experiencia de los espectadores deje mucho que desear para lo que se espera de un club de Primera División española.

Para colmo, en los últimos meses el abandono está alcanzando a los jugadores. En noviembre, un miembro del staff del Lech Poznań, equipo polaco que jugaba contra el Rayo en Conference League, publicó un vídeo mostrando la situación del vestuario que se les había cedido. Más parecido a un almacén por el volumen de cajas de agua mineral apiladas en la entrada, los polacos lamentaron el estado de las instalaciones, que «dan un poco de miedo y recuerdan a los años 80», e hicieron mofa de una montaña de toallas de todos los colores y tamaños imaginables, algo inexplicable para un club que presume de tener 40 millones en caja.

El club tiene 40 millones en caja pero no paga las toallas, el agua caliente ni la limpieza

Tampoco los jugadores locales se libran del deterioro planificado por el presidente. El domingo, en el partido contra Osasuna, varios jugadores y el entrenador rival denunciaron ante las cámaras el lamentable estado del césped, que provocó decenas de resbalones y evitó que el partido se disputase con las mínimas condiciones técnicas. Por si fuera poco, una buena parte de la plantilla del Rayo tuvo que marcharse a casa sin ducharse, ya que el vestuario no disponía de agua caliente. Para la plantilla, estas situaciones están relacionadas con el hecho de que hayan venido levantando la voz contra el presidente en los últimos meses.

Por último está la situación de la afición, harta no solo de tener que ver los partidos en condiciones insalubres, sino también de tener que hacer colas para comprar las entradas, situación que no se da en ningún equipo profesional de Europa. La afición se alinea en esta situación con la Comunidad de Madrid, que aboga por remodelar un estadio no tan viejo (49 años) y exprimir su vida útil aprovechando que se encuentra en el corazón del Puente de Vallecas. Entre las peñas y grupos de animación son pocos los que creen que el Rayo pueda sobrevivir de trasladarse a Coslada o Vicálvaro, por señalar alguno de los destinos que se han barajado.

El conflicto entre la dirección del Rayo Vallecano y la Comunidad de Madrid por el estadio de Vallecas, hasta ahora soterrado, ha salido a la luz. La pasada semana, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, confirmó en los micrófonos de Onda Madrid lo que este periódico viene contando desde hace casi un año: que la intención del Ejecutivo regional es reformar el estadio y mantenerlo en su actual ubicación. «El estadio se reforma y se queda donde está, en principio», dijo la presidenta.