Miguel Lorenci

Jueves, 29 de enero 2026, 23:51

No sabe Salman Rushdie (Bombay, 1947) si veremos pronto el final del régimen de los ayatolás que puso precio a su cabeza. Pero sí sabe que vivimos tiempos «muy oscuros». «No sé que pasará. No soy profeta», responde risueño e irónico el escritor anglo-indio cuando se le pregunta por el futuro del Irán. Es más explícito al hablar de un más allá en el que no cree y del último tramo de la vida al que dedica su nuevo libro un autor que reconoce aspirar a «la inmortalidad».

Tras el brutal ataque sufrido en 2022 en Nueva York, en el que casi pierde la vida y que relató en ‘Cuchillo’, regresa a la ficción con ‘La penúltima hora’ (Random House). Son cinco relatos sobre el final de la existencia, poblados de fantasmas y con los que vuelve a la desbordante imaginación que desplegó con ‘Hijos de la medianoche’, el novelón que lo consagró en 1981.

Reflexiona sobre la muerte, el mas allá, el legado, la identidad y la pertenencia. «No creo que haya un más allá, pero es una ficción sumamente útil y por eso he escrito algunas historias de fantasmas sobre hombres que no creen en los fantasmas», explica. «Es una contradicción muy útil y creativa», agrega un Rushdie muy relajado en una comparecencia telemática desde su casa estadounidense con varias decenas de periodistas españoles e iberoamericanos.

Política mundial

«Vivimos tiempos de excesivo dogmatismo. La política se ha vuelto tóxica»

Regresa a sus orígenes, a las calles de Bombay donde se reencuentra con viejos personajes de aquella legendaria novela en un recorrido por India, Inglaterra y los polarizados Estados Unidos, donde hoy mantiene su residencia.

«Vivimos tiempos de excesivo dogmatismo. La política se ha vuelto tóxica en una época en la que la comunicación entre distintas partes de nuestra sociedad está colapsando», lamenta. «No nos entendemos aunque hablemos el mismo idioma. Y cuando la comunicación desaparece en las sociedades, ocurre algo terrible», denuncia.

«Oscuridad» es, a su juicio, la palabra que mejor describe el tiempo actual. «En mi juventud había más esperanza y es triste que la rueda gire en esa oscura dirección. Todo cambia. Nada es permanente. Y si todo ha ido a mal, también cambiará todo para bien», espera optimista.

«Es un momento muy oscuro, y no solo para los Estados Unidos», insiste. «Todo el mundo está preocupado con la política expansionista de Donald Trump sobre Groenlandia y Canadá», agrega el escritor que cierra su libro con una advertencia: «Nuestras palabras nos fallan». «La hondura de la división en EE UU es alarmante. La sociedad también está colapsando. Si vives en una sociedad tan dividida el idioma es insuficiente para la comunicación, y esto es muy peligroso», diagnostica el narrador.

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¿El régimen de los ayatolás que puso precio a su vida acabará pronto? ¿Será por los anhelos democráticos de los iraníes o por la presión militar de Trump?, le planteamos. «Soy muy mal profeta. No tengo ni idea. Ya he tenido suficientes profetas en mi vida y no soy bueno en ese asunto», ironiza. Cree Rushdie, con todo, que la literatura es «resistencia y supervivencia». «Para mí ha sido la mejor manera de responder al mundo en el que vivo», se felicita.

Incomunicación

«Cuando la comunicación desaparece en las sociedades, es algo muy peligroso»

En sus nuevas historias se dan cita dos ancianos criminales, un infeliz matrimonio cargado de música, dólares y magia, el fantasma de un académico inglés con ansias de venganza, una muerte misteriosa y una preciosa parábola sobre la libertad de expresión, de la que el escritor anglo-indio es un abanderado y que es «una de las víctimas de la galopante oscuridad en la que vivimos».

Goya en ‘Oklahoma’

Francisco de Goya aparece como personaje en ‘Oklahoma’ y sus pinturas negras han sido una inspiración para Rushdie. «En el Prado pensé en cómo vivía el pintor cuando las realizó. Había salido de la corte hacia algo más totalitario. Los últimos momentos de Goya tienen cierta resonancia contemporánea. Se parecen mucho a los que vivimos ahora», arguye.

El efecto trump

«La hondura de la división en Estados Unidos es alarmante. La sociedad está colapsando»

Cree Rushdie que cualquier autor escribe pensando en la posteridad. «Tengo una visión bastante buena de la muerte. Es un inspiración cómo enfocamos el final de la vida, el último acto de la obra. Me interesa mucho la idea del estilo último, cómo los escritores y los artistas abordan ese último acto de la vida», explica.

«Todos somos historias inacabadas. Esa es la metáfora perfecta para la vida humana: todos estamos inacabados hasta que acabamos, y entonces ya no sabemos más», dice sobre el motor de unas historias cortas sobre la muerte con las que no sabía qué hacer hasta que se conectaron en su cabeza. «Era como un libro que había estado haciendo toda mi vida. Fue fácil», admite.

«Todos los escritores buscamos la inmortalidad»

«Creo en la inmortalidad. Todos los escritores la buscan. Esperan que su trabajo viva siempre. Unos lo consiguen y otros no», asegura Salman Rushdie sin ocultar su afán de trascendencia a través de la literatura. «Escribimos para la posteridad, para que te sigan leyendo cuando ya no estés y alguien encuentre valor en tus historias. Pienso en mis lectores actuales y en los que no han nacido», sostiene Rushdie, que de no haber sido escritor «querría haber sido un actor maravilloso». «Aunque creo que tomé la decisión correcta», bromea.

La muerte sobre la que ahora fabula lleva décadas rondándole. Con ‘Hijos de la medianoche’ ganó el premio Booker. Su vida cambió con la publicación de ‘Los versos satánicos’, novela considerada blasfema por el integrismo chií. El ayatolá Jomeini puso precio a su cabeza con un fetua que le obligó a nueve años de vida secreta bajo protección policial. Se mudó a EEUU donde llegó otro zarpazo. El apuñalamiento sufrido en agosto de 2022 le dejó tuerto y sin movilidad en su mano izquierda.

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