El régimen cubano aseguró este domingo que no representa una amenaza para la seguridad de Estados Unidos y se declaró dispuesto a “reactivar y ampliar la cooperación bilateral” en áreas como la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, la trata de personas y la ciberseguridad.

En una declaración difundida por el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), La Habana afirmó que “Cuba no alberga bases militares o de inteligencia extranjeras” y que “no apoya, financia ni permite actividades terroristas”, al tiempo que propuso retomar los canales técnicos de colaboración con Washington “en beneficio de ambos pueblos”.

El régimen reafirmó “su compromiso de cooperar con los Estados Unidos y otras naciones para fortalecer la seguridad regional e internacional”, cuando en reiteradas ocasiones ha sido señalado por ser uno de los principales agentes desestabilizadores del continente, debido a su apoyo a movimientos autoritarios, operaciones de inteligencia y redes de influencia política y militar en América Latina, en alianza con regímenes como el de Rusia, considerado por Washington como amenazas a la seguridad global.

El mismo gobierno que tenía militares en Venezuela, 32 de los cuales fueron eliminados por Estados Unidos, ahora dice estar dispuesto a «colaborar». 

La declaración llega en medio del clima de máxima tensión generado por las políticas del presidente estadounidense Donald Trump, quien en las últimas horas ha anunciado la imposición de aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba, ha restringido las remesas y viajes hacia la isla, y ha declarado al régimen como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos.

El texto del MINREX plantea que “la cooperación y la coexistencia pacífica” son posibles si se basan en el respeto mutuo y el derecho internacional, aunque advierte que Cuba “no renunciará jamás a la defensa de su soberanía e independencia”.

La declaración intenta proyectar una imagen de apertura tras el endurecimiento de la política de Washington, que incluye un bloqueo energético casi total, la suspensión de los envíos de crudo mexicano a la isla y la revisión de las sanciones financieras contra el conglomerado militar GAESA, controlado por Raúl Castro.

Esta nueva declaración del régimen cubano llega apenas un día después de que La Habana se presentara como víctima de la “impunidad” y el “abuso”, en respuesta a la orden ejecutiva del presidente Donald Trump que busca cortar el suministro de combustible hacia la Isla.

En ese comunicado, el MINREX denunció lo que calificó como una “escalada del cerco económico” de Estados Unidos, luego de que Washington declarara una emergencia nacional para imponer aranceles a los países que suministren petróleo al régimen.

La contradicción resulta evidente: un Estado acusado de reprimir, censurar y empobrecer a su propio pueblo intenta ahora mostrarse ante la comunidad internacional como un actor de buena fe que busca cooperación y respeto.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reveló este domingo que su administración mantiene conversaciones con altos funcionarios del régimen cubano para explorar un posible acuerdo con la isla.

Durante declaraciones a la prensa desde su residencia en Mar-a-Lago, en Florida, el mandatario aseguró que Washington está “hablando con gente de los más altos niveles en Cuba para ver qué pasa” y reconoció que su objetivo es lograr un entendimiento que favorezca tanto a los cubanos dentro de la isla como a los que viven en el exilio.

Cuba es una nación fracasada. Lo ha sido desde hace mucho tiempo, pero ahora ya no tiene a Venezuela para sostenerla”, dijo Trump, al referirse al colapso energético y financiero del régimen tras la caída del chavismo y el fin del envío de petróleo.

Además, afirmó que estaría dispuesto a alcanzar un acuerdo con el régimen cubano si el país inicia un proceso de apertura política y abandona el sistema comunista.

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