El triunfo del Surne Bilbao ante la Penya fue de carácter. De esos que se complican hasta tal punto que saben mejor una vez conseguidos. … No fue una victoria limpia ni cómoda, sino una conquista a base de sostenerse cuando el suelo temblaba. Y ahí, cuando el partido empezó a ponerse feo, apareció Darrun Hilliard. Y detrás, silencioso pero imprescindible cuando el partido entró en su batalla decisiva, Tryggvi Hlinason.

El Surne había hecho muchas cosas bien durante más de treinta minutos. Defensa intensa, solidaridad, ventajas casi constantes en el marcador y una Marea Negra totalmente enchufada. Pero un partido de ACB, especialmente ante un rival de jerarquía como el Joventut, nunca se decide del todo hasta el final. Y el último cuarto fue un territorio hostil: ataques espesos, nervios, errores y un rival que, sin anotar en juego durante muchos minutos, seguía vivo a base de tiros libres. Sólo 29 puntos anotados entre los dos equipos en los últimos diez miuntos del partido. Prueba de que fueron unos minutos intensos, disputados y con una tensión que se palpaba en cada asiento del Bilbao Arena

15

puntos anoto Darrun Hiliard, la mayoría de ellos cuan do el marcador estaba mas igualado

Ahí es donde Hilliard se convirtió en algo más que un anotador. Con 15 puntos, fue el jugador que mas puntos sumó en el partido, pero su valor no estuvo solo en la cifra, sino en el cuándo. Cada vez que el Joventut apretó durante el encuentro, cada vez que el Surne pareció encogerse, el escolta apareció con una canasta de talento puro, con un triple frontal, con una penetración decidida o, en el momento límite, con dos tiros libres que no temblaron. Estuvo cuando había que estar. Justo ahí.

7

rebotes recogió Hlinason en el último cuarto, casi la mitad (16) de todo el equipo

No era un día más para él. Venía de semanas en las que su nombre ya no generaba dudas, sino certezas. Y este partido terminó de confirmar que aquel jugador esperado en verano está aquí. Rápido, versátil y confiado. Líder sin estridencias, pero líder al fin y al cabo. Cuando el marcador se apretó hasta el 77-76 y Miribilla contuvo la respiración, fue Hilliard quien asumió la responsabilidad sin pedir permiso. El norteamericano ha encontrado el camino. Ya está en Bilbao. Y como el ya dijo en rueda de prensa hace unos dias, lo más importante es estar bien durante los últimos meses de la temporada, por lo que lo mejor parece estar por llegar.

98-95

perdió ayer Prievidza, próximo rival europeo del Surne, en la liga eslovaca, ante Iskra Svit

Otra vez, dueño del rebote

Pero si el ataque sostuvo al Surne con alfileres, la victoria se cerró desde el rebote. Y ahí entra Hlinason. El pívot islandés firmó una estadística engañosa durante muchos minutos, casi invisible en los números… hasta que dejó de serlo. Terminó con 9 rebotes, 7 de ellos en el último cuarto. Siete posesiones arrancadas al Joventut cuando más dolían, cuando cada balón era una final. Sin esos rebotes, el Surne no habría ganado este partido. Así de simple.

Fue una intervención quirúrgica. Rebotes defensivos tras fallo rival, manos firmes entre el tráfico, lectura perfecta del momento. Mientras el Joventut buscaba una segunda oportunidad para culminar la remontada, Hlinason se encargó de que no existiera. No brilló antes; pero sí cuando hacía falta. El Surne ganó desde la resistencia. Desde aceptar que el último cuarto no iba a ser bonito, sino muy duro. Desde entender que había que sobrevivir más que lucir. Y en ese contexto, Hilliard puso el liderazgo y Hlinason el candado final. Dos formas distintas de decidir un partido. Las dos igual de necesarias.

Miribilla lo entendió. Por eso celebró cada tiro libre, cada rebote, cada defensa como si fuera el último. Porque este equipo, cuando más aprieta el reloj, ha aprendido a no esconderse. Y eso, en una liga como esta, vale oro.