El lápiz de ojos azul fue el compañero inseparable de Lady Di durante los años ochenta. Aquel delineador zafiro se convirtió en el escudo estético de la princesa durante sus primeros años con la familia real, hasta que terminó desapareciendo de su neceser por consejo de otra mujer: Mary Greenwell. Ahora, décadas después de aquel cambio estético, la propia familia real británica ha rendido un homenaje a su artífice.

Greenwell ha sido distinguida como Miembro de la Orden del Imperio Británico (MBE) por sus servicios en la industria de la moda y el maquillaje. La ceremonia, celebrada esta semana en el palacio de St. James, tuvo como maestra de ceremonias a la princesa Ana, quien le entregó la insignia de la Orden en un encuentro muy emotivo para ellas.

La relación de Greenwell con la que fuera cuñada de la princesa Ana comenzó en 1991, durante una sesión para la edición británica de Vogue con el fotógrafo Patrick Demarchelier. Fue allí donde se atrevió a cuestionar el código de belleza que Diana había mantenido casi como un dogma.

Para la experta, el delineador azul apagaba el azul natural de sus ojos en lugar de resaltarlo. Convencer a la mujer más fotografiada del mundo no debió de ser tarea fácil, pero Diana confió. Bajo la batuta de Greenwell, la princesa suavizó sus rasgos y adoptó una paleta de tonos más neutros y naturales que la alejaban de la estética de sus primeros años en palacio y que la acompañaría en momentos posteriores de su vida como el de su famoso vestido de la venganza.

«Lo que más cambié del look de la princesa Diana fue el delineador azul, que la envejecía», explicó Mary Greenwell en una ocasión.