Nada más que termine en Estambul el encuentro contra el Anadolu Efes, el Valencia Basket iniciará el protocolo de seguridad para el partido contra el … Hapoel, que la Euroliga confirmó que se disputará este jueves en Tel Aviv a las 20 horas. Es el mismo protocolo que se aplicó en diciembre tras el encuentro en El Pireo frente al Olympiacos y el posterior viaje a Jerusalén para jugar contra el Maccabi pero en esta ocasión, con todo lo que se ha vivido en las últimas horas, el hermetismo será total. Nada se podrá hacer público del viaje de los taronja a Israel, ni los vuelos, ni el lugar donde se alojarán ni la agenda de entrenamientos que seguirán cuando toquen suelo israelí. Ningún detalle o pista por parte de nadie de la expedición en redes sociales y máximo cuidado con las comunicaciones. Es la ‘normalidad’ que siguen los equipos que viajan a Israel desde que la Euroliga les dio la bendición para que volvieran a disputarse allí los partidos.
Lo vivido en los dos últimos días es un capítulo más de la incoherente decisión del COI o la FIBA de no suspender a los equipos de Israel como sí hizo, acertadamente, con los de Rusia. Los clubes, en este caso el Valencia Basket, están pagando una tensión que, por cierto, condiciona el ejercicio de su trabajo. Es inevitable que la atención haya estado en Estambul, más allá del scouting para ganarle al equipo de Itoudis, en el clima de tensión abierto entre Estados Unidos e Irán que puede desembocar, tal y como amenazó el líder iraní, en «una guerra regional». Si eso ocurre, Israel será un objetivo prioritario de ese enfrentamiento.
Esa amenaza de seguridad es la que motivó la consulta de la Euroliga a la Interpol, donde también intervinieron el Gobierno de España junto a la Policía Nacional y el Ministerio de Cultura y Deportes de Israel tal y como pudo confirmar este periódico desde Estambul. Con la opción de trasladar el partido a Sofía (Bulgaria) o a Belgrado (Serbia) donde este martes juega el Hapoel si estábamos ante el escenario de un posible ataque. La decisión final se basó en el informe de seguridad que mantiene la alerta pero no entiende que a corto plazo haya peligro de ataque, aunque se va a seguir monitorizando la situación a corto plazo para los siguientes encuentros programados en Israel. Es por ello que también se jugará este martes, por el mismo informe favorable a día de hoy, el partido entre el Maccabi y el Partizan en el mismo pabellón, el Menora Mivtachim Arena, donde jugarán el Hapoel y el Valencia Basket. Una vez tomada la decisión, fue trasladada a los clubes. En el caso de los valencianos, la acataron y se presentarán al partido en Tel Aviv.
Analizando los precedentes, y la actitud de las dos entidades en las últimas horas, lo que está claro es que el Valencia Basket volverá a vivir otro clima de máxima tensión. El Hapoel, directamente, alentó una noticia falsa en su comunicado del lunes cuando advirtió lo siguiente: «Se ha publicado la noticia de la intención del Valencia de no asistir al partido del jueves en Israel». Algo que nunca ocurrió. Ahí, el club israelí o mintió directamente o se sirvió de una noticia falsa para tensar la cuerda. Algo que no les exculpa, puesto que para publicar algo así deberían haber confirmado su veracidad. Sea un motivo u otro, volvieron a jugar sucio contra la entidad del Roig Arena. No es la primera vez. En el segundo partido de la semifinal de la Eurocup de 2025 en Samokov, no garantizaron en ningún momento la seguridad de la expedición taronja, algo que tuvo como consecuencia que se bordeara la violencia física. La Euroliga les multó con 4.000 euros por los insultos al Valencia Basket. El presidente del Hapoel, Ofer Yannay, aún debe estar riéndose de la multa. Como de los 5.000 que le pusieron a él por menospreciar en público a Pedro Martínez. Por si faltara mecha, el club volvió a poner las entradas a la venta para el partido cuando recibió la confirmación de la Euroliga sobre la sede con un mensaje explícito: «El Valencia llega a Tel Aviv. ¿Hace falta añadir?». Sí, hace falta añadir muchas cosas. El Valencia Basket, como cualquier equipo, merece para ejercer su trabajo un trato digno, de seguridad y que respete las normas básicas de derechos humanos, como la de que sus jugadores de raza negra no reciban insultos racistas. Tres normas básicas en cualquier sociedad civilizada.