The Walt Disney Company busca nuevo CEO. La salida de Bob Iger, pactada para el 31 de diciembre de este año, va de la mano del nombramiento de un sucesor con el que pueda realizar un traspaso de poderes efectivo. Aunque ya hay varios ejecutivos en las quinielas, la tarea está resultando muy compleja. La junta directiva quiere una transición ordenada y exitosa, tras el fracaso del nombramiento de Bob Chapek en 2020 (que motivó el regreso de Iger de forma temporal tan solo dos años después).
El reto de reemplazar a Iger
Reemplazar al carismático Bob Iger no es tarea fácil. Asumió el cargo en 2005 y ha sido un ejecutivo clave en la configuración del tipo de compañía que Disney es en la actualidad.
Iger fue artífice de varias adquisiciones estratégicas que consiguieron revitalizar el motor creativo de la compañía. La compra de Pixar, Marvel Entertainment y LucasFilm les permitió blindar la empresa con tres de las propiedades intelectuales más valiosas del mercado e inaugurar una etapa de dominio en la taquilla internacional durante una década y media, propulsando su crecimiento económico.
La época dorada de éxitos y la bonanza empresarial durante su mandato no es lo único que ha dificultado la búsqueda de un reemplazo. En todos los perfiles que los medios han publicado sobre él siempre se apunta su reticencia a abandonar su puesto (ha pospuesto su sucesión cinco veces), su visión estratégica y, sobre todo, la defensa de la creatividad como núcleo esencial Disney. Además, Iger ha demostrado una gran mano izquierda para gestionar egos, lo que le ha permitido sobrevivir en el complejo mundo de Hollywood. El estándar de su gestión se ha convertido en el mayor de los obstáculos para todos los candidatos que se han postulado para el puesto.
El fantasma de la sucesión fallida
Iger dejó su puesto de CEO en febrero de 2020, justo antes de la pandemia, aunque se mantuvo dentro de la compañía en calidad de presidente ejecutivo y director creativo. Según The New York Times, Iger se resistía a ceder el control efectivo sobre la empresa, lo que en gran medida socavó la autoridad de quien él mismo había elegido en calidad de sucesor. De hecho, el breve mandato de Bob Chapek como CEO es considerado uno de los capítulos más dramáticos de la historia corporativa de la compañía.
La sucesión empezó con muy mal pie. La lucha de poder entre ambos fue evidente desde el primer día. Chapek, sintió que Iger no le cedía el control real y que ninguneaba su gestión. Además, la junta nunca llegó a entrevistarlo formalmente. Con el paso del tiempo y el difícil contexto de la pandemia, la junta directiva se dio cuenta de que su perfil no era el más apropiado para dirigir la empresa
Chapek venía de dirigir la división de VHS, productos de consumo y parques temáticos. Era, básicamente, un hombre de números con escasa diplomacia y sin el carisma de Iger. Esto le hizo chocar con la cultura creativa de la compañía, que vio como daba prioridad a la reducción de costes y la eficiencia de las operaciones. Su actitud estuvo en la base de numerosos conflictos, como la gestión de la disputa contractual con Scarlett Johanson por el estreno de Viuda Negra simultáneamente en cines y en Disney+ o el desastre de relaciones públicas que se generó al no tomar partido ante la controvertida ley “Don´t say gay” en Florida.
La guinda del pastel fue el haber tratado de maquillar las pérdidas de la división de streaming durante la presentación de resultados en otoño de 2022. Esto llevó a la junta a despedirle con efecto inmediato. Iger regresó en noviembre de 2022, aunque de forma temporal. El pacto fue que, antes de que venciese su contrato (el 31 de diciembre de 2026) designaría a un nuevo sucesor y supervisaría la transición antes de retirarse.
Los posibles candidatos
La junta directiva, liderada por James Gorman, ha descartado a candidatos externos y se ha centrado en cuatro ejecutivos que ya trabajan en la compañía. Dos nombres suenan con mucha fuerza: Josh D’Amaro y Dana Walden.
Josh D’Amaro (presidente de parques, experiencias y productos) es el favorito en todas las quinielas. Además de gestionar la división más importante y rentable de la compañía, se le considera un hombre carismático y analítico, con el estilo de gestión de Iger. Sin embargo, hay un importante factor en su contra: no tiene experiencia en desarrollo de contenidos, factor de gran peso en algunas de las peores decisiones de Chapek.
Dana Walden (copresidenta de Disney Entertainment) es la rival más fuerte de D’Amaro. Como ejecutiva creativa consumada, tiene lazos estrechos con el talento de Hollywood (agentes, guionistas, estrellas). Además, ha impulsado los márgenes de beneficio del streaming y ha resuelto numerosas crisis de relaciones públicas. El principal problema es que Walden no lleva mucho tiempo en Disney: llegó con la adquisición de Fox en 2019. Además, tiene escasa experiencia en la gestión de parques temáticos.
Los dos candidatos que cierran la lista son Alan Bergman (copresidente de Disney Entertainment) y Jimmy Pitaro (presidente de ESPN). Bergman es otro veterano de Disney que ha dedicado media carrera profesional a supervisar los estudios de cine. Es poco probable que reemplace a Iger, al tener un perfil más bajo que el de D’Amaro o Walden. Por lo que respecta a Pitaro, su falta de experiencia en entretenimiento y experiencias lo relegan al puesto más bajo de la lista.
La to do list del nuevo CEO
El nuevo CEO de Disney llegará a su despacho con una extensa lista de deberes. Uno de ellos será impulsar el crecimiento y la rentabilidad del streaming. Aunque las operaciones directas al consumidor de Disney están en el umbral de rentabilidad, los inversores exigen márgenes operativos más altos. También deberá hacer frente al declive de la televisión lineal, con especial atención al caso de ESPN. Ha perdido suscriptores del servicio de cable y necesita migrar a un modelo digital rentable sin canibalizar sus ingresos actuales. El CEO, además, heredará acuerdos muy costosos, como la compra de derechos de la NFL (que incluye una participación accionarial de la liga en ESPN) y un acuerdo de 1.600 millones de dólares con la WWE.
Conseguir más éxitos en salas de cine será otra de las grandes prioridades. Los próximos años vendrán cargados de nuevas entregas de grandes franquicias y es imperativo que el famoso círculo virtuoso creativo sobre el que se asienta la estructura de Disney (una película exitosa impulsa la venta de juguetes, la asistencia a parques y la contratación de suscripciones) funcione con precisión milimétrica.
La consolidación de la división de parques y experiencias, pulmón financiero de la compañía, será otra línea de actuación fundamental. El próximo CEO deberá gestionar una expansión de capital de 60.000 millones de dólares en 10 años para parques y cruceros. Esto requerirá una gestión impecable para que el gasto no afecte el flujo de caja libre a corto plazo que pueda poner en peligro la principal fuente de efectivo real de la compañía.
La sucesión de Bob Iger no es un mero cambio de liderazgo: es una decisión que marcará el rumbo de Disney en una de sus etapas más complejas. La compañía necesita un perfil capaz de gestionar la presión del propio legado, mantener el equilibrio entre creatividad e ingresos, acelerar la transformación digital y reforzar el músculo financiero sin sacrificar la identidad que la ha hecho única. Teniendo en cuenta los antecedentes, el quién parece casi más importante que el cómo.