Miércoles, 28 de enero 2026, 18:42
Dicen que el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes. Y si no que se lo digan a los grupos de aficionados de la Cultural que cada semana recorren los campos de toda España.
En la última ocasión, la experiencia ha pasado de lo meramente deportivo a una cuestión casi vital. Ninguno de ellos hubiera imaginado que dos días después de sufrir una derrota en el Alfonso Murube de Ceuta, la mitad de los 12 valientes que allí se presentaron un lunes por la noche seguirían atrapados en la ciudad autónoma.
La mala mar y los vientos del Estrecho, «lo peor que se recuerda en 40 años», como los ceutíes les han reconocido, ha dejado a Ceuta incomunicada con el resto de la península. Ni por mar ni por aire.
El equipo logró escapar por vía marroquí y pudo volar de regreso a León en el mismo día de partido, misma suerte que corrieron algunos de los seguidores un día después. Sin embargo, otros seis y el periodista Miguel Orejas vieron cómo el ferry que tenían contratado para regresar a Algeciras se quedaba en el puerto.
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Grupo de aficionados de la Cultural en el partido de Ceuta.
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«Todo empezó antes del partido. Antes de las 8. Balearia, la naviera, me manda un SMS y me dicen que me cancelan el ferry para mañana», recuerda el locutor de Radio León. Otros compañeros de Ceuta le tranquilizan y se muestran optimistas con que el temporal amaine. Sin embargo, tras contar la derrota por 3-1 de la Cultural, desde la compañía y el propio Puerto de Ceuta confirmaban la noticia y ningún barco saldría el martes 27.
Ceuta se vuelca con ellos
Misma experiencia tuvieron los tres peñistas de León Rampante -Guille, Adrián y Benja-, así como Carlos Pérez y su hija y Ángel Monzu -este último acumula más de un centenar de desplazamientos consecutivos con el equipo-. «Fuimos el domingo a Algeciras, hicimos noche; el lunes tomamos el ferry y nos quedamos al partido y a dormir. Nos mandaron un mensaje antes de empezar -el partido- que se cancelaba el más pequeño -el Jaume III- y al acabar que el grande también -el Formentera- que nos iba a llevar de vuelta», explica Guille Santamarta.
Aunque durante la mañana del martes fueron hasta el Puerto de Ceuta, esperando que la cosa hubiera cambiado, ningún barco iba a zarpar ese día, ni tampoco este miércoles. Fue entonces cuando la consejera ejecutiva de la Cultural, Natichu Alvarado, contactó con ellos y les puso en contacto con la Federación de Fútbol de Ceuta. «La gente de aquí nos ha tratado muy bien y Natichu casi como una madre, nos ha llamado todos los días». A través de un contacto en la directiva ceutí se les ha podido realojar en otros hoteles y se les ha facilitado ropa. «La federación nos ha traído chándales porque estábamos sin ropa limpia y hemos ido a comprarnos ropa interior».
Tres días de odisea en una ciudad vacía
Según narra Miguel Orejas, la ciudad se ha vaciado por completo ante el temporal que azota la costa norteafricana. «No hay gente por las calles, las calles están cortadas porque se caen árboles, hay macetas rotas en los balcones… El aspecto es fantasmagórico».
Entre ellos «han hecho piña» y están aprovechando para ver un poco la ciudad, comer juntos y «hacernos expertos en el tema del viento de poniente y del estrecho». También critican la falta de seriedad y el desorden de las compañías navieras «que no avisan de nada y toda la información es de un momento para otro».
El viento sigue siendo muy fuerte, aunque les han advertido de que tiende a mejorar este jueves y que, si todo va como se espera, puedan zarpar hacia Algeciras en uno de los primeros ferrys del día.
Mientras que Miguel, Carlos y su hija han perdido el avión de Málaga a Asturias que pensaban coger y tratarán de conseguir una plaza en el último vuelo de este jueves para desde allí regresar a León; tanto Ángel como Guille, Adrián y Benja viajaron en coche hasta Cádiz y tendrán que volver vía marítima a por él para hacerse luego 800 kilómetros por carretera. «Lo peor es para los tres chavales del León Rampante, que andan con permisos, sindicatos y demás moviendo papeles para que en la ausencia en el trabajo les cuente como accidente meteorológico y causa mayor», comentan.
Estos días lo han pasado cada uno en un hotel diferente, juntándose para comer a través de un grupo creado ante esta adversidad. Miguel aprovechó la mañana para ver los sitios en los que estuvo su padre cuando hizo la mili en Ceuta; mientras que Monzu y Pérez tomaron un taxi y dieron una vuelta por la ciudad; Guille y sus amigos se conformaron con poderse comprar algo de ropa porque habían ido «con lo puesto» y mantener contacto constante con el Puerto para que les informen.
El fútbol, la Cultural y esta odisea han unido a este grupo de aficionados ante la adversidad en un viaje que, sin duda, no olvidarán y en el que ellos podrán decir que lo peor no fue solo el resultado.
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