Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)
Recital de BENJAMIN BERNHEIM
XXXI Ciclo de ‘Lied’
Obras de Charles Gounod, Reynaldo Hahn, Ernest Chausson, Hector Berlioz, Henri Duparc, Frederic Mompou, Joaquín Turina y Alberto Ginastera. Borja Mariño, piano. Teatro de La Zarzuela, 26 de enero de 2026.
El tenor francés Benjamin Bernheim debutaba en el Ciclo de Lied del Teatro de La Zarzuela de Madrid con un recital característico de su repertorio y algunas piezas de canción hispanoamericana, más exactamente españolas y argentinas. Era, por consiguiente, un concierto muy esperado, con un protagonista que ha sabido hacerse un nombre propio en la ópera, pero también en el género más íntimo de la mélodie française y la canción.
La velada arrancó con dos auténticas declaraciones estéticas, como son L’absent (“El ausente”) de Gounod y “L’heure exquise” (“La hora exquisita”) de Reynaldo Hahn. En el primero, de un hermoso y sutil melodismo, Bernheim, tenor lírico con buen agudo, lució su registro más alto y más aéreo, llegando a incorporar a la emisión algún falsete que, aunque fue una excelente prueba de dominio técnico y enraizó al artista en la tradición del canto francés, restó emoción a la interpretación. Con Hahn llegó el momento de la media voz que proporciona a una melodía, tan hermosa como sencilla, todo su espléndido poder de evocación, digno del poema de Verlaine que pone en música.
Lo delicado y lo infinitamente evanescente dejaron paso al Poème de l’amour et de la mer (“Poema del amor y del mar”), más conocido en su versión para soprano o mezzo y orquesta, aunque esta —la de tenor y piano— fuera, según explica César Rus en las notas al programa, la primera compuesta por Ernest Chausson. Bernheim y Borja Mariño —porque aquí el piano adquiere un protagonismo equivalente al del cantante— devolvieron a la obra su dimensión trágica, muy propiamente masculina, que enfrenta al protagonista a un destino fatídico: muy bien expresados todos los matices de una obra muy rica y compleja, gracias a esa voz de Bernheim, particularmente dulce, pero también enérgica cuando hace falta y de colores continuamente cambiantes, con un inspirado Borja Mariño dándole la réplica y reivindicando su protagonismo en este dramático interludio pianístico.
«Bernheim respondió a la ovación del público con un siempre bienvenido “Addio a la vita” de Tosca, y un formidable “Pourquoi me réveiller”, cantado a plena voz»
Les nuits d’été (“Noches de estío”) de Berlioz abrieron la segunda parte, y aquí pesó más, sobre todo en la famosa “Villanelle”, la dificultad de la voz del tenor para encontrar el mordiente y la flexibilidad necesarias. Bernheim llevó a su campo las siguientes canciones, con acentuaciones variadas y precisas, pero a pesar de la elegancia del fraseo, la precisión en la dicción y la morbidez del metal, quedó una cierta impresión de monotonía. Llegaron luego tres canciones de Duparc, con un despliegue extraordinario e interiorizado de medias voces, pianísimos y silencios luminosos. Preciosas interpretaciones.
Los dos artistas reservaron para el final tres piezas españolas. La primera, una canción de Mompou (“Damunt de tu, només les flors”), tan complicada en su aparente sencillez como las de Hahn y de Duparc. Vino luego otra de Turina, “Los dos miedos”, con evocaciones andaluzas características —y un toque de humor propio— que el cantante, tal vez guiado por el pianista gallego, supo expresar a la perfección. La famosísima y arriesgada milonga Canción al árbol del olvido, de Ginastera cerró el recital, con una interpretación segura, melancólica y sonriente.
A cantantes tan técnicos como los de hoy en día les vendría bien cultivar el repertorio español e hispano, en el que se puede aprender flexibilidad y emoción sin perder la distinción suprema de la claridad. En recuerdo de su dedicación operística, y tal vez de su voluntad de adentrarse en un repertorio más pesado, Bernheim respondió a la ovación del público con un siempre bienvenido “Addio a la vita” de Tosca, y un formidable “Pourquoi me réveiller”, cantado a plena voz, para lucirse —como debe ser—, pero también con un admirable despliegue de matices. * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL