Hay conflictos que se agarran al audiovisual occidental como el arroz a la cazuela en un mal guiso. España se sacudió la coletilla de la Guerra Civil hace más años que vida tienen algunos de los que lo utilizan como crítica; Estados Unidos no va a ser menos.
La guerra de Vietnam, la de Independencia, la eterna Segunda Guerra Mundial… todo conflictos bélicos, por lo que sea. Uno de ellos es la Guerra Fría. No como hecho histórico cerrado, sino como parque temático.
Un imaginario colectivo reciclable que se ha convertido, como el resto de ejemplos, en un género en sí mismo. Estados Unidos contra Rusia. Capitalismo contra comunismo. Y en Occidente la tostada siempre cae del mismo lado.
Ponies entra en este terreno. La nueva serie disponible en SkyShowtime está protagonizada por una exquisitamente encantadora Emilia Clarke y su deslenguada compañera Haley Lu Richardson que nos introducen en Rusia como Personas sin Intéres (Person Of No Interest). Los PONIES.
Creada por Susanna Fogel y David Iserson, Ponies juega con este mito desgastado de la narrativa fílmica, suavizándolo con humor y una pátina feminista amable. Una serie que te acompaña con la misma comodidad que el sofá, pero sin obligarte a despertar en ningún momento.
La tostada que siempre cae por la mantequilla
Entonces, ¿de qué va Ponies? Son dos mujeres estadounidenses en el Moscú de finales de los 70 que, sobre el papel, no pintan absolutamente nada. Son parte de la coartada de sus maridos, que sí son espías de la CIA.
Son las esposas, las acompañantes silenciosas. Personas de no interés. Hasta que sus maridos mueren en un vuelo en circunstancias extrañas y deciden dejar de ser personajes secundarios de otras vidas para convertirse en espías protagonistas.
Aquí un detalle importante: Ponies no quiere competir con el cine de espionaje denso y hasta paranoico de The Americans o las adaptaciones de John Le Carré. No hay tanto de ideologías —más allá de lo inevitable—, sino de iconografía.
Moscú es la jaula de las protagonistas y la KGB el tigre con el que les tocará bregar durante la primera temporada de la serie. La base es la misma. Pero la serie no quiere incomodar; te recuerda que estás en casa.
Reconoces el tablero y sus reglas; todo se dibuja bajo una capa de ligereza amparada por el arquetipo de la elegancia heroica del espionaje de la CIA frente a la despiadada e implacable crueldad de la KGB.
Fogel y Iserson escriben aquí una narrativa medida con inteligencia real. Su trayectoria ha orbitado alrededor de personajes femeninos que se mueven en terrenos tradicionalmente masculinos, utilizando el humor como palanca para romper algunas dinámicas.
El espía que me plantó (2018) o Súper empollonas (2019), más allá de su resultado, sembraron las bases de lo que es hoy Ponies: una serie que rebaja asperezas, mantiene su planteamiento feminista y lo desarrolla de forma amable, accesible y, lo más importante en el código actual, exportable.
Porque la serie también presentará su clásica némesis: un ruso de semblante casi vampiresco, rubio y de cara alargada con un fetiche por las ropas oscuras al que da vida Artjom Gilz. Pero el equilibrio es brillante.
Ponies navega entre las expectativas del género con una ligereza basada en el humor realmente agradable. Es, con distancia evidente, la misma dinámica sobre la que hablaba hace poco de Puñales por la espalda; una segunda generación del thriller que se permite bromear consigo mismo.
El conflicto histórico sigue siendo el motor narrativo, pero el humor y su temática feminista aportan las notas de dulzor que dejan la jugada a remate del delantero. Y Emilia Clarke y Haley Lu Richardson no fallan.
Espías para la era del streaming
Si Ponies funciona —y lo hace— es gracias a su casting. Clarke y Richardson son pura química en pantalla.
La primera construye a su personaje desde la dulzura, el gesto mínimo y la ya icónica sonrisa de cejas que introduce tanta inocencia como inseguridad. Su arco es el más reconocible: de la contención al empoderamiento.
Richardson es puro contraste. Twila, compañera en el espionaje de Bea (Emilia Clarke), es todo energía física y verbal. Ella permite a la serie relajarse, reírse de si misma, y ofrecerte un punto de identificación menos idealizado.
Juntas pueden protagonizar tu momento de placer culpable. De sofá-porque-hoy-no-me-apetece-moverme. Que te pedirá que abraces los estereotipos, que te dejes llevar… porque ya tienes el trabajo hecho.
La serie no necesita explicar ni justificar la disposición del tablero. Desde la brutalidad latente de la KGB, pasando por una sociedad rusa ultramachista o la camaradería proletaria como caricatura moral.
Es un pacto contigo, parte del contrato. Uno que funciona, pero que como discurso cultural es perezoso. Su objetivo, al fin y al cabo, no es revisar el mito, sino usarlo como colchón narrativo. No le vayas a pedir peras al olmo.
Ponies es una serie que te deja verla con gusto. Entretenida, agradable, sostenida por dos protagonistas que elevan el material y que en otras manos podría ser ciertamente olvidable.
No esperes una gran odisea del espionaje, ni una revisión del género, ni siquiera un discurso feminista hipermarcado o reflexivo. Ni quiere ni puede marcar tendencia, pero cumple lo que promete: una experiencia cómoda, bien interpretada y narrativamente eficaz. Hoy se elige sonreir.
Valoración
Nota 67
Ponies es una serie simpática, con oficio y encanto que rebaja tensiones con el humor y que consigue ser extremadamente amable de ver.
Lo mejor
La química entre Emilia Clarke y Haley Lu Richardson, que sostienen la serie aún con la comodidad autoconsciente del guión.
Lo peor
¿Su falta de ambición? Y no por ello deja de ser un viaje funcional y agradable.