Elena Martín

Martes, 3 de febrero 2026, 14:08

Lo que debía ser una tarde de celebración en Fontajau ha terminado convirtiéndose en una de las ruedas de prensa más comentadas de la temporada. El Spar Girona, líder sólido y recientemente clasificado para la Final Six de la Euroliga, había arrollado este lunes, 2 de febrero, al Estepona (88-62), pero, sin embargo, el foco no se puso en el resultado en la rueda de prensa posterior al choque, sino en el contundente alegato de su entrenador, Roberto Íñiguez, ex técnico del Perfumerías Avenida, tras los pitos recibidos desde la grada en los minutos finales.

Y es que el motivo del enfado del público fue que Íñiguez siguiera «apretando» a sus jugadoras pese a la amplia ventaja que habían conseguido, siendo esta una actitud habitual en el baloncesto de élite, pero que, según el entrenador, sigue midiéndose con una vara distinta cuando se trata del baloncesto femenino. «En el baloncesto masculino, cuando Obradović pide un tiempo muerto y pega una bronca tremenda, es un genio. Cuando Jasikevičius agarra a un jugador por el cuello y le echa la bronca, tiene carácter y personalidad. Aquí, si levantas la voz, la grada grita ‘Uh’», denunció Íñiguez, visiblemente molesto.

Ante esto, el técnico fue más allá y puso el foco en lo que calificó como una igualdad selectiva. «¿No queremos igualdad en todo o solo en lo bueno? Somos profesionales. Son jugadoras de calidad profesional», insistió, antes de lanzar una frase tan cruda como reveladora: «I don’t give a fuck sobre esto».

De esta forma, Íñiguez defendió su manera de entender el banquillo desde el respeto y la exigencia. «Yo, a ellas, las quiero como a mis hijas, pero no consiento que no jueguen los 40 minutos. Por respeto al público y, sobre todo, por respeto a ellas mismas», explicó. Y es que, para el entrenador, relajar la exigencia por el hecho de ser mujeres no es protección, sino condescendencia.

Ahora, sus palabras, lejos de apagarse tras la rueda de prensa, han generado un amplio debate en el baloncesto nacional. De hecho, muchos ven en su discurso una llamada de atención necesaria sobre los prejuicios que aún rodean al deporte femenino, incluso cuando se habla de profesionalismo y competitividad. «Si grita un entrenador masculino, es liderazgo. Si lo hace uno en femenino, es exceso», vino a resumir Íñiguez en un mensaje que ya circula por redes y tertulias deportivas.

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