Las imágenes de Freddie Mercury y Montserrat Caballé inspiradas en su famoso concierto en Ku Ibiza en 1987 vuelven a Barcelona, aunque de manera fugaz. Doce días después de que el escultor ucraniano Mykhailo Kolodko instalara, sin permiso municipal, dos pequeñas estatuas de bronce de los artistas en una escalinata cercana a la Font Màgica, el Ayuntamiento de la Ciudad Condal ha ordenado su retirada. Las obras se encuentran bajo custodia en el archivo del Distrito de Sants-Montjuïc, a la espera de que el equipo de gobierno municipal decida su final.
El breve regreso de Caballé y Mercury a Montjuïc ha reavivado también la memoria de una de las colaboraciones más insólitas y trascendentes de la historia de la música. Una unión que, según ha recordado recientemente el promotor musical Pino Sagliocco en una conferencia en la Escuela de Hostelería de Ibiza, «nació casi como una intuición improbable». A finales de los años ochenta, en Ibiza, Sagliocco imaginó unir la voz del líder de Queen con la de la gran diva de la ópera. «Qué transgresión mezclar ópera con rock», reaccionó entonces Caballé al conocer la propuesta.
La idea cristalizó en un momento vital muy distinto para ambos artistas. Caballé era ya una figura consagrada de la lírica internacional, mientras que Mercury reducía sus apariciones públicas y afrontaba en silencio su enfermedad. El punto de inflexión llegó en 1986, tras una entrevista en Informe Semanal en la que el cantante confesó que su intérprete favorita era Montserrat Caballé. Poco después, el anuncio de Barcelona como sede olímpica terminó de dar forma a un proyecto que culminaría en Barcelona y en el recordado concierto ‘Ibiza 92’, celebrado en la desaparecida discoteca Ku.
Aquel encuentro, cuatro años antes de la muerte de Mercury, quedó grabado como uno de los momentos más emblemáticos de la música contemporánea. Hoy, décadas después, el pequeño homenaje de Kolodko en Montjuïc —ya retirado— ha demostrado que la fuerza simbólica de aquella unión sigue viva. Aunque efímera, la reaparición de Caballé y Mercury en la montaña olímpica volvió a recordar cómo una idea nacida casi como una locura terminó convirtiéndose en historia.
Dos estatuas de los artistas
Ahora, durante casi dos semanas, las figuras han devuelto simbólicamente el espíritu de ‘Barcelona’, la mítica canción que Mercury y Caballé interpretaron en la antigua discoteca Ku, hoy UNVRS, y que se convirtió en uno de los himnos más reconocibles de la ciudad. En ese breve lapso, las estatuas se han transformado en un inesperado foco de atracción turística: vecinos, visitantes y deportistas que frecuentan la zona se han detenido a fotografiarlas, muchos sorprendidos por su aparición.
Kolodko, residente en Hungría desde hace décadas, es conocido por instalar pequeñas esculturas en espacios públicos de Budapest sin señalización previa, invitando a la ciudadanía a descubrirlas casi por azar. Su obra suele funcionar como homenaje cultural, aunque en ocasiones incorpora una carga de sátira política y social. En declaraciones a El Periódico, el artista explicó que eligió a Mercury y Caballé por el valor simbólico de su unión: «Combinaban dos estilos muy diferentes, unidos por el amor a la música. Para mí, este dúo es una metáfora de cómo el amor a la vida puede unir a muchas personas bajo el cielo de Barcelona».
Sin embargo, el Consistorio barcelonés ha recordado que la instalación se realizó «sin ninguna comunicación ni autorización municipal». Las estatuas, fijadas a la piedra con cemento, fueron retiradas por operarios de Parcs i Jardins por orden del distrito. En contraste, Kolodko señalaba que en Budapest la Administración suele optar por conservar sus intervenciones para enriquecer el espacio público.
Suscríbete para seguir leyendo