La carrera espacial entre Estados Unidos y China se desarrolla en la búsqueda de ambos por alcanzar el dominio geopolítico, la seguridad nacional y el control de los recursos. En el centro de esta batalla se encuentra SpaceX, la compañía fundada por Elon Musk que, con su nave Starship es la clave para que desde el país norteamericano consigan regresar a la Luna antes de que lo consigan sus homólogos chinos. Tanto China como EEUU trabajan en sus respectivos proyectos para llegar antes que sus rivales al único satélite natural de la Tierra.

Durante la Guerra Fría, hubo una gran rivalidad espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, aunque aquella carrera culminó en el año 1969 después de que Neil Armstrong llegase a pisar la luna, consolidando la victoria estadounidense. Tras la desintegración de la URSS, China emergió como una superpotencia tecnológica y grandes ambiciones espaciales, y a diferencia de por aquel entonces, ahora la competencia espacial se da principalmente por ser un instrumento de poder militar y dominio estratégico.

China tiene un plan ambicioso para llegar a la Luna y según documentos filtrados en abril de 2025, planea lanzar el primer cohete CZ-10 en 2027, además de realizar la primera misión tripulada alrededor de la Luna en 2028 con la nave Mengzhou y completar el primer alunizaje chino en el satélite antes de finales de 2030. Estos planes están pensados para llevar astronautas a la Luna antes de que EEUU pueda hacer lo propio con la misión Artemis III.

Para preparar su alunizaje, China lanzará en el presente año 2026 la sonda robótica Chang’e-7, que buscará hielo de agua en el polo sur lunar. Gracias al hielo podrían producir oxígeno y combustible, lo que facilitaría unas futuras bases lunares permanentes, pues su intención es llegar a la Luna, pero también establecer una presencia sostenible en ella.

El papel de SpaceX en la carrera espacial

SpaceX juega un papel fundamental en la carrera espacial estadounidense, pero no todas son buenas noticias. En octubre de 2025, Sean Duffy, que por aquel entonces era el administrador interino de la NASA hasta la llegada al cargo de Jared Isaacman, desveló que la compañía espacial de Elon Musk estaba retrasada en el módulo de aterrizaje Starship para Artemis III, y la NASA abriría el contrato a competidores como Blue Origin.

La misión Artemis III estaba originalmente programada para 2024, pero ha sido pospuesta a mediados de 2027. El contrato de SpaceX, actualmente valorado en 4.400 millones de dólares (inicialmente, 2.900 millones), cubre el desarrollo de una versión modificada del Starship. Sin embargo, los problemas técnicos que han acumulado sus vuelos de prueba han generado dudas de si finalmente SpaceX podrá cumplir con el cronograma del Gobierno de Donald Trump, que pretende que Artemis III despegue antes del final de su mandato, en enero de 2029.

El propio Duffy confesó que “el problema es que se están retrasando. Han extendido sus plazos y estamos en una carrera contra China”, más allá de pensar en la Luna como un destino turístico, los expertos consideran que tener el control de la órbita lunar y de los recursos lunares tiene implicaciones directas en la seguridad nacional.

Estados Unidos tiene en sus planes la construcción de un reactor nuclear en la Luna para 2030 que pueda suministrar energía a una base lunar permanente, mientras que China tiene planes similares de cara a 2035, en su caso contando con Rusia como socio. En todo caso, quién consiga establecer primero una base lunar capaz de generar energía limpia y extraer recursos tendrá enormes ventajas económicas y militares.