Este domingo se juega la final del Open de Australia 2026 entre Carlos Alcaraz y Novak Djokovic. Pero más allá de la historia deportiva, el encuentro llega en un contexto extremo: las temperaturas en Melbourne llevan días superando los 38°C e incluso alcanzando picos cercanos o superiores a los 40 en plena tarde.
A las cifras de los termómetros se le suma la humedad. Con el aire cargado de vapor de agua, el sudor se evapora peor y el cuerpo pierde eficacia para disipar calor; por eso el calor húmedo es el escenario más difícil para mantener la temperatura interna bajo control durante esfuerzo intenso.
Jugar tenis de alto nivel a estas temperaturas no es un detalle menor, como ha constatado un estudio de The University of Sydney. El esfuerzo físico intenso combinado con calor extremo pone en riesgo la homeostasis del cuerpo y puede desencadenar consecuencias que van desde deshidratación, calambres, náuseas y disminución del rendimiento, hasta problemas más graves como agotamiento por calor o golpe de calor si no se gestiona adecuadamente. La clave está en que la humedad reduce el “potencial evaporativo” del ambiente: aunque el jugador sude más, enfría menos.
La ciencia que rodea a este problema no es trivial: investigadores especializados en salud térmica han colaborado con Tennis Australia para desarrollar herramientas que evalúan el riesgo de estrés térmico en tiempo real durante el torneo, porque la exposición prolongada al calor durante ejercicio intenso afecta tanto al sistema cardiovascular como a la función cerebral y muscular.
En términos prácticos, los protocolos del torneo activan una Escala de Estrés Térmico de cinco niveles que mide temperatura, humedad, radiación y viento, suspendiendo o adaptando el juego cuando los valores superan ciertos umbrales, precisamente para prevenir problemas de salud entre jugadores y personal.
Semifinal de enorme desgaste físico
Alcaraz llega a la final tras lo que muchos describen como una de las semifinales más exigentes físicamente de su carrera. El número uno del mundo derrotó a Alexander Zverev en un maratón de más de cinco horas bajo un sol y unas condiciones de calor asfixiantes. Si a esa temperatura se le añade humedad alta, la ecuación se complica: el organismo suda más para enfriarse, pero enfría menos, y el coste se paga en forma de mayor deshidratación efectiva y mayor estrés térmico. Por ello, durante el partido, el español sufrió calambres, incluso vómitos sobre la pista, y necesitó atención médica en momentos decisivos.
Este tipo de síntomas (calambres musculares intensos, náuseas y fatiga profunda) están directamente asociados con la deshidratación y el desequilibrio electrolítico que provoca el calor extremo en un esfuerzo prolongado, incluso en atletas de élite bien entrenados. Esto no solo afecta al rendimiento, sino que obliga a gestionar la recuperación física de forma meticulosa para llegar a la final sin secuelas, como demuestra un estudio de 2018 sobre la prevalencia de incidentes de estrés térmico y rendimiento en partidos del propio Open.
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Frente a Alcaraz estará Djokovic, un jugador que con casi 39 años se ha convertido en el más veterano en alcanzar la final del Australian Open en la Era Abierta, extendiendo un récord de longevidad en el tenis profesional.
La ciencia constata que la edad, en términos fisiológicos, influye significativamente en la recuperación y la respuesta al estrés térmico. A medida que se envejece, la capacidad del cuerpo para disipar el calor y recuperarse rápidamente después de esfuerzos intensos disminuye, y se vuelve más vulnerable a la fatiga acumulada. Sin embargo, Djokovic ha demostrado una capacidad extraordinaria para gestionar calendarios exigentes y condiciones adversas con una combinación de técnica, experiencia y preparación física superior.
Fatiga y descanso insuficiente
Tras semifinales de cinco sets, ambos finalistas acumulan muchas horas de juego en pocos días, con descansos reducidos entre partidos y en condiciones ambientales extremas. Y si estas incluyen humedad, la recuperación se vuelve todavía más exigente: el cuerpo ha acumulado más carga térmica y el coste cardiovascular de “mantenerse frío” durante horas es mayor, de modo que el descanso entre rondas pesa más. Este tipo de acumulación puede aumentar el riesgo de lesiones por sobrecarga y fatiga crónica, por lo que la gestión del descanso, la hidratación y la recuperación serán claves para la final del domingo.
La exigencia también hace que incluso atletas sanos y en forma acumulen una carga fisiológica enorme tras partidos largos. Estudios sobre respuesta fisiológica al ejercicio en el calor muestran que cuando se combinan esfuerzos intensos con altas temperaturas, hay una mayor disipación de agua y electrolitos, un aumento de la frecuencia cardíaca y una mayor percepción de esfuerzo, factores que prolongan el tiempo de recuperación necesario entre encuentros.
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Además, la evidencia científica describe muy bien el peaje invisible del poco descanso. En un estudio con jugadores que disputaron cuatro partidos simulados de cuatro horas en cuatro días consecutivos, los investigadores observaron señales claras de fatiga acumulada: aumento de dolor muscular, elevación de creatina y cambios en variables de rendimiento y percepción de esfuerzo a medida que avanzaban los días. Es decir: incluso sin lesión, el cuerpo no vuelve a cero de un día para otro cuando los partidos son largos y se encadenan.
Todo esto deja claro por qué muchos jugadores requieren estrategia médica, fisioterapia y protocolos de hidratación especializados para simplemente estar listos al día siguiente después de un partido maratoniano.
Este domingo se juega la final del Open de Australia 2026 entre Carlos Alcaraz y Novak Djokovic. Pero más allá de la historia deportiva, el encuentro llega en un contexto extremo: las temperaturas en Melbourne llevan días superando los 38°C e incluso alcanzando picos cercanos o superiores a los 40 en plena tarde.