Nacho Cavia

Lunes, 2 de febrero 2026, 07:19

Hina Fuerte Bisoyo no podía dejar de reconocer que a veces se le quedaba mirando como si fuera de otro mundo. La personalidad arrolladora de Pablo Picasso tenía esa consecuencia. «Una mirada que te desarmaba», declaraba en una publicación española de los años 80. Le conocía bien, aunque su relación principal era con Bernard, el nieto del ilustre artista malagueño, el «niño de sus ojos», con el que se gastaba parte de lo que cobraba por su cuidado, contra todos los consejos de amigos y familiares. Un niño que compartía aquella mirada especial.

Los azares de la vida y la Guerra Civil llevaron a aquella chica palentina afincada en Reinosa a Arlés, con su novio torero, Luis Muñoz, hermano de Paco Muñoz, que era empresario taurino y tenía alquilada la plaza de toros de aquella ciudad francesa.

No hacía falta mucho más para entablar amistad con la familia del pintor. El empresario ya conocía a su hijo Pablo, ‘Polo’, como le llamaban allí, y tenía «mucho roce» con la familia. Luis se hizo cargo de la escuela taurina y, como contaba la propia Hina, «un día Picasso se presentó pidiendo recibir lecciones de tauromaquia». No se sabe siquiera si llegó a recibir alguna, pero sí que Hina se hizo cargo de Bernard, hijo de ‘Polo’ Ruiz Picasso y su segunda esposa, Cristina, al año y medio de su nacimiento. Una relación de amistad con la familia que se alargó durante más de 20 años.

«Picasso confiaba en Hina, que se convirtió en el ángel de la guarda de su nieto Bernard»

«El artista tenía como cualidad ser amigo de sus amigos, y con Hina se portó muy bien»

Teresa Santiago

Sobrina de Hina Fuerte

La Biblioteca Municipal Sánchez Díaz de Reinosa ha recordado esa relación con una exposición que resalta el cariño que los Picasso tenían por Hina y reproduce algunos de los catálogos que el pintor firmó y dibujó como regalo para ella. Una pequeña muestra que se podrá ver hasta finales de enero en La Casona de la ciudad campurriana.

Ya son muchas las personas que se han acercado a un expositor que llama la atención en el pasillo principal de los locales que ocupa la biblioteca en ese edificio. La gran mayoría reconoce que no conocía la relación de la protagonista con Picasso, y a nadie deja indiferente su vida.

Uno de los catálogos que el pintor dedicó a Hina.

Uno de los catálogos que el pintor dedicó a Hina.

DM

La historia comenzó en Palencia, donde nació Hina Fuerte. Lo recuerda perfectamente una de sus sobrinas, Teresa Santiago, que aún reside en la ciudad. «Nació en Palencia y se vino a Reinosa con su madre, que se había quedado viuda, porque su hermano mayor había encontrado trabajo en la Naval». «Era muy culta, había estudiado en Palencia bachiller y esos estudios, en aquellos tiempos, no los tenía cualquiera, menos una mujer». Pero tras la Guerra Civil tuvo que abandonar la capital campurriana por motivos ideológicos. Viajaron a Arlés y allí comenzó la relación con los Picasso.

Ella cosía «muy bien», pero no se quedaba ahí, no se le caían los anillos para remangarse y meterse en la taquilla de la plaza de toros a vender entradas.

Las dos familias se conocían, los Picasso necesitaban una niñera y confiaba en Hina, con lo que se convirtió en el ángel de la guarda del joven Bernard.

Teresa tuvo una muy buena relación con Hina, muchas horas compartidas escuchando aquellas aventuras. «Era una persona muy abierta, que había vivido muchas cosas, muchas situaciones, había conocido a grandes personajes, y, bueno, eso, como no puede ser de otro modo, deja su huella». De esas personalidades, muchas tenían relación con el mundo de los toros, como Dominguín.

Recuerda que su tía le contó que la familia del pintor «era muy peculiar», un Picasso con el arte como máxima prioridad y sus hijos «un poco a su aire». Que el artista tenía buen humor y que le sorprendía que le llamaran ‘monseñor’, algo que a él no le disgustaba. Pero destacaba una cualidad que el malagueño llevaba a la práctica, «él era amigo de sus amigos y con Hina se portó muy bien». En muchas ocasiones Picasso le firmó programas taurinos con un pequeño dibujo añadido, sabiendo de su valor, publicaciones que, en su mayoría, están en el museo dedicado al artista en Málaga.

El tiempo pasó, Bernard creció, Hina dejó Arlés y los últimos años en Francia fueron en París, en una portería de un edificio «importante, donde también hizo muchos y grandes amigos, que pasado el tiempo seguían mandándole regalos a Reinosa». Y es que, tras su prolongado exilio, regresó a su ciudad de adopción allá por los años 80, una vez instaurada la democracia.

A su regreso a Cantabria Hina Fuerte no solo recibió regalos. Al poco tiempo de llegar fue a visitarla Cristina, la madre de Bernard, preocupada por su situación, un «bonito gesto que dejaba a las claras el cariño que le tenía la familia Picasso».

Reporta un error

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Volver a intentar

Sesión cerrada

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

Este contenido es exclusivo para suscriptores

¿Tienes una suscripción?