Robbie Williams nunca estuvo en Oasis, no tocó en Camden con pinta de poeta de barrio ni escribió himnos sobre la clase obrera con una … guitarra de segunda mano. Robbie Williams fue el chico guapo de la boy band, el gracioso, el que parecía estar de más y al mismo tiempo se comía el plano. Y, sin embargo, ahora ha decidido llamar ‘Britpop’ al nuevo disco que acaba de publicar –que presentará en la próxima edición del Bilbao BBK Live–, como quien llega tarde a una fiesta y aun así consigue que todo el mundo le mire.

Apropiarse de un relato que no fue del todo suyo, retorcerlo, hacerlo pasar por el filtro del ego y la inseguridad, y convertirlo en un disco nostálgico que no intenta engañar a nadie: un hombre de 51 años mirando los noventa como el lugar donde empezó a romperse. Quizá por eso el disco funciona.

Los 90, adicciones y egos

‘Rob’ siempre fue un artista construido a base de contradicciones. Quería pertenecer, pero detestaba las reglas. Quería ser amado, pero necesitaba destacar. En Take That era el centro del escenario y, al mismo tiempo, el que menos control tenía sobre su propia vida. El reciente documental de Netflix lo deja claro: Gary Barlow componía, dirigía y decidía; Howard Donald y Jason Orange sostenían la estructura; Mark Owen aportaba sensibilidad; y Robbie orbitaba alrededor de todos ellos, carismático, excesivo, cada vez más fuera de sí.

El éxito llegó pronto y llegó mal. «Estaba súper deprimido, ahogaba mis penas en alcohol cuando llegaba al hotel. Me ponía hasta el culo para olvidarme de todo. Tenía 19 o 20 años y, si seguía así, acabaría siendo un alcohólico crónico. En esa epoca, era cuando más consumía. Tenía el cuerpo lleno de mierda, no entendia ni lo que me decían», reconoce Williams en grabaciones recuperadas para el documental, titulado como el grupo. En los conciertos parecía ido y la falta de interés ya era imposible de disimular.

Su salida de Take That fue un gesto desesperado. Al día siguiente ya era portada. La banda siguió mientras él empezó una carrera solista llena de dudas, fracasos iniciales y una rivalidad pública con Gary Barlow alimentada por la prensa y por el orgullo herido de ambos. Hasta que ‘Angels’ lo cambió todo. Y Robbie, el que parecía el más débil, se convirtió en el más grande.

Pero ganar no significa estar bien. Se fue a Estados Unidos, se hizo gigantesco, acumuló premios, récords y adicciones, y estuvo varias veces al borde de la muerte. Durante todo ese tiempo fue construyendo un personaje público que mezclaba chistes, confesiones, autodesprecio y una necesidad constante de ser validado. El hombre detrás de himnos mundiales como ‘Angels’ o ‘Rock DJ’ siempre ha hecho lo que ha querido, incluso cuando hacerlo le pasaba factura.

De hecho, la película ‘Better Man’, el biopic de Williams representado por un mono, lo retrata como alguien capaz de destruirse a sí mismo y a los demás por un poco más de reconocimiento. Un tipo brillante y, a ratos, despreciable. Un adicto. Un niño que nunca tuvo adolescencia.

Un homenaje a la escena británica de los 90

Ese mismo Robbie es el que firma ‘Britpop’, un disco que tuvo que retrasar porque coincidía con ‘The life of a show girl’: «Competir con Taylor Swift no es plato de buen gusto para nadie», admitía el británico. La portada del disco ya marca el tono. Un retrato pictórico del propio Williams vandalizado con pintura rosa por unos supuestos activistas del colectivo ficticio ‘Just Stop Pop’. Robbie se burla de su fama, del culto al artista y de la solemnidad con la que se sigue observando su figura. Se grafitea a sí mismo antes de que lo hagan otros.

Portada del álbum 'Britpop' de Robbie Williams

Portada del álbum ‘Britpop’ de Robbie Williams

Hay guitarreo, sintetizadores, melodías pegadizas, referencias claras a Oasis, Blur o incluso Coldplay. Pero sobre todo hay un intento permanente de reconciliarse con un pasado que todavía se le atraganta. A él y a sus excompañeros que volverán con su icónica gira ‘The Circus Live’ este verano. Sin él, claro.

El tema ‘Rocket’, con Tony Iommi, abre ‘Britpop’ con descaro y músculo. ‘Spies’ juega peligrosamente cerca de Yellow, del álbum ‘Parachutes’ de Coldplay, y lo hace de forma consciente. ‘All My Life’ suena tan Oasis que casi puedes imaginar a Noel Gallagher levantando una ceja. Uno de los momentos más inesperados llega con ‘Morrissey’, en la que Robbie se alía con su viejo amigo y antiguo rival Gary Barlow para escribir una canción desde la perspectiva de alguien completamente obsesionado y enamorado del exvocalista de The Smiths, hasta el punto de acosarlo. La premisa es tan exagerada que roza la parodia, pero el resultado es uno de los grandes aciertos del disco. Aún así, no todo funciona. ‘Desire’, el himno oficial de la FIFA junto a Laura Pausini, es empalagoso y confirma que Robbie, cuando apunta al centro exacto del mainstream, a veces pierde el pulso. ‘Fucking Amazing’ es quizá la clave emocional del disco. Un himno de autoafirmación que conecta con otros momentos de su carrera, al estilo de ‘Feel’.

Por eso tiene sentido que sea cabeza de cartel de próximo Bilbao BBK Live. En su gira ‘Long 90’s Tour’ interpretará ‘Life Thru A Lens ‘y ‘Britpop’ completos, conectando el principio con el presente. Williams ha vendido más de 90 millones de discos, tiene más números uno en Reino Unido que los Beatles (16 frente a 15) y sigue subiendo a escenarios gigantes porque lo necesita. La diferencia es que ahora lo sabe. Y quizá por primera vez, eso le sienta bien.

Los álbumes número 1:

  1. (1997)

    ‘Life Thru a Lens’

  1. (1998)

    ‘I’ve Been Expecting You’

  1. (2000)

    ‘Sing When You’re Winning’

  1. (2001)

    ‘Swing When You’re Winning’

  1. (2010)

    ‘In and Out of Consciousness: The Best of 1990–2010’

  1. (2013)

    ‘Swings Both Ways’

  1. (2016)

    ‘The Heavy Entertainment Show’

  1. (2019)

    ‘The Christmas Present’

  1. (2025)

    ‘Better Man (Banda Sonora Original)’