‘Tres adioses’, en salas el 6 de febrero, es la cuarta película de Isabel Coixet en la que un personaje femenino recibe un diagnóstico … médico fatal. Ajena a modas y corrientes, la directora de ‘Mi vida sin mí’ hace el cine que le da la gana. Por eso, a pesar de haber tocado el tema, Coixet encontró en dos relatos semiautobiográficos y póstumos de la escritora y activista sarda Michela Murgia el material literario con el que construir una cinta luminosa, que se muestra a la vez seria y juguetona. Una reivindicación de la alegría de vivir y de la necesidad de abrirnos a los demás.
Quizá suene naif en estos tiempos cínicos, pero ‘Tres adioses’ (‘Tres cuencos’ en su título original en italiano) reivindica esos pequeños placeres que redescubrimos cuando la vida nos da un vuelco. Ese helado que saboreamos lujuriosamente, el pequeño restaurante en el que cenamos con un amor, las horas muertas en nuestra librería favorita. Sí, hay ‘momentos Coixet’ y suena Nina Simone, pero ‘Tres adioses’ es la mejor película de la realizadora catalana en mucho tiempo. Sencilla y reconfortante, como un plato de pasta con aceite, guindilla y limón.
Tráiler de ‘Tres adioses’.
También es un canto de amor a la Roma de Coixet, a los cielos cubiertos por las danzas de millones de estorninos, a las callejuelas del Trastevere con hornacinas habitadas por vírgenes que vigilan desde las alturas, a esos rincones donde encuentras una placa en memoria de Pasolini o el cine Nuovo Sacher que regenta Nanni Moretti. En esa Roma se mueve la protagonista, profesora de educación física en un instituto, cuya relación de pareja con un chef está en las últimas. Con su melena rubia despeinada y sus ropas bohemias, Alba Rohrwacher tiñe de melancolía a una mujer que rehúye los conflictos y no sabe cocinar. Ella solo sabe que antes su chico (Elio Germano) cocinaba para ella y ahora lo hace para los demás.
Marta es una buena tía que se preocupa por sus alumnos (Coixet introduce un poquito con calzador el tema de las autolesiones en adolescentes), que soporta a una hermana desastre y que hace como que no se da cuenta de que otro profesor bebe los vientos por ella (Francesco Carril hablando en italiano, su lengua materna). El duelo por la ruptura sentimental será corto: el diagnóstico de un cáncer incurable en su última fase trastocará todo.
Reseñas de restaurantes
El espectador al que le den pereza las películas sobre enfermedades puede estar tranquilo. En ‘Tres adioses’ no hay hospitales ni sufrimiento físico. El pudor y la elipsis con los que Coixet acomete el momento del desenlace es ejemplar. Conmueve el despertar de la protagonista, el descubrimiento de que la vida es algo más que una relación de pareja. «Es terrible, pero bonito», confiesa a su ex.

Elio Germano y Alba Rohrwacher en la orilla del Tíber.

Esa gravedad se suaviza con apuntes humorísticos que tienen que ver con las particulares obsesiones de Coixet, como las puyas contra el turismo y las reseñas de restaurantes en internet. Que Marta se sincere ante una silueta de cartón de un cantante de pop coreano que esconde en su armario deviene la mayor extravagancia de este drama delicado, sereno y maduro que transmite esperanza.