Martes, 3 de febrero 2026, 08:14
Todos los martes, desde hace ya 25 años, la pista del pabellón del colegio Maristas se convierte en algo más que un lugar para hacer deporte. Allí se reúnen las denominadas como Las Herminias Basket, un grupo de mujeres cuyo lazo es el baloncesto, que les ha llevado a una historia común de amistad y pasión compartida.
Marisol Llamazares, capitana del equipo, resume el espíritu del grupo con naturalidad y sin quitarse la sonrisa: «Venimos a jugar porque nos gusta, porque lo necesitamos y porque aquí somos nosotras mismas». Lo que hoy es un equipo consolidado comenzó de forma casi improvisada, cuando varias exjugadoras universitarias, tras terminar esa etapa, se encontraron sin un lugar donde seguir practicando el deporte que las había acompañado durante años. Consiguieron un hueco una hora a la semana y empezaron a reunirse. Desde entonces, no han dejado de hacerlo.
Con el paso del tiempo, el grupo se ha ido renovando. Han entrado jugadoras de distintas generaciones, desde antiguas componentes del Club Baloncesto Aros hasta mujeres que, tras años alejadas del baloncesto, decidieron dar el paso y retomarlo. Actualmente, las jugadoras en activo tienen entre 40 y 57 años, una franja que rompe con muchos de los tópicos asociados al deporte femenino y a la edad.
Una cita obligada
Las Herminias entrenan y disfrutan. Cada martes disputan un partido intenso, cinco contra cinco o cuatro contra cuatro, durante una hora que viven «como si se les fuera la vida en ello». No hay banquillo ni pausas innecesarias. Es una cita imprescindible y, para muchas, «el mejor día de la semana», como así reconoce Bosena Barrientos, otra de las jugadoras.
Aunque el objetivo principal no es competir, el equipo también ha aceptado desafíos. Este año participaron en campeonatos en Vigo, Pontevedra y Marín, enfrentándose a equipos de una liga gallega de veteranas. Fue una experiencia exigente, reconocen, pero muy positiva. «Competir con gente de tu edad sí, con gente mucho más joven no es viable», explican también con un ápice de realismo.
Imagen de una de las jugadoras del equipo.
El aspecto físico es importante, y no se esconde la dificultad. Las lesiones han obligado a algunas a frenar y dejarlo. «El baloncesto a estas edades no es para cualquiera. Hay que llegar con una base previa y una buena condición física», admiten. Aun así, el grupo no está cerrado. Quien haya jugado alguna vez y quiera volver, puede encontrar aquí un espacio, siempre que el número lo permita.
Pero si algo define a Las Herminias Basket no es el marcador, sino lo que ocurre fuera de él. Patricia Yáñez, otra de las jugadoras, explica cómo este equipo va más allá del deporte: «Aquí hemos contado cosas personales que no hemos contado en otros sitios. Nos hemos ayudado en momentos difíciles. El baloncesto nos unió, pero lo que tenemos es un grupo de amigas».
El nombre del equipo también es especial. ‘Las Herminias’ nace como un guiño cariñoso, casi una broma interna, en honor a una niña que aún no había nacido: Carmela, hija de una de las jugadoras, a la que empezaron a llamar Herminia antes incluso de tener nombre. De ahí terminaría surgiendo la identidad del equipo.
Veinticinco años después, Las Herminias Basket siguen botando el balón cada martes, compitiendo, riendo y, sobre todo, apoyándose, demostrando que el deporte no solo mantiene el cuerpo en forma, sino que crea vínculos que pueden durar toda la vida.
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