En su ciclo sobre los documentos del Vaticano II, León XIV continuó profundizando en Dei Verbum, invitando a redescubrir la Sagrada Escritura como alimento esencial para la fe y la misión. En esta catequesis, el Papa puso el acento en cómo leer y proclamar la Palabra para que sea verdaderamente fecunda en la vida de la Iglesia y del mundo.
1. La Escritura como lugar de encuentro vivo con Dios
El Papa sitúa la Dei Verbum como llamada a volver a la Palabra no como “texto del pasado”, sino como espacio donde Dios sigue saliendo al encuentro: “La Constitución conciliar Dei Verbum, sobre la cual estamos reflexionando en estas semanas, indica en la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, para que, escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo”.
2. Dios se “abaja” y habla en palabras humanas
León XIV subraya que la Biblia no está escrita en un “lenguaje celestial”: “Dos personas que hablan lenguas diferentes no se entienden entre ellas, no pueden entrar en diálogo, no logran establecer una relación”. Y subrayó que hacerse comprender por el otro es “un primer acto de amor”.

3. Inspiración divina sin anular al autor humano
En continuidad con el Concilio, recuerda que los hagiógrafos no son meros instrumentos pasivos: “Rebajar la operación humana a la de puro amanuense no es glorificar la operación divina”. Y recuerda: “¡Dios no mortifica nunca al ser humano ni sus potencialidades!”.
4. Interpretar con método para evitar fundamentalismos
La interpretación -insiste- debe atender al contexto histórico y a los géneros literarios, porque renunciar a ese estudio puede desviar el sentido: “La renuncia al estudio de las palabras humanas de las que Dios se ha servido, corre el riesgo de dar lugar a lecturas fundamentalistas o espiritualistas de la Escritura, que traicionan su significado”.

5. Una Palabra para hoy, en la liturgia y para la vida
La Palabra de Dios, “si pierde contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los hombres, si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico, resulta ineficaz”. Por eso, “en cada época la Iglesia está llamada a proponer de nuevo la Palabra de Dios con un lenguaje capaz de encarnarse en la historia y de alcanzar los corazones”.
6. No reducir el Evangelio a filantropía o a “solo” lo social
El Papa advirtió que el Evangelio “no puede reducirse a un mensaje meramente filantrópico o social, sino que es anuncio alegre de la vida plena y eterna” donada por Dios en Jesucristo.
León XIV animó finalmente a dar gracias a Dios por este “alimento” esencial y a pedir que nuestras palabras -y más aún nuestra vida- no oscurezcan el amor de Dios que la Escritura narra.