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La comparación es tan obscena que cuesta creer que sea real. Pero lo es. Mientras el Gobierno y sus terminales mediáticas llevan años instalando la idea de que la Corona es cara, prescindible o directamente un estorbo para el proyecto político de Pedro Sánchez, la televisión pública que pagan todos los españoles ha gastado en apenas diez meses en el programa de Jesús Cintora prácticamente lo mismo que cuesta mantener durante un año entero a la Casa Real.
RTVE abonó a la productora del espacio presentado por Cintora un total de 9,58 millones de euros entre enero y octubre. Diez meses. Ni siquiera un año completo. Y aun así la cifra ya equivale al presupuesto anual asignado a Zarzuela, una partida que ronda los 8,4-8,5 millones y que, además, lleva años sometida a recortes, congelaciones y escrutinio permanente, según ha publicado El Debate.
Lo relevante no es solo el número. Es lo que simboliza. Porque aquí no hablamos de entretenimiento, de ficción o de grandes eventos culturales. Hablamos de un formato político. De un producto ideológico de propaganda gubernamental.
En otras palabras: el sanchismo no solo coloniza instituciones. También compra altavoces. Y los compra con el dinero de todos.
La cuestión no es Jesús Cintora como figura mediática, que ya tiene su trayectoria y su perfil. La cuestión es que el Gobierno ha hecho de TVE un refugio de comunicadores afines y una fábrica de contenidos con una línea editorial reconocible incluso para quien no quiera verla: complaciente con Moncloa, agresiva con la oposición.
Porque el problema es que no se trata de un caso aislado. No es “un programa caro”. Es un patrón. El mismo medio señala que otro espacio de la franja matinal, Mañaneros, de Javier Ruiz, acumula también cifras millonarias similares. Y todo esto sucede mientras RTVE atraviesa un agujero económico colosal y ha necesitado el salvavidas de la SEPI, con un préstamo de 700 millones de euros.
¿Resultado? RTVE vive dopada. Y cuando una televisión pública vive dopada, deja de ser televisión pública para convertirse en un instrumento político.
Y ahí entra la pregunta clave: ¿qué está pagando RTVE exactamente con esos casi diez millones?
Porque el debate ya no es si el programa “funciona” o no en audiencia. El debate es otro. Es si el contribuyente tiene que financiar con cantidades desorbitadas una parrilla diseñada para reforzar el relato del poder sanchista. Una televisión “de Estado” que es una televisión de partido.
El Consejo de Informativos de RTVE lo ha dejado escrito negro sobre blanco en informes demoledores: se han acumulado quejas internas, críticas profesionales y advertencias sobre el deterioro de los estándares periodísticos en programas como el de Cintora.
Eso es lo verdaderamente alarmante: no es un error, es una estrategia.
Y todo, mientras se alimenta desde el poder una campaña permanente para desacreditar a otras instituciones del Estado. La Casa Real es el ejemplo perfecto. Se la señala, se la caricaturiza, se la somete a fiscalización obsesiva… y sin embargo resulta que la televisión pública del sanchismo se gasta en un solo programa político lo que cuesta toda la institución monárquica durante un año.
No es solo un contraste económico. Es un contraste moral.
Porque el presupuesto de la Casa Real sostiene una estructura institucional, representación exterior, agenda oficial y funcionamiento de la Jefatura del Estado. Lo de Cintora, en cambio, sostiene un producto televisivo de corte político cuya utilidad principal es reforzar a Sánchez.
La pregunta ya no es cuánto cuesta. La pregunta es hasta cuándo. Hasta cuándo RTVE seguirá funcionando como una extensión del Gobierno y de Pedro Sánchez: hasta que se vaya de Moncloa.
