El protagonismo de la jornada lo acaparó el cierre del mercado invernal. Ese al que llegaron tarde, en palabras de Muriqi, como el anterior y el otro. Y el otro. Y más grave parece el asunto cuando el equipo contra el que juegas se ‘ríe’ de ti al darle la titularidad a uno de los fichajes de invierno. La realidad es que el Sevilla, con la crisis institucional que arrastra de años atrás, trabaja mejor que tú. Es así. Cuando las cosas no se hacen bien desde arriba las consecuencias se sufren en el verde y al que más le duele es al aficionado, que quiere ganar como sea. El once que presentó Arrasate fue el mismo que pudo haber presentado en cualquier otra jornada de las pasadas 21 pero decidió apostar por devolverle la titularidad a Jan Virgili, el jugador más desequilibrante (sino el único de ese talante) de la plantilla, y darle la enésima oportunidad a Asano en detrimento de Antonio Sánchez y Mateo Joseph, que empezaron el duelo ante el Atlético de Madrid. El técnico borró de arriba a abajo el dibujo de la pizarra del Metropolitano y volvió a buscar la profundidad por banda con los dos extremos.
La situación mallorquinista pareció atacar al orgullo de los futbolistas locales, que salieron al césped de Son Moix con ganas de centrar la atención en lo meramente futbolístico. Un Samu Costa muy activo contagió a sus compañeros y con un par de recuperaciones permitió la creación de varias jugadas de peligro para el Mallorca. Primero Virgili, desde fuera del área, probó a Vlachodimos y Muriqi en el córner posterior conectó el centro desde la esquina que se marchó por poco por encima de la meta sevillista. El plan de Arrasate cambió radicalmente de una semana a otra y la propuesta consistió en una presión alta que ahogó la salida de balón del Sevilla. Duró 15 minutos. A partir del cuarto de hora, los de Almeyda apretaron y encerraron a los bermellones con una serie de disparos de cualquier distancia que calmó el ímpetu con el que empezó el Mallorca. Virgili resurgió y en una de sus eléctricas incursiones, lió a Carmona que no supo donde se metió el extremo y sacó la pierna con la que lo derribó. Penalti. Muriqi no faltó a su cita con el gol y mandó el balón al fondo de la red por decimoquinta vez esta temporada. El tanto activó de nuevo a los rojillos y reanudaron el plan inicial del míster: presión constante y criterio con el balón, cuando se pudiera. Mascarell, que cumplía años, se autorregaló la amonestación al borde del descanso por una dura entrada sobre Juanlu y, un minuto después, generoso, regaló junto a Virgili el gol al Sevilla. El centrocampista y el extremo no se entendieron y se estorbaron en un balón dividido en su propio campo. Los andaluces armaron rápido el contragolpe y el refuerzo invernal nervionense teledirigió un obús a la escuadra imposible para Leo Román. Inmejorable carta de presentación para Maupay, un futbolista recién llegado que recordó la importancia de una buena planificación deportiva. La del francés fue una diana de esas a las que llaman ‘psicológicas’, pues el Mallorca la encajó en el 47’. 1-1 al término del primer tiempo.
El segundo período lo abrió una tímida pitada del público de Son Moix hacia Aduriz cuando su figura emergió en el videomarcador. Clara señal del descontento mallorquinista con el ‘trabajo’ realizado por la dirección deportiva en estos últimos mercados. En el césped, la actitud bermellona no cambió con respecto al inicio del choque. Hasta en dos ocasiones pudo Muriqi distanciar a su equipo en el marcador pero los esfuerzos defensivos del Sevilla mermaron los intentos. Primero, un ‘pase de la muerte’ de Darder que encuentra Carmona antes que el kosovar y manda a córner y después un remate que saca Vlachodimos con una estirada espectacular. El Mallorca quería más y por medio de Virgili siempre llega ese plus. Cuando el catalán pisa área significa peligro. Como hiciera en el primer tiempo, se coló entre una maraña de jugadores sevillistas y envió un centro listo para ser empujado por Samu Costa. El portugués hizo el segundo y devolvió la alegría a una grada con un ojo pendiente en el mercado. Arrasate movió ficha rápidamente y dio entrada a Antonio Sánchez por Asano, cambiando el dibujo de nuevo. Partido discreto del japonés. Uno más. Almeyda también reaccionó al gol del Mallorca y puso pólvora sobre el césped. Ejuke y Alexis entraron para descolocar a la defensa local y así lo hicieron en su primera asociación. El nigeriano se marchó por banda derecha y envió un centro raso al área que por poco no remató Akor y que por nada no convirtió el chileno. El Mallorca siguió a lo suyo. La actitud de los jugadores fue una característica inédita en este último año que floreció en este encuentro y se comió al Sevilla en la medular, traduciéndose en ocasiones claras. Y de ahí apareció el tercero. Mojica dejó solo a Samu Costa y obedeció a Darder, que con la mano señaló a Muriqi, quien venía como un tiburón que huele sangre a por el gol. El kosovar remató a puerta pero topó con la espalda del futbolista de Artà y el balón entró igualmente. No fue un gol de ‘Puskás’, pero valió igual. Entonces el mallorquinismo se desabrochó el botón del pantalón y se puso cómodo viendo los minutos pasar. Reapareció Morlanes un mes después y Mateo Joseph entró con él al campo, dando descanso al eléctrico Virgili y el goleador inesperado Darder a falta de 10 minutos para el final. Ejuke no tiró la toalla y lo siguió intentando en su banda más que nadie. De sus botas nacieron las más claras oportunidades de gol de su equipo en los instantes finales del choque pero no logró inquietar sobremanera la meta guardada por Leo Román. La guinda la puso Abdón, que entró en el descuento con un Pablo Torre algo serio por dos de los hombres del partido: Muriqi y Samu. Lo último que esperaba cualquiera de los 15.621 mallorquinistas presentes era marcharse de Son Moix montando una fiesta y de eso se encargó Pablo Torre, que descargó su frustración por la falta de minutos contra el banderín de córner tras el cuarto y último tanto. Mateo Joseph encontró al cántabro y tras una serie de rebotes encontró las mallas sevillistas.
Los tres puntos son un oasis en el desierto que ha sido este mes de enero y el mercado invernal, que todo parece indicar que acabará con la llegada de Zito Luvumbo, delantero angoleño del Cagliari. Con esta victoira, el Mallorca escala a la decimocuarta plaza y se toma un respiro fuera de las amenazantes plazas de descenso.