No es ningún secreto que la industria del videojuego está en un momento extraño, de cambios, de incertidumbres, de pocas certezas. Y no me estoy refiriendo al uso de la IA o lo rápido que algunos estudios están adoptando estas tecnologías y cómo los accionistas pueden afectar a la evolución de los estudios ante la más mínima novedad. A lo que me refiero es otra cosa que algunos veían desde hace mucho tiempo y otros, entre los que me incluyo, nos costaba más verlo venir.
Hace 9 o 10 años, una persona que ya no trabaja en la industria del videojuego de España pero que, entonces, ocupaba un alto cargo en un departamento de marketing, me compartió una cosa que, a pesar de mi incredulidad en aquel momento, casi sin darnos cuenta, se ha vuelto realidad. A grandes rasgos, lo que me dijo, es que en unos años, «esto será como la industria del cine, con solo 4 o 5 grandes editoras».
Con esta década ya pasada, lo cierto es que el panorama empieza a parecerse un poco al final de Vengadores: Infinity War, en especial a esa dolorosa escena en la que Spider-Man se desintegra entre los brazos de Tony Stark. Sí, porque es como si una parte de la industria se estuviera desintegrando… y aquí no hay plan para traerlos de vuelta.
Viendo el ritmo al que se destruyen puestos de trabajo o los estudios que echan el cierre o se ponen a la venta al mejor postor, esta es la nueva realidad. Xbox se ha convertido en el mayor editor, tras la adquisición de Activision Blizzard y Zenimax, con Bethesda al frente. Y aun así, las está pasando canutas, sin obtener grandes réditos.
Los colosos chinos, como Tencent, o grupos de inversores, han puesto sus ojos en las otrora joyas de la corona third party, como Ubisoft o Electronic Arts, mientras que otras, van a sufrir los daños colaterales de una gran y mediática compra, como es el caso de Warner Bros. Games, en la que Netflix parece haber dejado clarinete que «los jueguecitos» no valen nada de cara a la compra. Y es una pena.
Aún no está claro que pasará tras la compra, pero pongámonos en el peor de los casos, y que decidan no hacer nada. Imaginad que esto hubiera pasado hace 15 años. Quizá Batman Arkham City no hubiera sido realidad y nos habríamos quedado sin jugar éxitos recientes como Hogwarts Legacy. ¿Es para dar escalofríos? A mí unos pocos. Ahora pensad lo que nos podemos perder en el futuro, los proyectos que pueden dejar de ver la luz.
Son solo eso, cuatro nombres, los casos de EA, Ubisoft, Activision o Warner Bros. Games, pero que ilustran perfectamente hacia dónde va una parte de la industria, y que claramente es hacia otro modelo, hacia otro enfoque… y viendo los primeros pasos, no sé si me gusta lo que viene.
Primero, porque en algunos casos, los inversores, o socios accionistas, y han dejado claro que entran para hacer rentable los negocios. Es decir, que si Assassin’s Creed funciona, vas a desayunar, comer y cenar Assassin’s Creed hasta que la gallina de los huevos de oro literalmente reviente, bien por cansancio del público por la sobreexplotación, bien porque una entrega acabe saliendo rana y el público le de la espalda. Que no sería la primera vez.
El problema de jugar solo a «las licencias que funcionan» es justamente eso, ¿qué tendrás después si Assassin’s Creed o el próximo Far Cry fallan y no conectan con el público en algún momento? A día de hoy, parece que la nada. Porque ya no se arriesga, y si se hace es con fórmulas que, o no convencen, o traicionan el espíritu original. Solo hay que ver lo que dicen los trabajadores de Assassin’s Creed Invictus.
Que sí, que hacer un juego cuesta mucho dinero, lo que genera un problema circular, o la pescadilla que se muerde la cola: no invierto en crear nuevos juegos por el alto riesgo de que no se vendan, lo que me condena a seguir explotando mis licencias hasta que dejen de vender. Parece que hacer juegos mediocres con nombres conocidos no es el camino a seguir, salvo que quieras deteriorar tu imagen más rápido.
Siguiendo con el caso de Ubisoft, en esta nueva era, habrá distintas «casas creativas», pero que en realidad, suenan más a «granja de macroexplotación» de sus licencias rentables. Sinceramente no les veo pariendo algo como Immortals Fenyx Rising, un infravalorado juego que, siendo justos, no estaba mal. No era ni Zelda, ni God of War, pero sí un AA bastante potable y entretenido.
Quizá el consumidor medio tenga parte de culpa, sobre todo el que no sale del sota-caballo-rey de todos los años, es decir, y permitidme la simplificación máxima, el EA FC + GTA 5 + el Call of Duty de turno, y la mentalidad «con eso tengo para jugar todo el año», hasta que lleguen las siguientes entregas. Una visión que, todo sea dicho, cierra la puerta a descubrir la enorme gama de propuestas que hay en el mercado.
El caso de EA Games es parecido. Habrá que ver cómo los nuevos dueños del fondo de inversión saudí gestionan el cambio, pero de nuevo, están para recuperar dinero. No creo que den luz verde a juegos que no han sido el éxito esperado, como Dead Space; tampoco creo que veamos un nuevo Dragon Age en mucho tiempo, y a saber qué pasará con Mass Effect. De ideas nuevas ni hablamos. Pero cartas de EA FC 27 vas a desayunar, comer y cenar, eso por descontado.
Y ni voy a entrar en todo el tema de la inclusión y representación en los juegos, como puedan ser Los Sims 4, porque si hay dinero de por medio, oye, quien sabe… Lo triste es eso, que tampoco parece que vayan a dar muchas alas a la creatividad de los estudios que quedan dentro de EA, que se aferrarán a Star Wars, Battlefield y los deportes, y a ver qué pasa. No les veo creando juegos que llamen la atención, como Mirror’s Edge en su día. Esas cosas son arriesgadas ya.
Luego están los que se están trasformando, como Activision y su «te lo juro tío que el Call of Duty del año que viene es el bueno, que os hemos escuchado», pero mientras, por detrás, están tirando de IA para agilizar los procesos y crear «arte basura», porque está visto que ya no es suficiente tener 15 estudios desarrollando la pertinente entrega anual, que todo sea dicho, parecen haber perdido el norte.
Parece claro que incluso en un coloso como Microsoft, el objetivo es el dinero, y los jerifaltes están enfocados a eso, a mejorar el rendimiento de los estudios de Xbox Game Studios. Pero tampoco se entiende que cancelen juegos esperados como Perfect Dark o tengan decenas de licencias que la gente está pidiendo que vuelvan: Spyro, Crash, etc. etc.
¿Y con todo esto que quiero decir? Pues que parece que estamos en plena metamorfosis de los third parties «de toda la vida», cuyo papel puede terminar de cambiar por completo en los últimos años. Pero ojo, que como en todo hay excepciones: Capcom y su planteamiento están funcionando de escándalo, creciendo año tras año una barbaridad, y vendiendo todo su catálogo lo que no está en los escritos.
Por suerte, cada vez más juegos indie y producciones AA dan la campanada arriesgando donde los third party «de siempre» no se atreven a entrar, con propuestas que ya parecen incapaces de construir, con juegos que conectan con la gente, y oye, sin costar millonadas o esconderse tras un nombre conocido. Balatro (juego pequeño donde los haya), Clair Obscur Expedition 33 o los juegos de Josef Fares están ahí para recordarnos que se puede sorprender, conquistar y divertir sin recurrir siempre a lo mismo. Ojalá el resto tomen nota antes de que sea tarde.
Por suerte, algunos first party, como Nintendo o PlayStation, parecen tener las cosas bastante más claras, aunque no es menos cierto que también se enfrentan a algunos de estos peligros, como la amenaza de la IA… pero bueno, eso ya es otra historia para otro día.