Las afecciones del pie constituyen una causa frecuente de consulta en atención primaria. especialmente en población mayor y pediátrica, deportistas, pacientes con enfermedades crónicas como la diabetes mellitus o la artritis, o en pacientes con alteraciones biomecánicas.
Sin embargo, la exclusión del podólogo de la cartera de prestaciones del Sistema Nacional de Salud (SNS) y el desconocimiento de sus competencias clínicas entre los profesionales de atención primaria, siguen siendo barreras relevantes. A ello se suma la percepción de que un aumento de derivaciones podría generar una presión asistencial difícil de asumir, aunque esta situación puede mitigarse mediante una planificación adecuada y la implementación de protocolos consensuados.
A pesar del enfoque preventivo y multidisciplinar que promueven los planes estratégicos del Sistema Nacional de Salud (SNS), la figura del podólogo continúa sin estar integrada de forma estructural en los equipos de atención primaria. En la mayoría de los casos la intervención se limita a hospitales o unidades de pie diabético, lo que restringe su alcance preventivo y terapéutico.
Examen del pie por un profesional médicoIstock | Nadzeya Haroshka
El desconocimiento por parte de los profesionales de medicina de familia acerca de las competencias clínicas del podólogo y la ausencia de protocolos de derivación dificultan la coordinación entre atención primaria y los profesionales de la podología y pone en relieve el amplio abanico de competencias del podólogo, como profesional sanitario capacitado para el diagnóstico y el tratamiento, tanto conservador, farmacológico como quirúrgico, en múltiples afecciones del pie, incluyendo alteraciones ungueales y dérmicas, deformidades estructurales (pies planos, cavos, pronados, supinados) y trastornos biomecánicos.
La evidencia disponible respalda la importancia de la atención podológica en el contexto de la atención primaria. Un estudio publicado en el 2021 demuestra que los pacientes que reciben revisiones podológicas periódicas presentan una menor incidencia de ulceraciones y amputaciones. Así mismo, una derivación adecuada desde atención primaria contribuye a reducir la sobrecarga de otras especialidades como enfermería, traumatología y dermatología.
En este contexto, se propone estructurar los criterios clínicos de derivación en cuatro bloques principales:
1. Lesiones y alteraciones estructurales comunes: úlceras, deformidades, alteraciones ungueales (estructurales o infecciosas), hiperqueratosis y antecedentes de lesiones.
Estas condiciones, frecuentes no solo en los pacientes diabéticos, sino también en las personas con enfermedades neurológicas, reumatológicas, vasculares o con movilidad reducida, se benefician de la intervención podológica para prevenir progresión de lesiones, preservar la marcha y mantener la autonomía funcional.
2. Prevención de complicaciones graves: engloba factores de riesgo como neuropatía, isquemia, infecciones recurrentes o deformidades severas. La derivación temprana al podólogo puede evitar amputaciones, hospitalizaciones y cirugías mayores, con impacto directo en el pronóstico.
3. Identificación y manejo de signos de alarma: detección precoz de lesiones con potencial de evolución rápida, como infecciones profundas o necrosis. La coordinación entre medicina de familia y podología es clave para actuar con rapidez y evitar desenlaces severos.
4. Tratamientos quirúrgicos: el podólogo tiene a su disposición técnicas y procedimientos propios como cirugía ungueal, corrección de deformidades digitales o remodelación ósea selectiva, con un enfoque resolutivo y mínimamente invasivo. En el pie diabético, técnicas como las descargas óseas quirúrgicas en el mal perforante plantar permiten abordar lesiones recurrentes y mejorar la calidad de vida.
La mejora de la coordinación entre atención primaria y podología puede optimizar el manejo precoz de afecciones del pie, evitar complicaciones mayores y promover una atención más eficiente, equitativa y centrada en la persona.
El reto no es únicamente derivar, sino hacerlo con criterios estructurados que permitan identificar los casos que realmente se beneficiarían de atención podológica especializada.
Para ello, es fundamental establecer rutas clínicas claras, espacios de formación compartida y un compromiso institucional firme con la integración del podólogo en el sistema público de salud.
Este artículo tiene como objetivo visibilizar el papel del podólogo en la atención primaria, y proponer criterios prácticos para mejorar la eficiencia y la calidad asistencial y ha sido realizado por profesionales especialistas con amplia experiencia podológica en manejo de afecciones del pie en diferentes ámbitos asistenciales.
Resumen del artículo publicado por Sergi Sánchez Hernández, Dionisio Martos Medina y Jaime Moral Malagón en la revista Medicina de Familia-SEMERGEN, publicación oficial de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria.