¿La playlist es más un mapa emocional de lo que te gusta?

Sí, totalmente. El libro también podría tener muchas bandas sonoras diferentes, está ubicado en un momento de mi vida en el que empecé a disparar en analógico. He reconectado con ese momento. Yo aprendí en analógico y luego pasé al digital, una transición un poco farragosa. Tras muchos años disparando digital, echo de menos algunas virtudes del analógico, como la discontinuidad temporal: esas pausas que te dan un respiro para madurar. En la música también ocurre. Defiendo mucho la intuición. En el libro hablo de escucharla porque la tenemos tapada. Estamos tan pendientes de estadísticas de lo que funciona… Y la intuición siempre había estado ahí: al componer, algo te dice “por aquí voy bien”. Si dependiera de la IA, crearíamos hits todo el rato. Hay muchas cosas de los ochenta y noventa que envejecen muy bien; otras no tanto. Por ejemplo, el trip hop envejece mal.

Has incluido a uno de sus grandes exponentes.

Hombre, Massive Attack… pero eso es otra cosa, palabras mayores. Sigue siendo trip hop, pero trascienden. Aunque sí, hay bandas que ahora escucho y digo “uf”. Y es un sonido que no se está replicando tanto.

Tú hablas en tu libro de tomárselo todo con calma, de respetar el acto de fotografiar. ¿La paciencia de la música de Mark Hollis, de Talk Talk, se parece a lo que exige la fotografía analógica?

Sí, hay una similitud. En el libro subrayo mucho la actitud: puedes disparar digital con actitud analógica. Respetar los tiempos, confiar en tu criterio y hacer que los clientes confíen. Con el analógico, al no haber pantalla, el cliente confiaba en ti: era un acto de fe. Con la pantalla todo el mundo ve lo que haces y eso pervierte el proceso, a menos que te blindes. La actitud analógica también es concentrar la energía en la sesión, no en la posproducción. En música ocurre igual: tanto arreglo y tanta síntesis hacen que se pierda pureza. Para mí Talk Talk es la excelencia. “Spirit Of Eden” (1988) es un álbum redondo; no le pongo un pero. Mark Hollis estaba obsesionado con despojar la música de artificios, de buscar la pureza.